Corinna, la 'amiga' que el rey llevó a Botsuana
Madrid. La revista Vanity Fair dedica la portada de su número de junio a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la princesa alemana que acompañaba al rey Juan Carlos durante la cacería en Botsuana en la que el rey se fracturó la cadera derecha el pasado 14 de abril. Vanity Fair revela en exclusiva detalles inéditos de la relación con don Juan Carlos y del perfil de esta princesa cuyo nombre ha saltado a la prensa internacional.
En el reportaje, el empresario estadounidense Philip Adkins, primer exmarido de Corinna zu Sayn-Wittgentein, revela que él y el hijo menor de Corinna, hijo de su segundo matrimonio con el príncipe alemán Casimir zu Sayn-Wittgenstein, también participaron en el viaje a Botsuana. "Aquel era un viaje de familia y amigos. Mohamed Eyad Kayali, un hombre muy generoso, nos invitó a todos, incluido el Rey".
"Era, sobre todo, el viaje de dos personas mayores que querían estar en la selva juntos, probablemente por última vez en su vida, hablando frente al fuego, compartiendo experiencias entre los hipopótamos y los leones. Yo estaba allí porque conozco muy bien África y porque Corinna había querido llevar a su hijo pequeño de diez años y que yo le introdujera en la experiencia africana", desvela Adkins. El empresario confiesa que su exmujer está muy "asustada" desde el accidente del rey. "¿Quién no lo estaría si de repente apareciesen periodistas de todo el mundo atacándote y acusándote de ser la amante del Rey?", se pregunta.
La revista desvela la vida de la princesa, desde su primera etapa en París, donde conoció a Adkins, hasta su estancia en Londres como responsable de la agencia Boss Sporting, donde organizaba safaris de lujo para clientes de alto standing, entre los que se incluía don Juan Carlos. "Se ocupaba de todo, de la A a la Z. El Rey no explicaba quién era. Simplemente ella estaba a su lado todo el tiempo. Podría ser la asistente, la organizadora, la mánager estratégica…", revela a Vanity Fair uno de los cazadores que participó en aquellos viajes.
Según este cazador, Corinna zu Sayn Wittgenstein empezó cobrando por la organización del evento y terminó haciendo negocio como intermediaria entre "algunos de los hombres más poderosos de Estados Unidos, Oriente Medio y Europa. Invitados que desarrollaban allí futuras transacciones y cuyos tratos acabó por cerrar ella en los países de origen a cambio de suculentas comisiones".
Vanity Fair recoge además los testimonios de familiares de su segundo marido y de amigos de este, que critican a Corinna por haberse casado con él "para obtener un título y un pequeño principito". Una imagen que sus abogados en Londres desmienten en la revista. "Cualquier sugerencia o comentario de que ella se casó con Casimir zu Sayn-Wittgenstein por su posición no tiene sentido. Nuestra cliente ya conocía a todo el mundo en todas partes", la defienden desde la firma de abogados Schillings. La publicación también analiza la presencia de la princesa en los viajes oficiales del rey.
La diseñadora neoyorquina Bonnie Young, amiga de Corinna, reconoce también en la revista que la princesa "lleva viajando con el rey desde hace ya bastantes años".
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