"En el Circo del Sol no había tiempo para nada, pero yo necesitaba componer y grabar para sobrevivir"
Tras recorrer medio mundo con el Circo del Sol, Iñaki Diéguez creó 'Birak', un disco que, de alguna forma, recoge parte de aquella experiencia vital y artística. Una colección de canciones que mañana presentará en la localidad navarra de Donamaría a las 19.30 horas
pamplona. Su último álbum se gestó en ciudades lejanas que distan miles de kilómetros entre sí y ahora, bajo el nombre de 'Birak', recala en la singular Torre de Donamaria, una contraposición cuando menos interesante y curiosa.
El disco lo grabé a lo largo de tres años, principalmente entre, Canadá Estados Unidos y Corea, con cerca de 25 músicos de diferentes ciudades del mundo... Y ahora, por qué no, lo presentamos en Donamaría, en la Torre, que es una chulada. Además, yo trabajo en la escuela de Santesteban desde hace 20 años, así que es casi como tocar en casa. Hace poco también visitamos Portugal y el Festival de Jazz de Donosti, y en septiembre iremos a Estados Unidos.
Comparten espacio en el disco músicos y músicas de esta tierra con artistas brasileños. ¿Cómo se llevan, por ejemplo, el fandango y la bossa nova?
La idea era hacer una fusión entre la música estadounidense y brasileña, que es lo que trabajaba con los músicos del Circo del Sol, y la música vasca. Lo que hacía era componer piezas con el estilo de aquí, como el fandango, y se las daba a los brasileños, pero sin referencias de cómo se tocaba, así que ellos la interpretaban a su manera. También compuse cosas digamos al estilo brasileño y lo grabamos con músicos de aquí.
La piedra angular a la hora de organizar ese trabajo ha sido Mikel F. Krutzaga, todo un lujo de productor que no solo habrá utilizado para ordenar...
Además de ordenar (risas) ha sido fundamental a la hora de apoyar, ya que esto fue un poco marrón. Yo iba grabando en tarjetas, con mi ordenador, en hoteles, en la carpa del circo, en baños (risas), buscando el mejor sonido. Tenía confianza absoluta en Mikel, ya habíamos trabajado juntos en otras ocasiones, y él es el que le ha dado coherencia a todo.
Con ese ritmo tan alto de trabajo que exige el Circo del Sol, ¿quedaban tiempo y ganas para componer y tocar?
Librábamos un día a la semana, después de haber realizado diez shows... La verdad es que no había tiempo para nada, pero, cómo decir... componer y grabar era vivir; si no hacía eso el resto se me hacía muy difícil, lo necesitaba para sobrevivir. La creación es mi trabajo, necesitaba hacer otro tipo de música diferente a la de los espectáculos.
El compacto, ¿es un reflejo musical de las ciudades, de las gentes, del circo, del espíritu que se respiraba...?
No hay mucho circo... sobre todo hay ciudades y lugares. Desde el caos de Nueva York o Toronto, hasta los paisajes americanos que nos enseñan en las películas de vaqueros, una de las pocas cosas que se libra de allí, desde mi punto de mi vista. También hay vivencias con los otros músicos... Iba componiendo según me surgía la idea de un lugar.
¿Cómo traslada ahora todo ese jumelage que es 'Birak' al directo?
El disco lo grabamos entre 25 músicos, todos con un nivelón terrible, y ahora los hacemos solo entre cuatro o cinco músicos; en Donamaría seremos cuatro. Armarlo de esta forma es cuestión de ensayarlo mucho y de darle el toque de lo que era el disco; un trabajo que, aunque está muy producido, por la manera en que fue realizado, también es muy directo, ya que cogimos prácticamente las primeras tomas, casi se puede decir que es un directo. Y, además, lo que se grabó aquí fue tocando todos a la vez. Por otra parte, el concierto dura hora y media y no solo tocamos temas de Birak, también rescatamos composiciones de mis discos anteriores.
Ahora que ya cuenta con cierta perspectiva, ¿cuáles son las principales lecciones que ha incorporado de su experiencia en el Circo del Sol?
Lo que más se aprende en una producción de ese tipo es cómo se trabaja a nivel grande, donde hay cosas que no fallan nunca. Cuando regresé, lo primero que me chocó fue ir a un escenario y que fallara un cable... Pequeñas cosas que son las que dan la diferencia. Allí todo funcionaba como un tanque ya, que por ejemplo, el sonido lo hacía el mismo de U2... Pero, al final, te acostumbras a todo (risas); cuando haces 40 bolos en los que todo sale bien, digamos que pierde su gracia y se echaba en falta la improvisación de los directos de casa (risas), para la bueno y para lo malo. Lo ideal sería que pudiéramos hacer aquí algo así, porque hay talento.
¿Talento no falta pero sí profesionalidad?
No se trabaja como se debiera pero porque no hay condiciones. Los músicos deberíamos pedir una serie de condiciones mínimas, y si no se cumplen, no hay concierto. En Estados Unidos esto lo tienen claro y, además, funcionan sin subvenciones, así que todo funciona con la pasta del promotor. Pero aquí la gente no está acostumbrada a pagar.
¿Cómo se vive la música y el arte bajo esa 'carpa'?
Son 24 horas al día, todas las horas, y a un nivel altísimo.
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