Pequeña, enérgica, extravagante, apasionada, inconformista, reivindicativa, combativa, visionaria, dedicada, generosa, sensible, directa, perfeccionista, obsesiva, intransigente, genial. Así se describe a la coreógrafa Karmen Larumbe (1936-1995) en la muestra De Karmen a Larumbe, una exposición que desde el jueves pasado acoge el centro cultural Margarita Nelken de Coslada (Madrid) como homenaje a esta coreógrafa navarra, de la que se cumplen 20 años de su fallecimiento, y que fundó la compañía Larumbe Danza, que celebra sus 50 años de vida.

Pionera en su tiempo, Karmen nació en Navarra, emigró a Argentina, vivió en Bélgica, pasó sus últimos años en Madrid y murió en Bruselas. Su peculiar estilo de danza contemporánea es reflejo de esta vida y la formación ecléctica que recibió: una mezcla entre la vanguardia europea y las raíces folclóricas. Su hijo Juan de Torres y su nuera Daniela Merlo son quienes actualmente llevan las riendas de la compañía y quienes mantienen vivo el espíritu y la filosofía de Karmen que, tal y como explica su hijo, se resume en “ser nosotros mismos”.

La muestra, que recoge obras en vidrio, fotografías, trajes, partes de escenografías e incluso carteles desde hace 40 años hasta de este mismo 2015, es la manera con la que de Torres y Merlo querían “mostrar sus orígenes” porque “todo empieza con Karmen”, y recordar la historia de la compañía: los primeros 30 años con Karmen y los últimos 20 a su cargo. “Larumbe Danza marca 50 años de una compañía de danza contemporánea. Creo que ni la compañía nacional de danza tiene 50 años. Y parte de la originalidad y peculiaridad pasa por esto”, señala de Torres.

Medio siglo de vida da para mucho, y la evolución de la compañía, pese a mantener la esencia de Karmen, es notable. Tras un tiempo “de transición”, hace 12 años la forma de trabajar cambió. A través de un programa puesto en marcha por la consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid que pretendía promover la danza fuera de la capital, la compañía pasó a denominarse “residente en Coslada” y a trabajar en el fomento de la cultura a distintos niveles. “Como compañía residente trabajamos con jóvenes, mayores, mujeres y niños todos los aspectos que nos parecen interesantes de cara a la sociedad, no nos limitamos a la exhibición de obras o piezas”, expresa de Torres.

De Cascante a Bruselas

El origen

“A principios del siglo XX, la creación de danza, prácticamente como cualquier sector profesional, estaba reservada al hombre. Hubo mujeres rompedoras como Isadora Duncan o Martha Graham pero era un mundo difícil. Sin embargo mi madre siempre siempre deseó bailar, desde muy pequeñita”, recuerda su hijo.

Y vaya si lo consiguió. “Su padre le decía que estaba mal visto que una señorita bailase y que, como mucho, le dejaba tocar el piano”, relata de Torres. Lo hizo. Estudió música y se diplomó como profesora en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires pero “desde ese día, nunca volvió a tocar el piano”. “Yo no la he oido tocar el piano nunca. Ahí demuestra el carácter”, subraya.

La vida de Juan de Torres siempre ha estado muy ligada a los viajes y experiencias de su madre y, según expone, ella siempre tuvo en su corazón y en su danza sus raíces, su origen: Navarra: “Aunque era de Cascante, nació en Pamplona porque era el único hospital que había. Después emigró a Argentina y hasta su vuelta a Europa, a Bruselas, en 1970, yo no era consciente de la importancia de Navarra para ella. Su tierra era una indudable fuente de energía y siempre que estaba en Navarra, ya fuera por trabajo o por vacaciones, cambiaba completamente”.

La influencia de la Comunidad Foral en Karmen también puede apreciarse en su estilo de danza, ya que su base, su preparación cuando estudió, fue el folclore. “No solo por danza española o argentina sino también raíces vascas ya que mi abuelo hablaba euskera”, comenta de Torres. “Hay una inspiración muy clara de la tierra en todas sus obras”, concluye.