“Que tanta gente empatice con tu música es lo mejor que le puede pasar a un artista” Izal
Zentral acogerá esta noche y mañana sendos conciertos del grupo comandado por el navarro Mikel Izal. Todavía quedan entradas para hoy (22.30 horas, 25 euros)
pamplona - El pasado 31 de enero despedían sus Agujeros de gusano, con sold out en la misma sala Zentral en la que hoy, y mañana, presentarán su nuevo álbum, Copacabana, al borde de rozar no solo uno sino dos sold out.
Mikel Izal, que ha pasado en apenas cinco años de tocar en el Caballo Blanco a conquistar los principales escenarios y festivales estatales, continúa con los pies en la tierra y así, bien amarrado, explica el momento dulce que vive el grupo y las claves de su tercer trabajo discográfico.
Sumergidos en semejante vorágine como la que estáis viviendo en los últimos años, ¿habéis encontrado hueco para “pensar despacio” en Copacabana?
-Sí, hemos tenido más tiempo del que parece para trabajar este disco, y eso creo que se debe a la mecánica de trabajo a la hora de la composición y el arreglo de las canciones. Han pasado dos años desde Agujeros de gusano, lo que sucede es que han sido tan intensos que parece mucho más. Y también parece que no hemos tenido tiempo de parar, pero es que yo nunca dejo de componer, y siempre tengo tiempo para sentarme y coger una guitarra, ya sea en casa, cuando no estamos de gira, o en el hotel o donde sea. Bajo esta premisa, yo seguí componiendo tras la salida de Agujeros de gusano y así, en diciembre ya teníamos 17 temas que nos convencían plenamente. De esta forma, compaginamos el final de la gira de Agujeros con la preparación de los temas nuevos en el local. Eso nos ha permitido el lujo de tener todo un verano para dedicarlo a la grabación. Somos muy organizaditos en este sentido, se trata de pensar despacio sin dejar de trabajar. En esta profesión no puedes dormirte, si lo haces estás perdido, pero es que no nos apetece dormirnos. Siempre estás pensando en música, somos cinco personas muy inquietas que continuamente estamos pensando en lo próximo que vamos a hacer.
¿Por qué ahora era el momento de buscar una producción ajena para vuestras canciones e incluso una forma diferente de grabar, compartiendo un piso los cinco al lado del estudio?
-Siempre buscas la forma de cambiar la grabación de un disco, de probar nuevas cosas. Los artistas somos muy inquietos y así debe ser. Por ejemplo, lo que comentas de encerrarnos para acometer una grabación y estar un mes y pico centrados únicamente en ello ha sido algo nuevo para nosotros. Teníamos muchas ganas de vivir esa experiencia hermética, de pensar solo en el disco a todas horas, sin volver a tu casa o a quedar con tus amigos. Pero eso cuesta dinero y en esta ocasión disponíamos de unos recursos que no teníamos para los anteriores. Por otra parte, los productores que elegimos, Santos & Fluren, tenían unas referencias que a nosotros nos gustaban mucho, como los discos de Sidonie o Love of Lesbian. Son álbumes que cuentan con una identidad de sonido propias. Cuando los escuchas, te pueden gustar más o menos los grupos, pero a nivel puramente sonoro emocionan porque tienen una organicidad y una profundidad que siempre nos han gustado mucho. Además, se nota que no tienen miedo a experimentar y a jugar, y nosotros tampoco. Y pensábamos que íbamos a ser personas que se podían entender musicalmente, como así fue. Desde el primer momento se notó que había muchas ganas de grabar este disco y de contar con cinco semanas de grabación que incluso nos dieron la posibilidad de poder experimentar en el estudio. Fuimos con el disco muy atado y preparado, pero también dispuestos a modificar todo lo que hiciera falta. Creo que es el disco soñado por nosotros, estamos diciendo que es el trabajo del que más satisfechos estamos porque así lo que creemos, tanto en la composición como en la identidad del sonido; es más orgánico, suena más grande pero a la vez juega más con la distorsión y no es tan cristalino como el anterior, y creo que nos emociona más.
¿Han quedado atrás los viejos miedos, pero aparecen nuevos, diferentes, y cada vez más cargados de responsabilidad?
-Tu vida se va modificando y hay que saber adaptarse. Intentamos centrarnos en lo positivo que tiene la repercusión que afortunadamente tiene nuestro trabajo; está claro que esa repercusión acarrea una serie de responsabilidades mayores, de conciertos más grandes y de tener que estar a la altura en cada momento, pero para eso llevamos trabajando mucho tiempo; este no es un proyecto que nace en 2010 al juntarse cinco personas que hacen música por primera vez, llevamos todos muchos años en esto, haciendo cosas más pequeñitas pero que te van curtiendo. Ahora estamos viviendo un momento maravilloso, porque tener tanta gente que empatiza con tu trabajo y para la que tu música significa algo es lo más grande a lo que puede aspirar un artista.
¿Cuáles son los pilares a los que se agarra Izal para evitar creer que el mundo real solo es “el oro y el humo” que os está tocando vivir ahora?
-Muy fácil. Es importante que tu familia y tus amigos te vean como siempre has sido, y que no salten las alarmas de que has cambiado. Yo siempre tomo como referencia a la gente que me conoce de toda la vida, y en el momento en que ellos me dijeran que algo va raro, me preocuparía mucho, pero, de momento, creo que seguimos siendo los mismos idiotas de siempre, y eso es importante para ser felices. Al final esa es la verdad, la gente de toda tu vida y que tu éxito profesional sea para bien. Siempre digo que es mucho más fácil ser agradable cuando todo te va bien que cuando las cosas van mal. Estoy feliz y así lo ve la gente que me rodea.
¿Quiénes, o qué, son esos seres que se atreven a gritar “¡Idiota, no merecerá la pena!”?
-No solemos ser muy explícitos en las explicaciones de los temas porque una de las cosas que más nos gusta es que la gente las interprete a su forma; creo que debe ser así porque además provoca que las canciones se adapten mejor a las circunstancias personales de cada cual y, de hecho, creo que esa es una de las razones por las que la gente empatiza tanto con nuestra música. Pero sí puedo decir que los seres que me gritan a mí son mis interioridades, todas las cosas que pasan por mi cabeza, que me gritan de todo, cosas buenas y malas, no siempre me insultan (risas).
Hablando de las claves que hace que el público empatice con Izal, vuestras canciones, temáticamente, son un juego continuo de luces y sombras, algo que casi se ha mantenido desde el principio.
-Es nuestra forma de ver la música, y eso que escuchamos de todo, incluso grupos que siempre suenan igual. Pero nuestra forma de estructurar los temas, de componerlos yo en mi casa, siempre es un juego de luces y de sombras, de dinámicas, porque así es la vida para mí. Durante los dos, tres o cuatro días que puedo pegarme componiendo una canción, mi estado de ánimo también cambia, pasan cosas e intento plasmar ese aspecto cambiante de la vida pero de forma inconsciente. Nunca me siento a componer y pienso: “Tengo que hacer una canción muy Izal”, simplemente es mi forma de componer y escribir, que además me lleva a no cansarme de la música. Soy una persona que se aburre muy rápido de todo y la música es la primera pasión en mi vida que no me aburre, y por eso decidí jugármela del todo por ella. Y para que no me aburra, tengo que hacerlo a mi manera. Quiero pensar que nuestras canciones no son singles facilones sino, en contra de lo que podía pensarse a priori, precisan de ciertas escuchas y de asimilación, y el mejor ejemplo es el último disco, que por los comentarios que nos llegan crece conforme más veces lo escuchas, y eso es algo maravilloso porque, como oyente, los discos que más me han gustado han sido así.
Las referencias a lugares de lo más diverso y alejado son marca de la casa en Izal. ¿La música es un viaje, y las canciones viajes son?
-Tal cual. Cuando hacemos el orden de un disco y las transiciones, que hemos cuidado mucho en este último disco, intentamos que sea un viaje de 45 minutos que, cuando te lo pongas, te dé cierta rabia no poder acabarlo. Me gusta pensar que el álbum es como una película o un libro que coges con ganas y lo quieres acabar. Y que el viaje sea agradable depende también de esas transiciones y del orden. Intentamos que el viaje te lleve a diferentes estados de ánimo.
A este paso, y vista la progresión, primero un Caballo Blanco, luego el 360, un Zentral, ahora dos seguidos... el próximo concierto será en el Anaitasuna.
-Ojalá, yo soy navarro, es mi tierra, y nos gustaría dar el concierto más grande posible. Ya se tanteó en su día el Baluarte... Al final, simplemente vamos viendo cómo va la cosa. Que haya surgido una sala como Zentral es muy positivo, porque suena muy bien y tiene un aforo de mil personas que nos permite llevar todo el show que hemos montado. Si en el futuro podemos ir a algo más grande, estupendo, pero debemos tener los pies en el suelo, intentando ser muy objetivos con lo que puedes aspirar y los riesgos que puedes correr. Ojalá en el futuro vayamos tan fuertes que podamos tocar en el Anaitasuna, y así podré invitar a toda mi familia, que siempre tengo alguno que se queda fuera.