Danza

Un gran ‘Corsario’

09.02.2020 | 15:33

37 festival de danza almudena lobón

Programa: demostraciones de danza clásica y contemporánea y El Corsario, ballet en tres actos con coreografía de Almudena Lobón après Mazilier y Petipa, con música de Adam, Delibes, Pugni, R. Rrodrigo y Minkus. Elenco: Fermín López, Uxue Rodríguez y Fernándo Casanova al frente de un extenso reparto. Dirección: A. Lobón; ayte, Cristina del Pozo. Producción: Duilio Abbondi. Programación: Escuela Profesional de Danza A. Lobón. Lugar: Auditorio del Museo Universidad de Navarra. Fecha: 15 de junio de 2019. Público: lleno (26 euros).

No es novedoso en la Escuela Lobón, pasar un buen rato de excelente ballet clásico en sus comparecencias anuales ante el público, pero lo cierto es que, en esta ocasión, han saltado (nunca mejor dicho) agradables sorpresas de progreso y calidad en una obra, El Corsario -Lord Byron, al fondo, y Verdi en la ópera- de la que solo se suelen dar las variaciones. El éxito ha sido rotundo en todos los frentes: los solistas han superado todas las expectativas; el nivel de los grupos intermedios ha estado equilibrado; todos, en su edad y compromiso, muy homogéneos, sin altibajos; el espacio, limpio, muy bien ambientado por telones eficaces; el vestuario, clásico y vaporoso, como el tema oriental, pero, también con apuntes de cuero originales; la luz bien medida y radiante para que todo luzca, y, por supuesto, esa estética general del ballet clásico, con su orden, simetrías, fluidez, equilátera ocupación del espacio, subida a las puntas sin problemas, y movimiento ascendente siempre.

Uxue Rodríguez ofrece una Medora absolutamente creíble en elegancia, sensibilidad amorosa, belleza de planta: pasea la diagonal en puntas, sus giros rematan la música, y se vuelve ingrávida en brazos de su partenaire: vertiginosa altura con Fermín López y vigorosos arranques con Casanova. Es un ballet donde la primera bailarina debe luchar por su primacía, ante los saltos y variaciones de Conrad y el esclavo Alí, y la Medora de Uxue sale airosa, por su danza y también por su rol teatral.

Uno de los grandes aciertos de la función, ha sido, precisamente, la elección de los dos protagonistas masculinos, en sus respectivos roles. López y Casanova son muy distintos, pero ambos coinciden en bordar sus papeles. Es la bella contraposición que se da en todo el ballet: el bravo mundo de piratas, corsario, esclavo, y la ensoñación romántica de la corte oriental. Fermín López ha ganado mucho en soltura, seguridad y técnica, tanto que nos olvidamos de ésta última, y seguimos su periplo tras Medora admirando su elegancia, su plante, sus hermosas variaciones, su perfecta complementariedad con la bailarina; impecable en su papel noble, de romántico enamorado, pero también aguerrido. Fernando Casanova, al que ya hace tiempo que admiramos por su seguridad, fuerza expresiva y exhibición en saltos y giros, asume estupendamente ese plus de bravura que debe imprimir a su danza. Ambos, con la bailarina, se lucieron en lo que, realmente, es un Grand pas de deux à trois, en el segundo acto: emocionante, entretenido, cada uno con sus matices y personalidades dancísticas, con detalles magníficos, como la acogida al salto de la bailarina por su pareja; la compenetración en la elevaciones, o la medida del espacio, bien en puntas, o con los saltos (ellos). Como siempre, los demisolistas sostienen todo el ballet a gran altura: desde el implicado Oihan Armendáriz, hasta los excelentes pasos a tres y solos de las bailarinas.

Y muy bien solucionado el orden de las exhibiciones ante el Pasha: coreografías de fraseos suaves cuando predomina el tul; rotundas y muy marcadas en el caso de las piratas y jenízaras -esta sección, con Cristina del Pozo y Marta Aizpún a la cabeza, funcionaron muy bien, también, actoralmente-, y vistosas y simétricas para las danzas más populares. Y un apunte final: la danza contemporánea con coreografía de Calero y música de Mozart, que precedió al Corsario, fue un aperitivo de inusitada potencia: nada de mover los brazos al buen tuntún. Todo bien acabado, moderno, sin trampas, con saltos y suelo, pero todo en su sitio.