Música

Vídeos, música y astrofísica

10.02.2020 | 03:29

festival nak Sergio Eslava, saxo. David Johnstone, cello. Sabih Olazábal, acordeón. Irene Villar, flauta. Raquel Ortega, arpa. Alberto Etxeberría, y Christophe Havel, electrónica. Programa: Fast Radio Burns de David Cantalejo, música, y Acrónica, vídeo. White Dwarfs, de Ignacio Fdez. Galindo / Martín Etxauri. Mars de Yolanda Campos / M. Etxauri. Event Horizón de Alberto Etxeberría / Sandra Vallejo. Spin 5/2 de Christophe Havel / Sandra Vallejo. Lugar: Planetario de Pamplona. Fecha: 14 de septiembre de 2019. Público: casi lleno (10 euros).

La cúpula del Planetario otorga a las proyecciones una magnificencia y un poderío extraordinarios: envolventes, acaparadoras de toda atención. Es una de las causas por las que, al principio, en esta velada, tan estéticamente completa, que nos ocupa, lo visual va a poder a lo musical. La otra causa es que, a mi juicio, y reconociendo que no soy un experto en la materia, los vídeos fueron muy buenos. Me admira, sobremanera, la técnica lograda por los videoartistas. Pero pasados esos primeros fogonazos estelares, lo cierto es que las imágenes y la música están en la misma sintonía, en el mismo fraseo -no sé si esta es la palabra-, en la misma narración. Un espectáculo, tan interesante como entretenido, que no funcionaría por separado; música e imagen, se complementan; bien es cierto que, según las obras, y aún predominando el equilibrio, lo visual o lo musical, manda más. Todo lo que escuchamos -estrenos- es, en realidad, heredero de aquella Música de las Esferas, o del Atlas Eclipticalis de Cage, por ejemplo -lo explica muy bien Armentia, encargado del Planetario-; y todo lo que vemos tiene inspiración en los descubrimientos astrofísicos más recientes: borde de los agujeros negros, martemoto (terremoto en Marte), etc. En fin, todo un mundo por descubrir y describir, hoy, a través de la música y de las imágenes proyectadas (por cierto, de una calidad y nitidez, repito, excelentes, aún en ese tamaño gigantesco).

1.- Frb: se parte de las Ráfagas de ondas recibidas y que no se sabe qué las produce. Desde esa incógnita, el vídeo fantasea con la devolución de la señal: un retrato de la humanidad actual, a través de unas nerviosas -casi histéricas- hormigas; es un retrato un tanto pesimista e inquieto. La música refleja esas ráfagas de radio, y también es inquietante; pero la imagen -esas hormigas- parece dominarla.

2.- White Dwarfs: musicalmente, hay de todo: poli-ritmias, expresionismo, jazz, en fin, poli-estilismo, para explicar la solidificación de una estrella muerta que queda suspendida. Oímos una especie de Morse, un "ostinato" que, realmente se queda suspendido en el espacio, y el vídeo lo corrobora muy bien: destellos luminosos con el arpa, y, sobre todo, un magistral paso -sin solución de continuidad- del ambiente etéreo de nubes y estrellas, a la materia solidificada vista desde dentro.

3.- Marte: el planteamiento es de banda sonora -un acierto-, la narrativa es clarísima; con los mínimos elementos sonoros, el vídeo ofrece unas magníficas geometrías que sitúan al planeta desde donde se despega para llegar al encuentro de otros seres. El videoartista logra una coordinación -imagen sonido- perfecta, al manipular las imágenes en directo. Impresionante. Choques, estallidos de poliedros, reconciliaciones geométricas, y un recuerdo -magnífico el saxo en la nota grave- a los Encuentros en la Tercera Fase de Spielberg-Williams.

4.-Eh: los agujeros negros es esa cosa sobre la que se puede fantasear sin fin: aquí, música y vídeo inciden en el vértigo, en los vórtices que te engullen o te expulsan. Esa lucha por resistirse, sucumbir y luego salir, es el argumento. Bien. También lo que se oye es muy de banda sonora.

5.- Spin 5/2: filosóficamente más profunda: el tiempo siempre el mismo y a la vez diferente. Se trabaja con la idea del eco -los músicos esparcidos por la sala-, al que se quiere subvertir para que suene antes del grito. Es una obra compleja, la verdad, pero atractiva. El vídeo, a través de unas manchas blancas sobre lo negro, nos lo aclara un poco: siempre las mismas -se dilatan, encogen, se hacen amebas vivientes- y distintas. El ensemble de músicos, muy implicados en su cometido de inventores, también, de los sonidos. Una experiencia concertística única.