Héctor Castiñeira (Alias 'Enfermera Saturada'): "Tenemos batas, no quien se las ponga"

Héctor Castiñeira, alias 'Enfermera Saturada', narra en su libro 'Nosotras, Enfermeras' la crónica de un enorme esfuerzo profesional. "Es el testimonio de cómo las enfermeras vivimos los días en que un virus paralizó el mundo un poco más de tres meses y sumió al Estado en la peor pandemia del siglo XXI", reconoce.

10.12.2020 | 19:51
Héctor Castiñeira escribe bajo el seudónimo 'Enfermera Saturada'.

Aañade acerca de la publicación que son "historias de unos días que nos cambiaron para siempre y que no hay que olvidar". Se considera enfermera, "porque desde primero de carrera nos llaman en femenino, y además es de justicia porque el 90% de enfermeras son mujeres", dice sonriente. Y continúa: "El primer paciente que atendí con el Covid-19 fue el 5 de marzo de 2020. Esa será una de las fechas que recordaré toda la vida. Hasta ese día, hasta el mismo instante en que tienes frente a ti a una persona contagiada con el virus que está causando tantos estragos, mis compañeras y yo seguíamos pensando que no nos tocaría", reconoce Héctor Castiñeira, quien escribe bajo el seudónimo de Enfermera Saturada. "Intentábamos creer que el virus no llegaría hasta que se te presenta el paciente, en mi caso una mujer embarazada que estaba aterrorizada, con un informe del laboratorio con la palabra positivo escrito en mayúsculas". Tras publicar Las UVIS de la ira, El paciente siempre llama dos veces o, el más reciente, El guardián entre el ibuprofeno, Castiñeira triunfa hoy editorialmente con Nosotras, enfermeras y se muestra satisfecho "porque con este libro intento visibilizar nuestro trabajo, el trabajo de las enfermeras", añade. Con miles de seguidores en Twitter, Enfermera Saturada llega no solo a sanitarios que quieren saber el día a día de un hospital, sino también a gente que no tiene nada que ver con la sanidad. "Aprovecho para hacer un poco de divulgación científica sobre temas de salud", concluye.

¿Es este un libro que contiene lágrimas, temores y sacrificios?
Sí, y un poco una crónica de lo que ha sucedido en los primeros seis meses de este año. Cómo en enero veíamos al virus muy lejano, casi como espectadores de lo que sucedía en China y contemplábamos cómo las enfermeras se sacrificaban. No nos dábamos cuenta de que ese virus venía hacia nosotros. Creíamos que esto no iba a afectar a nuestro mundo desarrollado.

Pero llegó, vaya si llegó.
Y no solo eso, sino que arrasó y sigue arrasando. Al final, aquí terminamos haciendo lo mismo que hicieron las enfermeras en China en enero y febrero, algo que para nosotros resultaba impensable.

Al principio no había medios para proteger a los sanitarios y se sabía poco del virus. ¿Ahora las administraciones les cuidan? ¿Se ha aprendido de lo que pasó?
La verdad es que no mucho. Sí es cierto que las autoridades sanitarias han comprado EPIs porque en aquel momento no teníamos equipos de protección para hacer frente al virus. Se han adquirido también respiradores, pero se han olvidado de los recursos humanos. Tenemos batas, pero no enfermeras que se las pongan. Al final, esa parte ha fallado y seguimos tirando como podemos, pero con muy pocos recursos humanos.

Una escasez de enfermeras también porque muchas se fueron al extranjero.
Sí. Hace muchos años que médicos y enfermeras que se forman en España van a otros países, sobre todo a Reino Unido y Alemania, buscando una estabilidad laboral que no consiguen aquí. No es tanto por el dinero como por lograr la ansiada estabilidad laboral. Es imposible estar siempre pendiente de si te llamarán para trabajar seis meses, aguardando al teléfono para que te ofrezcan una sustitución, unas guardias... Al final, lógicamente, muchos médicos y enfermeras han optado por irse al extranjero.

Al principio de esta crisis trabajaban sin verse la cara, ¿reconocía a sus compañeras?
A día de hoy me puedo cruzar por los pasillos con algún compañero o compañera con los que he estado codo con codo trabajando en la primera ola y no nos enteraríamos. Debajo de las EPIs, o de las bolsas de basura que nos poníamos para protegernos, entre las gafas, mascarillas y demás, no nos veíamos ni las caras. La verdad es que éramos todos a uno contra el coronavirus, ese virus que nos ponía contra las cuerdas. La sensación de unión, de estar todos a una que vivimos en esos momentos, era algo por lo que nunca habíamos pasado. En ese sentido resultó emocionante.

Después de la dureza de la primera ola los hospitales están al borde del colapso. ¿Qué ha sucedido?
Que hemos aprendido poco y nos hemos relajado muy pronto, y no solo por parte de la ciudadanía, también de los políticos, que toman decisiones no guiadas por criterios científicos o médicos, sino por criterios políticos, y eso también nos ha repercutido. A pesar de todo creo que la mayoría de la población se comporta bien, aunque es cierto que a diario ves a gente irresponsable que cree que esto no va con ellos.

Sin embargo, los científicos avisaban que este repunte llegaría.
Sí. Todos tenemos nuestra parte de culpa, y los divulgadores científicos también. Muchas veces se dan mensajes cambiantes que la ciudadanía no acaba de comprender. Además, el virus es algo nuevo y lo que sabíamos en marzo no es lo mismo que lo que conocemos hoy. Es normal que si echamos la vista atrás, en marzo se dijese una cosa y en noviembre otra, porque ahora conocemos más y mejor al virus. Es normal que los mensajes cambien, al margen de que haya otro tipo de restricciones que se deban a decisiones políticas que no sé muy bien, muchas veces, a qué obedecen.

¿Pero esperaban que fuera tan pronto?
Todos teníamos más o menos claro que habría una segunda ola, pero pensábamos que llegaría más tarde. En algunas comunidades empezamos a verla a finales de agosto y principios de septiembre y la verdad es que no han parado de aumentar los casos. Preveíamos la segunda ola, pero para los meses de diciembre y enero, asociadas al pico de gripe, no tan pronto. Y además, no hemos tenido pocos casos de gripe.

¿Hay cabreo entre las enfermeras por este repunte pandémico?
Un poco sí, sobre todo cuando vemos actitudes irresponsables. Esto nos desmoraliza bastante, porque estamos aquí sacrificándonos, haciendo lo imposible, y cuando ves esas actitudes te desanimas. Nos fijamos más en los que se comportan mal y al final eso es desmoralizante.

En un país como este a los maestros y a las enfermeras se les sigue mirando como si fueran de segunda. ¿Se consideran poco reconocidos?
Es cierto, y en otros países no ocurre. En el Reino Unido las enfermeras están mucho más reconocidas y valoradas. Ese análisis es cierto. Las personas con las que dejas a tus hijos para que les impartan conocimientos desde muy pequeños y que les van a influir a lo largo de su vida son los maestros, una profesión también infravalorada socialmente. Es algo similar a lo que ocurre con la enfermería, que somos los que estamos a pie de cama en los peores momentos de la vida de muchas personas, y cuando la enfermedad les invade somos las encargadas de restituir esa salud, ayudándoles y cuidándoles, pero quizás no tiene el prestigio de otras profesiones. Sin embargo, a las enfermeras se nos valora más cuando la gente ha estado ingresada y ve la necesidad de nuestros cuidados.

¿De verdad algunos enfermeros se llaman a ustedes mismos enfermeras?
Sí, por una cuestión de mayoría, porque somos muy pocos. En España hay 300.000 enfermeros y enfermeras, pero alrededor del 90% son mujeres. Al final, todo el mundo te llama enfermera desde primero de carrera y se refieren a nosotros como enfermeras porque ellas son una aplastante mayoría. Y entre nosotros nos llamamos enfermeras porque somos una más, por una cuestión de mayorías y de justicia.

¿Para qué le gustaría que sirviera Nosotras, enfermeras?
Para que no nos olvidemos de lo sucedido, de lo que fuimos capaces como profesión y de lo que ocurrió, porque forma parte de nuestra historia. No me gustaría que con el paso del tiempo se olvidase o desdibujase. En segundo lugar, y ya que estamos inmersos en la segunda ola, que sirva también de concienciación para que la gente que ha estado lejos de los hospitales y su familia vea lo que ocurrió. Que mientras ellos estaban confinados, entre las paredes del hospital las personas se morían en soledad. Me gustaría que se tomara más conciencia y que quienes no acaban de hacer las cosas bien en el día a día se lo tomen más en serio, porque al final eso nos repercutirá un poco a todos. De ellos dependerá que esto dure más o menos.

¿Escribir ha sido su terapia?
Totalmente, me ayudó a desahogarme. Contar sobre el papel todas las historias que vivimos y estábamos viviendo me valió para quitármelas de la mochila, que a medida que iba escribiendo parecía que ya iba pesando menos. 


PERSONAL
Nacimiento: Lugo, hace 38 años.
Profesión: Graduado en Enfermería por la Universidad de Santiago de Compostela. Es especialista en medicina del trabajo y ha cursado másters en Formación del Profesorado en Integración de Cuidados, Urgencias y Emergencias, y en Seguridad Clínica.
Experiencia: Experto en Cuidados críticos del paciente adulto y pediátrico. Ha trabajado como enfermero en el Servicio Gallego de Salud, en Emergencias de Galicia y en el Servicio Madrileño de Salud, donde en la actualidad desarrolla su labor asistencial.
Divulgador científico: Es colaborador habitual tanto en medios de comunicación escritos como radiofónicos y televisivos, donde ayuda a combatir las fake news.
Premios: Ha recibido numerosas distinciones por su labor de promoción y visibilidad de la profesión de enfermería.
Redes sociales: Tiene miles de seguidores en las redes, sobre todo en Twitter, desde donde intenta dar a conocer distintos aspectos de la enfermería.
Escritor: Bajo el seudónimo de Enfermera Saturada ha escrito numerosos libros de ingenioso título en clave de humor. El último es Nosotras, enfermeras. Historias de unos días que nos cambiaron para siempre (Ed. Plaza & Janés), donde deja de lado el humor porque narra situaciones terribles.
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