Pérez Domínguez: “La etapa central del siglo XX estimula para escribir”

El sevillano acaba de publicar ‘La bailarina de San Petersburgo’, una novela que retrata a los rusos exiliados en el París de 1930

03.08.2021 | 00:35
El escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez. Foto: Diario de Noticias

barcelona – El escritor Andrés Pérez Domínguez, que acaba de publicar La bailarina de San Petersburgo, considera que las décadas centrales del siglo XX son "estimulantes para el novelista, para desarrollar personajes que se mueven en un mundo complicado y lleno de contradicciones".

Pérez Domínguez subraya que esos años 30 y 40 del siglo pasado están llenos de "efervescencia, de una enorme intensidad emocional, de acontecimientos históricos extremadamente importantes cuyas consecuencias llegan a nuestros días".

En esta obra, Pérez Domínguez recupera a Gordon Pinner, uno de los personajes principales de la novela que le dio a conocer, La clave Pinner. En La bailarina de San Petersburgo (Almuzara) Pinner es un periodista destinado en París en 1930, un idealista que se infiltra en la comunidad de rusos exiliados cuando el servicio secreto se lo pide. De la mano de una enigmática bailarina, descubre los restos de un imperio desaparecido para acabar cuestionándose sus ideales, y viaja a Moscú y a Leningrado para encontrar a una niña huérfana.

En el nacimiento de la novela se encuentra el periodista Manuel Chaves Nogales: "Hace muchos años cayó en mis manos un ejemplar de Lo que ha quedado del imperio de los zares, un reportaje del periodista sevillano sobre los rusos exiliados en París tras la revolución y enseguida vi el potencial narrativo, con aristócratas arruinados, exmilitares, profesionales, socialistas revolucionarios, todos unidos por el rechazo a los bolcheviques".

Para el autor, Pinner era el personaje perfecto al haber colaborado con los servicios secretos soviéticos y británicos, ser mitad inglés y mitad español. Además, París se convierte en un personaje más en la novela, pues era "el centro del mundo en esos años y la cultura francesa ejercía una atracción inmensa".

Sin embargo, no todo lo que relucía era oro, ya que "salvo contadas excepciones, los nobles abandonaron Rusia con lo puesto y era frecuente que ellos se empleasen como chóferes porque lo único que sabían hacer era conducir, y ellas como amas de llaves", avanza.

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