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Marino Goñi, Patxi Goñi y Toño MuroGrupo Motos

"A principios de los 80, nadie pensaba que los grupos de Pamplona pudiesen llegar a nada"

En 1981, Toño Muro, Marino Goñi, Francis Los Arcos y Patxi Goñi formaron Motos, banda con la que ofrecerían un buen número de conciertos y editarían el epé ‘Muévete’, que ahora han vuelto a grabar.

"A principios de los 80, nadie pensaba que los grupos de Pamplona pudiesen llegar a nada"Patxi Cascante

Principios de los ochenta, miembros de grupos como Fuletamol o Tocamás forman Motos. ¿Cómo se produce esa unión?

-Toño y yo (Marino) éramos amigos desde el instituto. Patxi es mi hermano. Y a Francis lo vimos alguna vez tocando con Landru, que luego fueron Tubos de Plata. No recuerdo cómo contactamos con él, pero empezamos a tocar juntos.

¿Qué influencias compartían?

-Toda la explosión de la new wave, del punk…Teníamos claro qué era lo que queríamos tocar y, sobre todo, teníamos claro a lo que no queríamos parecernos…

¿Y qué era eso a lo que no querían parecerse?

-Todo lo que era rock duro, heavy, etc. Teníamos mucha pasión por el pop. Por el pop rock, el power pop que se hacía en esa época de finales de los setenta, que venía de Inglaterra: Rockpile, Dr. Feelgood... Con Fuletamol ya tocábamos rythm’n’blues, también. Cosas que empezábamos a conocer: MinkDeVille, los Jam, la música mood, los Clash… Teníamos un poco de todo, pero siempre en ese mundo.

¿Cómo era Pamplona en ese momento? ¿Qué ambiente había?

-Si nos referimos al ambiente sociológico y político, era muy tenso, a nivel de la calle y a nivel institucional. En los dos había serios problemas. Y a nivel musical, lo que había de pronto era una ola de grupos que había empezado a finales de los setenta. Había como un renacimiento y nos juntábamos todos, aunque no tuviéramos los mismos estilos, y hacíamos conciertos. Estábamos con los Tensión o con los Kafarnaún o con los Tubos de Plata. Con Kontuz Hi!, que habíamos tocado juntos en Fuletamol. Había otra cosa importante: tocábamos en muchos pueblos de la ribera y de la montaña. Eso luego se perdió. En todos los pueblos querían hacer festival de rock, y allá íbamos. Había menos para repartir; luego hubo cientos de grupos, entonces había veinte o treinta grupos.

¿Y dónde eran esos conciertos? ¿Había salas? ¿En bares?

-Tocábamos mucho al aire libre, en algún frontón que otro... También en alguna sala de fiestas, en discotecas… Y sobre todo en fiestas. Nos hace mucha gracia recordar que tocábamos mucho antes o después de las vacas. Recuerdo haber estado con vacas en Artajona, en Carcastillo, en Cárcar... Ibas a probar y no podías pasar porque habían cerrado para las vacas. Fuimos a telonear a los Leño en Castro y, cuando se acabó el concierto soltaron vacas. El concierto era en la Plaza de Toros, de hecho, entonces era habitual.

¿Dónde ensayaban? ¿Había buena oferta de locales?

-Primero teníamos un local que compartíamos con Kontuz Hi!, que, como te decimos, éramos cuadrilla. Estaba en la Magdalena, era un antiguo corral de ovejas. Ahí ensayaba Magdalena, Neón Provos… Luego lo cogió Barricada. Nosotros nos fuimos a unos locales nuevos que había en Tajonar. Creo que fueron los primeros locales, tipo los que hemos conocido posteriormente; tenían equipos de sonido…Estuvimos ensayando ahí una buena temporada. Pero tampoco funcionó mucho tiempo y Musical Tomás montó otros locales, camino de Berriozar. Sería el 83 o el 84.

Y a nivel de prensa, ¿cómo se daba a conocer un grupo en esa época?

-Navarra Hoy tenía una página semanal en la que hacían una entrevista a un grupo de rock. Ahí se puede ver qué grupos había: Fahrenheit, Virus, Kontuz Hi!, Restos de serie, nosotros… Lo hacían Juan Zapater y Blanca Oria. Hacían críticas de discos y un reportaje a un grupo local. Eso ayudó mucho, duró hasta el 84 o así. Incluso Porkería T y Ultimátum salieron ahí. Y en radios, estaba la Paraíso. Luego ya empezó la Eguzki, pero entonces, Radio Paraíso.

¿Radio Paraíso emitía solo para Pamplona o llegaba a toda Navarra?

-No, no, solo Pamplona. Como mucho, la cuenca de Pamplona. La Paraíso era una emisora musical. La Eguzki ya tenía otro punto más político. Y luego también los cuatro bares que había de marcha, que les llevabas la maqueta y te ponían. Aunque aquello sonaba rayos…

¿Cómo buscaban los conciertos? ¿Tenían manager u oficina?

-Hubo un momento, cuando se montó Nafarrok, que ya teníamos a alguien que nos representaba y hablaba por nosotros. Pero bueno, era todo muy era todo muy familiar. Realmente conocíamos casi a todo el mundo. A Castro fuimos a través de Discos Suicidas, de Bilbao, por ejemplo.

En 1982 grabaron el epé. ¿Tenían más canciones?

-Sí, pero grabamos las más antiguas. Los cuatro que aparecen eran de la primerísima época. Teníamos otra buena hornada de canciones, como una docena o así, que se quedaron ahí. Hay alguna grabación de algún concierto… Hicimos una maqueta en el estudio de Soñua, en la Navidad del 81. Nafarrock había decidido editar epés de rock, porque en aquellos tiempos toda la movida independiente se basaba mucho en los discos pequeños, en los singles y en los epés.

En un texto que publicó Josetxo Ezponda, en el que, por cierto, solo salvaba las canciones de Motos de entre toda la producción local, se quejaba de que tener ciertas influencias musicales se consideraba snob. ¿Lo sentían así? ¿La juventud, en general, estaba interesada en los grupos que han citado antes?

-Los conocía poca gente. Después de los sesenta, de la época los conjuntos, llegó un vacío muy grande en los setenta, y estábamos deseando hacer música. La gente más joven, el público potencial, no había conocido eso. Socialmente todavía no estaba claro qué era aquello de hacer rock, se lo había comido todo la música progresiva y el sinfónico. Fue muy importante Tequila. Hubo un concierto de Bloque en el Labrit y la gente estaba tirada, fumando porros...Tres meses más tarde tocó en el mismo sitio Tequila con los Peligro y un tercer grupo de aquí, no sé si podía ser Tensión, y fue de las primeras veces en que la gente salió a bailar. Aquello fue una brecha bastante potente entre la generación que estaba oyendo sinfónico y la nueva hornada. Nosotros pertenecíamos a la época del rollo sinfónico, pero estábamos hasta aquí de eso. Cuando oímos a Dr. Feelgood y a ese tipo de bandas nos cambió la cabeza absolutamente, hicimos grupos para que la gente bailara y se desmelenara. Íbamos a los pueblos y ocurría lo mismo. El punto de inflexión a nivel nacional fue Tequila, que de hecho tocaron en casi todos los pueblos de Navarra. Estaban los Leño, que era un grupo muy divertido; a nosotros no nos gustaba mucho el estilo, pero claro, Leño era Leño: las letras, el estilo, Rory Gallagher… Les teníamos mucho respeto. También fue importante la Orquesta Mondragón, su primera época, que hacían versiones en inglés con su espectáculo, aquel rock teatralizado.

¿Qué repercusión tenían los grupos en Pamplona? ¿Tenían tirón? ¿Se percibía ya la explosión que hubo en los 80?

-No, no. Tenía repercusión cuando venía Leño, por ejemplo, o Ramoncín o Barón Rojo, pero nadie pensaba que los grupos de Pamplona pudieran llegar a nada. Eso se vio con Barricada, ahí hay que poner una vela al Drogas, que dijo que iba a hacer un grupo y a barrer con todo. Kafarnaún fue un grupo importante, pero nadie pensaba que fueran a comerse nada fuera de Pamplona. O Tensión, que a nosotros nos gustaban mucho, teníamos un punto de contacto. De hecho, en la última etapa de Motos estuvimos intentando hacer un local con Kontuz Hi! y Tensión para ensayar.

Tuvieron repercusión nacional. Diego Manrique les hizo una reseña, actuaron en Caja de ritmos, en aquel famoso programa del escándalo de Las Vulpess…

-A Carlos Tena, que estaba en Caja de ritmos, lo conocía (Marino) de cuando trabajamos en la radio, eso ayudó. A Manrique no lo conocía de nada. Hizo esa crítica, y hoy en día sigo leyendo los seis renglones que tiene, y digo: “Si hubiéramos nacido en la avenida América (Madrid), probablemente nos hubiera dedicado doce renglones”.

¿Los grupos de provincias se sentían peor tratados que los de Madrid?

- Sí, se notaba mucho. Absolutamente. Era un escándalo la diferencia de cómo trataban a los de provincias. Tuvimos mucha relación con muchos grupos de todo el Estado, y era evidente que los de Madrid… Además, los de Madrid, hablando con Rosendo, te decía que a ellos les pasaba lo mismo. O a la UVI, por ejemplo. Es decir, que si eras de Carabanchel ya no te comías una mierda. Tenía que ser del centro de Madrid, y encima de según qué niveles. Conocíamos gente que estaba peleándoselo en Valencia, en Cataluña, en Asturias, en León, en Alicante… Había un montón de gente. La Banda del Tren, Los Suaves… Se vendieron un montón de discos de Los Suaves en Pamplona sin pasar por Madrid. ¿Por qué? Pues porque aquí tú ponías un disco de Los Suaves y a todo el mundo le gustaba. Hacíamos intercambios de discos con varios grupos de estos. Esto en Inglaterra lo han tenido siempre muy estudiado; un grupo de Birmingham o un grupo de Sheffield tiene que hacer el doble de recorrido que un grupo de Londres. En todas partes pasa lo mismo, las grandes ciudades del centro se comen a la periferia. Luego ibas a Madrid a ver grupos y acababas viendo a los 091, que eran de Granada, y te los ponían como ejemplo.

Llegamos al presente. ¿Por qué han decidido regrabar este epé?

-Siempre me preguntaba cómo sonaría este disco si hubiésemos tenido buenas condiciones para grabarlo. Primero encontré la cinta y luego el magnetofón donde poder reproducirla, igual que el que teníamos en el estudio de la Txantrea, que al final nos lo robaron. Gorka Urbizu estaba grabando su Hasiera bat con el mismo modelo de magnetofón. Después de varias idas y venidas a Barcelona, conseguimos digitalizarlo y vimos que sonaba muy bien. Hablamos los tres. Nos daba mucho miedo, pero teníamos la batería y el bajo grabados, con lo que ya estaba la mitad del trabajo. Teníamos que grabar las guitarras y, sobre todo, teníamos que cantar los tres en unos tonos que, cuarenta y tres años después, resulta difícil. Intentamos grabar lo más parecido posible, con los mismos amplis e instrumentos. Intentamos hacer una especie de copia, como cuando un falsificador imita el trazo de un pintor famoso. Era lo más fácil, porque las canciones estaban hechas así. Grabamos en tres días y mezclamos en otros dos, no nos costó demasiado. Con esto me di cuenta de por qué disolvimos el grupo cuando Francis se fue a Donosti: no sé quién podría haber tocado este repertorio con nosotros. No tocábamos todo cuadrado, había cosas improvisadas. Cuando nos disolvimos, estábamos pensando en grabar un elepé, porque nos iba bien, pero sin Francis ya era imposible. No es que se hubiese ido demasiado lejos, pero las comunicaciones no eran las de hoy. No había autovía… (risas). Y ahí se acabó el grupo.

¿Dónde se puede comprar el disco?

-En La Librería de la Estafeta (Estafeta 36) y en Katakrak Liburudenda (calle Mayor 54).