Síguenos en redes sociales:

Javier HolgadoEscritor y guionista

"Las novelas de Lucio Garza son una mezcla entre Agatha Christie y la película 'La gran familia"

Además de impartir un taller de thriller, el escritor pamplonés participa este martes en Pamplona Negra con la mesa redonda ‘El crimen no es amable’, esta tarde (18.00h) en Baluarte

"Las novelas de Lucio Garza son una mezcla entre Agatha Christie y la película 'La gran familia"Iban Aguinaga

Aprovechando que tenía que volver a Pamplona a mediados de enero, Javier Holgadodecidió alargar las fiestas de Navidad y quedarse teletrabajando en su ciudad, su refugio. Porque Madrid le gusta, pero “no hay mes que no venga a casa”. Aquí tiene a la familia, a los amigos y aquí descansa y respira de otra manera. Y escribe a otro ritmo. Guiones y novelas, ambos géneros a dos cabezas y cuatro manos con su pareja profesional, Susana López Rubio, que le acompañará en la tertulia del martes 20. Los dos han creado series comoLos misterios de Laurao, más recientemente, Perdiendo el juicio, y juntos inventaron el universo de Lucio Garza, forense madrileño que resuelve crímenes con la ayuda de su mujer, Teresa, y sus siete hijos, todos con nombres de escritores, en la España del tardofranquismo.

De momento, ya tiene publicadas dos percipecias,El asesino de los caramelos de violeta y El misterio de la turista que murió dos veces, y ya trabajan en la tercera, que no tiene por qué ser la última. Historias muy al estiloAgatha Christie, amables y con toques de humor, con las que les gusta jugar con el lector. Al autor, hablar de ellas en Pamplona Negra le hace “especial ilusión”.

Ha escrito varias series y parte de las novelas desde Pamplona, pero ninguna sucede aquí...

–Ya, pero que conste que en todas las series que he escrito lo he pensado (ríe). De hecho, ahora estamos trabajando en un nuevo proyecto y no hago más que decirle al productor que tienen que venir a rodar a Pamplona. Si no, tarde o temprano, sacaremos la ciudad en las novelas.

No sé si conoce la escena literaria que existe ahora en Navarra. Desde luego, hay bastante novela negra.

–¡Lo sé! Y me llama mucho la atención. Fíjate que igual es que no me he enterado demasiado, pero recuerdo que antes, hace veinte o veinticinco años no era así. Siempre ha habido unos cuantos buenos escritores aquí, pero ahora el movimiento, sobre todo de la novela negra, es sorprendente. No sé si fue a la par, pero a la vez que a Dolores Redondo descubrí a Susana (Rodríguez) en una librería de Madrid y al ver que era de Pamplona me hizo ilusión. A partir de ahí hemos salido muchos escritores y lo mejor es que Navarra está siendo escenario de novelas. La verdad es que el entorno acompaña mucho, porque aquí tienes tantos paisajes diferentes en poco espacio, montaña, ribera... Lo raro es que este boom no hubiera eclosionado antes.

"Me hace mucha ilusión que ‘Perdiendo el juicio’ se vaya a emitir en abierto y con carácter semanal; así dejará más huella”

Y tenemos también Pamplona Negra. Bajo el lema ‘El rostro del noir’, este año invita a pensar si el mal tiene cara, rasgos, o si, como decía hace un par de días Susana Rodríguez, eso de que la cara es el espejo del alma es una patraña.

–Estoy totalmente de acuerdo con ella. De hecho, a mí me encanta lo que ahora llaman cozy crime, aunque no me gusta nada este termino, prefiero que se hable de novelas al estilo Agatha Christie, con el crimen como juego, como Cluedo, o, como se llamaban antes, whodunnit. Esos planteamientos en los que el asesino no muestra la cara, así que puede estar perfectamente entre nosotros. Como pasaba con los relatos de Miss Marple, donde todos los asesinos eran vecinos de un pueblo aparentemente plácido. Siguiendo con la pregunta, creo que sí, que normalmente los asesinos tienen dos caras y que el rostro a veces engaña. Por ejemplo, puede parecer una anciana entrañable que está haciendo un pastel y...

Como las protagonistas de ‘Arsénico por compasión’, primera película de Pamplona Negra 2026.

–Eso es. O como alguna de nuestras historias, pero no quiero hacer spóiler a quienes aun no se han leído las novelas.

Portada de la primera entrega de Lucio Garza.

Curiosamente, la mesa redonda en la que va a participar esta tarde con Susana López Rubio y Leticia Sánchez Ruiz se titula ‘El crimen no es amable’.

–No lo es. De hecho, es algo tremendo, pero es cierto que, en la edad dorada de la novela, los escritores ingleses vieron la posibilidad de establecer una especie de juego con el lector y eso luego se convirtió en un género propio. Es verdad que en la realidad nunca hay un crimen amable, siempre son tristes, pero creo que la labor de la ficción es decidir cómo enfocar ese misterio, esa muerte, ese asesinato... Lo puedes presentar como un juego, involucrar al lector como en el Cluedo o lo puedes exagerar y llevar a lo escabroso, a lo sangriento. Reconozco que a veces pienso que estoy amabilizando un crimen, pero luego me pregunto no sé qué es peor, si hacer esto o apostar por el morbo y plantear asesinatos truculentos para vender 100.000 ejemplares más...

¿Y que se responde?

–Yo me quedo con mis novelas (ríe).

Últimamente, se está dando una cierta polarización también en el ámbito del noir, y es que hay lectores que apuestan por la casquería, las visceras y los asesinos retorcidos y extremadamente crueles, como las historias de Carmen Mola o Gómez Jurado, frente a quienes optan por el ‘cozy crime’ o, como apunta, el ‘whodunnit’, como son las de Lucio Garza.

–Así es. Yo eso ya lo vi cuando escribí Los misterios de Laura, allá por el 2008 o 2009. En ese momento, estaba de moda la novela nórdica, acababan de publicarse las novelas de Stieg Larson y, en las teles, todas las series eran tipo CSI, de policía científica, y a mí me apetecía volver a lo clásico, al tipo de misterios de Agatha Christie o Dorothy Sayers. Y parece que no solo era cosa mía, porque la serie fue un éxito y creo que fue así porque apostamos por una fórmula que ya se estaba olvidando. Es la que a mí me gusta y la que quiero seguir escribiendo.

Vamos, que no es muy de vísceras.

–No. Y mira que cuando hicimos Motivos personales, a veces inventábamos asesinatos truculentos, pero yo prefiero el Cluedo. Y que conste que yo me he leído todo lo de Carmen Mola y de otros, y entiendo esa atracción hacia lo escabroso, pero a mí me gusta escribir otras historias.

Hablando de las historias escabrosas, ¿de dónde cree que viene esa atracción por el crimen?

–En el caso de mi tipo de novela, es por el juego. El escritor propone un misterio y el lector acompaña al detective en la solución de ese problema. Y es muy divertido, porque el autor siempre gana. Si el lector adivina el enigma antes que el detective, se cree muy listo, y si es el detective el que lo consigue, se sorprende por lo inesperado y también se siente gratificado. En cuanto a las historias más sórdidas, más sangrientas, también está la atracción del miedo. Es que cuando te presentan a un asesino que descuartiza y eviscera, te da incluso por mirar atrás cuando estás leyendo, y esa sensación nos gusta. Además, en esos casos también puedes acompañar al asesino, meterte en su cabeza y conocer poco a poco sus motivos. Preguntarse qué lleva a alguien a cometer atrocidades también es muy intrigante para el lector.

Segunda entrega de la saga.

Desde hace ya unos cuantos años, la tendencia ha sido crear detectives o policías atormentadas/os y adictas/os a las drogas, al alcohol, al dolor, al sexo... Sin embargo, Javier Holgado y Susana López Rubio optaron por crear a Laura Lebrel, una investigadora que llega a una escena del crimen con la bolsa de la compra. Y con Lucio Garza han hecho algo muy parecido, solo que él vive a finales de los años 60 del pasado siglo. 

–Sí, y eso que el asesino de la primera novela hacía lobotomías transorbitales... Estoy descubriendo que el rango de edad de las personas que leen nuestras historias va desde los 12 a los más de 90 años. Creo que estos últimos les atrae sobre todo la recreación que hemos hecho del Madrid de aquella época. Hemos sido lo más fieles posibles y mencionamos comercios de la época, algunos de los cuales ya han desaparecido por la gentrificación; calles, lugares, vestimenta... Y mucha gente reconoce todos estos detalles. Además, nosotros llamamos a Lucio Garza el forense pop porque cogemos muchos elementos de la cultura popular; como lo que se veía en la tele, las películas que iban a ver al cine, las verbenas, las zarzuelas, los famosos de la época... Al final, es como si Agatha Christie se cruzara con la películaLa gran familia.

“Con la novela lo proyectamos todo en la pantalla del lector, y ahí podemos jugar con mecanismos que los guiones no admiten”

También aprovechan para rendir homenaje a la literatura misma. Ahí están los nombres de los 7 hijos de Lucio y Teresa.

–Sí, con la excusa del amor a la literatura de los padres, les pusimos un nombre de un autor a cada uno para que los lectores los recordaran más fácilmente y, de paso, hicimos que cada nombre fuera con la personalidad de cada hijo. Así, la mayor es Agatha, periodista que aspira a trabajar en sucesos; está Arturo por Arthur Conan Doyle; Edgar por Poe; Benito por Pérez Galdós; Patricia por Patricia Highsmith, Roberto Luis...

Creo que ya hay algún proyecto para llevar la primera novela al audiovisual.

–Hay una productora que está moviendo el proyecto, pero ahora mismo no se hace mucha época; a ver si con Las hijas de la criada cambia un poco la tendencia. Hoy se opta más bien por thrillers como Ángela o Innato, con tramas sencillas y baratas de rodar. Y me da un poco de pena, porque hoy consumimos series a tal velocidad que a los dos días se te han olvidado. Es más, me hace especial ilusión que la semana que viene se estrena en abierto mi última serie, Perdiendo el juicio, y me gusta especialmente que los capítulos serán semanales. Al final, el público estará viéndola unas 10 semanas y creo que así dejará más huella y se recordará más.

Escriben guiones y novelas. En un caso, el consumo suele ser más compartido o de otra manera, pero el lector está solo con la historia.

–En las presentaciones decimos mucho que cuando escribimos guiones, el texto está pensado para ser rodado, así que no puedes decir que hay una calle llena de gente, porque igual luego solo habrá cinco figurantes; ni que algo sucede en Baluarte si al final se va a rodar en un teatro pequeño por presupuesto. Por eso, lo bueno de escribir novela es que lo proyectamos todo en la pantalla del lector, y ahí podemos escribir lo que queramos y jugar con mecanismos que en la ficción televisiva no podemos usar. De todos modos, de alguna manera no podemos evitar escribir en imágenes, así que si nos encargan la adaptación de la novela, en dos semanas la tenemos lista (ríe).