“A ver si para el viento”, se escucha una y otra vez entre tomas. El clima hostil de Bera no se lo está poniendo nada fácil al equipo, que intenta esquivar las tormentas para cumplir con el plan de grabación de El mundo es ANSÍ, el séptimo filme del cineasta tudelano Miguel Ángel Calvo Buttini. De hecho, las fuertes rachas de viento ya han puesto a volar varias veces la txapela de Pío Baroja, célebre escritor de la Generación del 98 que interpreta Álvaro Subiés y con quien Ana, una estudiante de periodismo encarnada por Nahia Bergasa, establece una especial relación a lo largo de la simbiosis de ficción y documental que constituye la obra.
Buttini cuenta que la película es en realidad un “encargo” del guionista Álvaro Lión-Depetre, con quien ya colaboró en Emilia y El siglo de Galdós, y de quien admite “fiarse” mucho. Al principio, la figura del escritor no terminaba de atraerle, al igual que le ocurre a Ana, la protagonista de la historia. Y es que el hilo argumental de la película gira en torno a una estudiante de periodismo a la que le adjudican un Trabajo de Fin de Máster acerca del artista vasco, lo que la lleva a preguntarse: “¿Qué voy a decir yo sobre este tipo siniestro con boina?”, bromea el director.
Entonces, mientras investiga, Ana entabla una relación con un alter ego de Baroja, fruto de su imaginación. Junto a él, recorre las distintas etapas vitales del escritor y comparte las inquietudes propias de la juventud. Con este contraste, el director pretende atraer “a gente que no forma parte del público habitual del escritor. Es decir, a personas jóvenes que no tienen ni idea de quién fue este señor”.
Dos personajes opuestos
Mientras el papel que interpreta Nahia Bergasa está ligado a la actualidad, las características del de Álvaro Subiés cargan a sus espaldas más de cien años de historia. Por este mismo motivo, Subiés se ha metido “entre pecho y espalda” parte de la bibliografía barojiana más destacada, como Juventud, egolatría; Desde la última vuelta del camino: memorias; o El árbol de la ciencia. Según cuenta, ha sido un proceso exhaustivo –ya que algunos “tenían más de 2.000 páginas”–, pero también “muy gozoso”, durante el que, además, se percató de lo complicado que resulta encontrar ejemplares de algunas obras. “Seguro que en Francia no tienen problemas para dar con copias de Molière”, critica.
Al mismo tiempo, el actor considera que es muy interesante conocer la dualidad entre lo que se espera del personaje “por las ideas preconcebidas que tenemos de él” y la complejidad y profundidad del mismo que destapa la obra. Por el contrario, el personaje de Bergasa es quizás más transparente ya que, como la propia actriz reconoce, “Ana es una chica común y natural”.
“Mi suerte ha residido en que el personaje sea tan parecido a mí”, revela. Como Ana, ella también terminó recientemente sus estudios, es joven y no conocía ni le atraía la figura de Pío Baroja. Por ello, “no ha sido complicado construir el personaje ya que, prácticamente, lo he ido descubriendo a la vez que Ana”, reconoce, aunque también gracias a Subiés, “que se ha convertido en un experto en la materia”.
Itzea, Desde 1912
Hace exactamente 114 años, los Baroja se instalaron en esta casona familiar, que recibe el nombre de Itzea, y que es ahora escenario de algunas de las secuencias de mayor peso de la película, aunque también lo fue de la vida del escritor. El hogar, construido en la segunda mitad del siglo XVII, se sitúa a las afueras de la localidad de Bera, que fue refugio espiritual y vital para el autor. Sin embargo, el equipo de grabación ha visitado también ciudades como Madrid –núcleo literario, social y existencial para Baroja–, Donosti o Zestoa.
“Con este contraste de personajes pretendo acercar la figura de Pío Baroja a un público joven”
En lo que se refiere a la parte más documental del filme, es importante mencionar que la cinta incluirá algunas entrevistas con autores y especialistas como Bernardo Atxaga, Soledad Puértolas, Marta Sanz, María José Solano. Igualmente, la película cuenta con el apoyo de Pío y Carmen Caro, sobrinos-nietos del escritor que “que se han entregado al completo con nuestro proyecto, hasta el punto de llegar a emocionarme”, confiesa el cineasta.
Esta película, explica Buttini, se enmarca en el 70 aniversario de la muerte del escritor. Ahora que las labores de rodaje están avanzando, la vista del director comienza a enfocarse en torno a mayo y junio, “cuando probablemente estará terminada”. Después, revela, la idea es “moverla por festivales y estrenarla en octubre”. Pese a que lamenta no llegar a tiempo para el Festival de Cine de Málaga, el director espera con ansias el de San Sebastián, aunque es consciente de que se trata de una citaa la que es “complicado acceder”.
La mañana de rodaje va llegando a su fin. “Una más”, pide Buttini. Cantan “acción” y el equipo se apresura. Bergasa y Subiés repiten la escena y, mientras caminan por el campo, un caballo se cuela en la secuencia, casi como si supiera qué papel le toca interpretar. Comienza a llover –el clima de Bera no es buen anfitrión– y la prioridad es ahora terminar cuanto antes y huir del agua. “¡Está sí!”, celebra el director. El equipo recoge y se retira, aunque solo hasta la próxima claqueta.