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Música

Sokolov: grandísimo concierto, con prórroga

Sokolov: grandísimo concierto, con prórrogaBALUARTE

La primera vez que vino Sokolov a Pamplona (30 de enero de 1997), recuerdo que el concierto empezó con más de media hora de retraso. El pianista ruso-español deshizo el piano de la Sociedad Filarmónica, repasó el peine de martillos uno por uno y lo volvió a montar. Tiene verdadera obsesión con la afinación. En el concierto que nos ocupa, mandó al afinador en el descanso. Entonces, hace casi treinta años, sentó cátedra con el “Clave bien Temperado” de Bach, y un Chopin que nos abría su proverbial visión del inmenso repertorio romántico. En 2019 (D.N. 28-2-19), para Baluarte, todo el programa fue para los grandes de ese período (Beethoven y Brahms). Este año nos hace una segunda entrega con Beethoven y Schubert. Brahms irá en las propinas, (más que propinas, prórroga del concierto).

La actitud ante los conciertos de Sokolov es, a estas alturas, reverencial. Y no defrauda. La música que escuchamos está en la partitura para todos los pianistas, pero Sokolov saca voces intermedias que no se suelen oír. Hierático y austero de gesto, en la penumbra, sin aspavientos, saca al instrumento una sonoridad en la que no se sabe qué admirar más, si el manejo del pedal: enorme, a veces, pero que nunca emborrona el resultado total; o el continuo contraste entre lo más dramático y lo más juguetón, la simultaneidad del “legato” en una mano y el “staccato” en la otra, o la gradación dinámica, entre otras cosas.

Grigory Sokolov. Recital de piano

Programa: Sonata nº 4 y Seis Bagatelas Op. 126 de Beethoven. Sonata D. 960 de Schubert. Lugar y fecha: Ciclo del Baluarte. 21 de febrero de 2026. Incidencias: Lleno (en los conciertos de cámara, se saca a la venta solo el patio de butacas; excepcionalmente se vendieron las primeras filas del palco, por la extraordinaria demanda). 35 euros.

La sonata 4 de Beethoven abrió el concierto: nos sorprende el volumen que inunda la sala cuando ataca el fuerte en el allegro con brío. El “largo” corroboró la expresividad que pide la partitura; el acompañamiento de la mano izquierda casi pinzaba las teclas: un sonido sutil como pocos. En el tercer movimiento crea una atmósfera un tanto brumosa para que destaque el tema. El rondó combina el fuerte con la “media voz” y sale luminoso y optimista.

Como todos los pianistas saben, las bagatelas de Beethoven no tienen nada del significado que nosotros le damos: de triviales o de poca sustancia no tienen nada. A cada una de las seis que interpretó el solista, le dio lo suyo: delicadeza y con un brillo en los agudos que colman la gradación, en la primera; la segunda con sus tormentosos cambios de ánimo; en la tercera, grandeza en la calma y bellos trinos; la cuarta se hace más placentera que en otros pianistas por el tempo más lento que toma; en la quinta sublima el lirismo del tema; la sexta es un Beethoven total: torbellino, calma, pedal, agudos…

En la segunda parte, Schubert (sonata D. 960) fue más apoteósico, si cabe. La versión que Sokolov hizo del segundo movimiento, (andante sostenuto), pasará a la historia. Se abre la partitura, con el conocido tema que se queda en una quietud que nos lleva a cierta melancolía, una bella melancolía que no abandonará a la sonata en todo su recorrido. Admira del segundo movimiento que se pueda hacer tanta música con tan pocas notas, dotándolas, claro, de una profundidad que solo logran los grandes.

Sokolov deslumbra porque la técnica que tiene no trasciende por encima de lo que quiere interpretar, superando la cuadratura del compás y adaptándolo a su originalidad interpretativa. Bravos y seis propinas: dos mazurcas (50/3. 30/3) y un preludio (Op.28/20) de Chopin. Rapsodia Op. 79/2, y Balada 10/3 de Brahms, y Preludio Op. 11/4 de Scriabin. De nuevo, el generoso pianista seguirá quedándose en nuestro recuerdo.