La organización del Iruña Rock había anunciado cifras de récord, y no era un mero truco de marketing. Bastaba darse una vuelta por la Avenida del Ejército poco después de comer y ya se veían decenas de cuadrillas, que, por su atuendo, no había duda de que se dirigían al festival. Punkis y rockeros, mayoritariamente, que encaminaban sus pasos hacia el interior de la Ciudadela. Habrá que esperar a que se haga público el balance definitivo, pero, a media tarde, la asistencia parecía notablemente superior a la registrada en años anteriores. Y es que ni siquiera el sol quiso perderse la gran fiesta del punk rock. Dentro, el calor apretaba de lo lindo. Las barras estaban atestadas de gente y la cerveza de dispensaba por hectolitros.
La música había comenzado a sonar bien temprano, a las 17:00, de la mano del cuarteto femenino Zaunka. Llegadas desde Tierra Estella, sus componentes se definen en sus redes sociales como “punks, folclóricas, románticas, mamarratxas pero buenas mutxatxas”, y pretenden con su música “dar visibilidad a las mujeres e identidades no binarias”. Tras ellas, a las 18:25, llego el turno de Tremenda Jauría, colectivo musical que lleva el eclecticismo a sus máximas consecuencias: cumbia, reguetón (lo denominan “cumbiatón”), electrónica… Cualquier cosa les sirve si puede bailarse. Sus letras son combativas, y su actitud, punki a más no poder. Se despidieron entre aplausos, después de conseguir que el respetable botara con sus animados ritmos, mientras la sintonía de Yo quiero bailar toda la noche, de Sonia y Selena, sonaba a todo trapo.
A las 20.00 horas, los miembros de Kaotiko salieron al escenario con la consigna de arrasar desde el primer acorde. Tuvieron algún problema técnico al comienzo, pero lo solventaron sin mayores incidencias. Las zonas de sombra del recinto, que entre grupo y grupo estaban muy cotizadas, se vaciaron de pronto al ritmo frenético de las primeras canciones de los alaveses.
Abrieron fuego con Juerga, a la que siguieron, sin pausa de ningún tipo, Ansiedad y Adicto (en la parte final de esta última incluyeron el estribillo de Noche de r’n’r, de Barricada). La temperatura había subido varios grados con la irrupción del quinteto, pero, al menos la meteorológica, se podía aplacar: a los lados del escenario había colocados unos cañones que en esta ocasión no iban a disparar confeti ni humo, sino agua (ya habían empezado a hacerlo con Tremenda Jauría). Además, desde el foso de los fotógrafos, un miembro de la organización del festival regaba con una manguera al público, que agradecía el remojón en una imagen que recordaba a la de los cubos que tiran desde los balcones, tras el chupinazo.
En un ambiente festivo a más no poder, los de Salvatierra prosiguieron con su paseo triunfal. Destacaron, por citar algunas, La culpa de todo la tienes tú y No me haces bien (una canción de amor… a su manera). Se declararon antifascistas antes de tocar En el barrio de latón, una letra que denunciaba, ya en 2001, la dura vida de los inmigrantes. Y siguieron desgranando clásicos, que para eso están en su gira de 25º aniversario: Fuera de juego, Se fue, No somos nada (muy aclamada esta versión de La Polla Records), Preso 2023, Paranoia… Mención especial merece, por supuesto, Otra noche, su gran himno, que fue coreado de forma unánime por todo el festival. No pudieron elegir una mejor manera de despedirse.
S.A., repaso a su discografía
A las 21.40, otros alaveses, en este caso de Vitoria, salieron a escena mientras sonaba por los altavoces el Ace of Spades, de Motörhead. Fieles a su estilo, los Soziedad Alkoholika brindaron a la afición su sonido rocoso y sin fisuras. Una combinación de thrash, punk, hardcore, metal… La noche empezaba a caer. Todavía no había oscurecido del todo, pero una enorme luna llena presidía el cielo de Pamplona. Y los S.A. hicieron el resto. Su trabajo más reciente, Confrontación, se publicó en 2024, pero en el Iruña Rock repasaron toda su discografía.
Tras solucionar, también, algún problema con sus guitarras que les obligó a detener su actuación durante unos minutos, volvieron por sus fueros con cortes como Falsos dioses o Colapso final, de su ya mencionado último trabajo. Fueron bien recibidos, pero no se puede negar que los momentos de mayor comunión los lograron con sus viejos éxitos: Palomas y buitres, Ciencia asesina o Ratas. El sonido era atronador, llegando con un volumen elevadísimo a todos los puntos del parque. La puesta en escena, como es habitual en ellos, también rebosaba espectacularidad, con proyecciones en la pantalla trasera (el archiconocido logotipo de la banda y secuencias acordes con sus textos), potentes focos led y columnas de fuego en muchas canciones.
Al cierre de esta edición, Soziedad Alkoholika seguía repartiendo estopa y los miles de personas que llenaban el recinto no daban muestras de cansancio. Iban a necesitar hacer un buen acopio de fuerzas, pues aún quedaban las actuaciones de Narco y Manny Calavera. Y recordemos que hoy, sábado, como novedad, el festival ha incorporado a su cartel conciertos por la mañana: a las 11.55, Motxila 21, y a las 13.15, Zea Mays, para continuar por la tarde con The Anger Price, Periferia, Nafarroa 1512, Against You, Dinamita, Non Servium, Kaos Urbano y Sofokaos. No será por falta de oferta…