PREGUNTA: ¿Cómo vive estos días previos a la gala en la que puede ganar su tercer Goya?
RESPUESTA: Con ilusión, estar nominado es un placer. También con ciertos nervios, siempre está complicado acabar llevándose el Goya a casa, pero opciones hay, claro. Y siempre está ahí eso, el qué pasa si toca.
P: ¿Qué diría que representa en su carrera Maspalomas, la película por la que está nominado?
R: Maspalomas es un proyecto más de los Moriarti, con los que suelo trabajar y trabajo a gustísimo, porque me parece muy interesante lo que plantean con su cine y cómo lo hacen. Y en este caso es un proyecto personal a nivel de guion de Jose Mari Goenaga. Me hace una especial ilusión porque refleja una realidad y plantea cuestiones que no son habituales, de las que no se habla tanto en cine ni en cualquier otro ámbito. Formar parte de un proyecto así, que hace que el espectador tenga su opinión, le dé una vuelta a lo que ha visto, reflexione..., en fin, que no solo entretenga sino que también remueva, es interesante.
P: Como dice, no suele abordarse el tema del sexo y del deseo sexual en la vejez, la búsqueda de placer en esa etapa de la vida.
R: Sí, la sexualidad en la vejez, y las cuestiones afectivas, ya no solo sexuales, respecto a una pareja de tu mismo sexo... cómo normalizar de alguna manera esas realidades dentro de las más normativas... O actitudes muy presentes como la gerontofobia, ese rechazo o desprecio a la edad, al envejecer, en una sociedad en la que hay esa lucha constante por permanecer joven, como si fuera la única opción... Hay muchas capas en esta película, como en todas las que escriben los Moriarti.
P: En esta era del postureo y la inteligencia artificial, de mostrar solo la cara perfecta y bonita en las redes sociales, está muy bien visibilizar, como hace esta película, cuerpos reales, cuerpos envejecidos.
R: Sí, y a la vez cuerpos que desean seguir siendo valorados y que reivindican su respeto. De alguna manera nos enseñan a todos que, si tenemos suerte, también vamos a acabar siendo así.
“Ganar un Goya no es un mérito individual, si una película funciona se debe al diálogo bien planteado entre diferentes equipos”
P: Es un gran contraste el que se da en Maspalomas entre el ambiente gay de ese destino al sur de Gran Canaria y la atmósfera de la residencia de ancianos de Donosti. ¿Reflejar ese contraste ha supuesto el mayor reto de su labor como director artístico?
R: Sí, la pauta general era diferenciar esos ambientes y hacerlo de una forma muy brusca, que el espectador lo sintiera directamente como un golpe, como le ocurre al protagonista. Y de la misma forma que el personaje va evolucionando, va tirando para adelante y hace un trabajo personal, la imagen también va en ese mismo recorrido, hay un cambio de color paulatino... El mayor reto quizá fue recrear el ambiente de la residencia de ancianos, porque no pudimos rodar en una residencia real, no era viable. Tuvimos que hacerlo en un colegio que estaba en desuso, con unas dotaciones muy diferentes, y el hecho de que nos haya felicitado gente que se dedica al mundo de lo geriátrico satisface, porque creo que hemos logrado que haya una parte de verdad importante en todo lo que hicimos.
P: El cautivo, La cena, Los tigres y Sirat compiten con Maspalomas en su categoría. ¿Cómo se ve entre estas películas?
R: Son trabajos muy bien hechos, con con diferentes planteamientos y que abordan realidades diversas. Es un privilegio poder competir con ellos. Son trabajos que nos lo van a poner muy difícil. Tengo muchas ganas de ver a Pepe Domínguez, con quien trabajé en La trinchera infinita, él fue entonces jefe de dirección artística y ahora está nominado por Los tigres; tenemos una relación personal que surgió en aquella trinchera infinita y que todavía se mantiene, y a nivel profesional es una persona a la que presto mucha atención.
P: ¿Dónde empieza el trabajo del director de arte de una película y hasta dónde llega?
R: El trabajo del director artístico radica básicamente en explorar de qué forma se puede trasladar la narrativa de la historia a imagen, es decir, cómo acompañar lo que les sucede a los personajes con cuestiones como la forma, el color, los ambientes, los espacios... es dotar de identidad visual al guion.
“El proyecto de ‘Maspalomas’ es especial porque es una historia que remueve, que genera opinión y reflexión”
P: Y esa labor empieza ya en la lectura del guion, imagino.
R: Sí, el proceso comienza con más de una lectura de guion, lecturas en profundidad, visualizando ese guion mentalmente, imaginándote la realidad de un personaje más allá de lo que está escrito, porque muchas veces nos ocurre que tenemos que inventarnos parte de la vida de un personaje para imaginarnos dónde vive, en qué ambiente está... Luego se hacen muchas reuniones con quien dirige la película, se ponen cosas en común con el director de fotografía, con el equipo de vestuario, incluso tienes una paleta de color..., para que todo vaya de la mano. Al final, una película es un gran trabajo en equipo que requiere de mucho diálogo y de mucha información cruzada entre sus equipos. Y luego se lleva a cabo, se construye directamente de cero, localizando los espacios adecuados para para contar la historia, viendo cómo cómo adaptarlos y ambientarlos...
P: ¿Había estado en Maspalomas antes de rodar esta película?
R: Sí, lo conocía de antes, y para este proyecto hubo un viaje de jefes de equipo a sitios concretos que previamente estaban localizados. Ahí ya fue un viaje de trabajo, no de ocio (ríe).
P: La película sumerge de lleno al espectador en ese ambiente, está muy logrado.
R: Yo creo que sí, estoy muy contento porque son ambientes que cuando los trasladas al cine, se corre el riesgo de, bien por pudor o por la cuestión que sea, acabar teniendo la sensación de que no se ha reflejado una realidad, se corre el riesgo de que todo quede demasiado irreal. Y en el caso de nuestra película creo que, sin perder ningún requerimiento en cuanto a lo cinematográfico, el ambiente que se refleja es muy cercano a la realidad: la configuración, la energía, el color, la luz que hay ahí... creo que es muy veraz y eso era importante para la historia.
P: Como dice, no hay pudor en la película, y supongo que eso va en sintonía con una reivindicación de fondo: que acabemos de avanzar de una vez en cuanto a la aceptación de la homosexualidad, de la vejez, de la homosexualidad en la vejez...
R: Pues creo que sí es una declaración de intenciones. Que más allá del pudor que cada uno pueda sentir ante cualquier situación en su vida, aceptemos que existen otras realidades; y no estamos nada obligados a adoptarlas, pero sí tenemos que pensar que existen y que son tan respetables como cualquier otra.
“Más allá del pudor que cada uno pueda sentir, aceptemos que existen otras realidades y que son respetables”
P: Otro tema universal que toca la película es la comunicación o la incomunicación en la familia, entre padres e hijos.
R: Sí, hay momentos tremendamente emotivos, con Nagore Aranburu que está increíble en este papel de hija y que transmite tanto ya solo a nivel gestual, sin ni siquiera tener que escuchar una palabra. Pues sí, hay mucho silencio, arrepentimiento, ganas de hacerlo bien aunque a veces no sepamos hacerlo...
P: Ha dejado su huella en Loreak, Handia, Marco, La trinchera infinita, Maspalomas. ¿Cómo es trabajar con los Moriarti?
R: Trabajar con ellos a nivel personal siempre resulta un reto. Ya han pasado unos años desde la primera vez que fui jefe de equipo en una de sus producciones, y eso hace que ya nos conozcamos y tengamos cierta intuición desarrollada con respecto a cómo quieren contar ellos las historias y cómo interpreto yo eso. Las películas que hacen parten de historias particulares que son como pequeñas joyas que te van trasladando a cuestiones más universales y donde de repente puedes encontrar cuestiones que te afectan directamente a ti. Es un trabajo muy concienzudo, muy metódico, en el que se busca mucho la expresividad en todo momento. Hacemos un trabajo muy meticuloso en la elección del atrezzo, de la ambientación... Resulta muy interesante. Y somos un equipo de gente que en general se va repitiendo, así que también tenemos esa ventaja de no partir de cero en cada proyecto.
P: ¿Ahora mismo está en algún otro proyecto?
R: Sí, estamos en fase de localización, preparando un proyecto nuevo aquí en Donosti con la directora Mar Olid, una comedia romántica; es curioso cómo en este trabajo vamos saltando de un género a otro. Eso siempre es estimulante y divertido.
P: ¿Hay alguna época, temática o género que no haya tocado todavía y que le gustaría especialmente recrear en el cine?
R: Bueno, pues una de las razones por las que he acabado dedicándome a esto es porque de niño me encantaban las películas de ciencia ficción. Es un género que todavía no me ha tocado así directamente y me encantaría. Con todo lo complejo que pueda ser, me encantaría tener que diseñar un mundo en otro planeta. Cosas así me parecen muy estimulantes, sería muy divertido.
P: Tiene ya dos premios Goya, ¿qué le aportaría un tercero?
R: Sin duda son un impulso. Es algo que te pone durante un momento por lo menos en el punto de mira, que hace que en la profesión se reconozca tu trabajo y se le preste atención, y eso también hace que surja alguna oferta no tan cercana. Lo que sí es cierto es que ganar un Goya no es una cuestión solo personal, sino que yo soy jefe de un equipo con el que tengo que compartir todo esto, porque todo el mundo aporta mucha energía colectiva y mucho mucho trabajo personal. Al final eres la cabeza visible y te toca tomar tus decisiones, pero no es un mérito individual. Una película que funciona y es redonda debe ese éxito al diálogo bien planteado entre diferentes equipos.