La ambiciosa coproducción del Mun y dos fundaciones de los Emiratos, quiere ser el espectáculo total, y a fe que pone, generosamente, todos los elementos para ello: orquesta en el foso, con el director titular y un buen pianista; un buen ballet con un prestigioso bailaor el frente del reparto, un elenco flamenco de cante y toque, una cantante árabe, un coro de cámara, un recitador de textos en árabe de voz cavernosa pero clara, decorados, vestuario, luces…, y unos media (proyecciones) que incluyen hasta fotos antiguas de la Alhambra del propio museo. Porque la historia tiene la Alhambra y sus jardines de fondo. “La lluvia teje brocados y colores y hace creer que hay túnicas bordadas en las flores del jardín” (Ibn Al-Yayyab, Patronato de la Alhambra 1994). Ya desde que vemos la nómina de los implicados y la producción, el mensaje de entendimiento de las dos culturas (árabe y occidental) está claro a nivel personal, con la historia que se nos expone, y a nivel institucional: Mun, Khawla Art & Culture de los Emiratos A, Unidos, La Music and Art F. de Abu Dhabi, y Falla 150 aniversario. El desarrollo, por razones obvias, es complejo, y, el planteamiento, en algunos aspectos, queda algo abigarrado, quizás imitando los arabescos, pero con algunos elementos de sobra: tarima de tres escalones que quita espacio al ballet, atrezo de flores y cestos (las proyecciones ya son potentes y coloristas)…, pero, en fin, todo quería mostrarse explícito.
Algarabía. Obra multicisciplinar.
Orquesta de la Universidad de Navarra, dirección Borja Quintas. Jesús Carmona, coreografía y grupo de baile. Ignacio García y Jihad Mikhael en la dirección al frente de un extenso reparto. Museo Universidad de Navarra. 27 de marzo de 2026. Lleno.
Borja Quintas (titular de la orquesta) y toda su maravillosa gente del foso, triunfan con las versiones del abundante repertorio de Falla que interpretan: suenan empastados, con fuerza (Amor Brujo), delicadeza (En los jardines), y esplendor (El Sombrero de tres picos), y solucionan el resto de la música compuesta para la ocasión que, claro, no puede estar a la altura de Falla. Jesús Carmona nos dejó un recuerdo imborrable con su impactante coreografía, Las Bestias, en este propio museo (DN-17-11-2021); hoy viene, más sosegado, aunque siempre potente y de rotundo taconeo, y pergeña un estupendo cuerpo de baile, con unas coreografías un tanto esenciales, que abundan en la belleza, gracia, y desparpajo de sus bailarines, que, aprovechando al máximo el espacio que se les deja, revolean su vestuario, cuadran una sincronía muy disciplinada cuando se les pide, y se sueltan, también, en algún apunte contemporáneo (danza en el suelo). La coreografía opta por la claridad en la historia, acercamiento y rechazo de los protagonistas, desafío entre los dos hombres, detalles de mantón muy líricos entre las dos mujeres, giros, y poderío para bailar a Falla. El recitado de los poemas y el canto en árabe añaden aún más valor a la estética de la propuesta, y, una cosa que me gustó mucho y que vengo proponiendo para el Flamenco on Fire, también se subtitularon los cantes flamencos, de textos muy hermosos. Rafic Ali Ahmad (recitador), Cynthya Karam (canto árabe); Belén Vega (cantaora), con la guitarra de G. Reyes; el laúd árabe de Aya El Dika, y la danza flamenca de Lucía Campillo, sobresalen en sus cometidos. Y hay que señalar, también, la aportación del coro, al que se le confía una discreta vocalización.
El público, que llenaba la sala, aplaudió a rabiar. Pero, creo, que, en este caso, el menos es más en la dirección global. Las diversas músicas y danzas –muy potentes en cada cultura- no necesitan excesivos adornos. En cualquier caso, se recrea un final feliz en el Al-Ándalus de la Alhambra. Quien haya estado en sus jardines, a solas, o con música, poesía y danza, sentirá su inconfundible embrujo.