Después de publicar un disco que se titulaba La juventud, ahora lanzan Divino tesoro. Podría parecer que es una especie de continuación, pero realmente es algo totalmente distinto, una revisión de canciones antiguas. ¿Cómo surge este álbum?

–Cuando hicimos La juventud, ya hablábamos de que el siguiente disco se tenía que llamar Divino tesoro, está muy bien la frase. En realidad, no hace tanto que salió La juventud, y queríamos sacar más material antes de meternos con un nuevo disco. Siempre teníamos en mente que había canciones del principio que las habíamos grabado en casa, con el ordenador, cuando no teníamos medios…Eran canciones que estaban bien, pero que sonaban muy mal. Al ponerlas en cualquier equipose nota mucho que están mal grabadas. Queríamos grabar esas canciones, mejorarlas y, sobre todo, darles valor.

Volver a grabar canciones antiguas tiene su riesgo: siempre habrá viejos fans que preferirán el encanto de las grabaciones más precarias…

–Sí. De hecho, a nosotros, con alguna canción también nos pasaba, que la tienes ya tan escuchada que aunque la grabas bien, a veces piensas que igual era mejor la primera versión. Pero bueno, a eso también hay que darle una vuelta. Si le metes un arreglo nuevo, si le das una vuelta a la producción... Pero cuesta, es cierto que cuesta. En algunas canciones hemos mantenido la estructura y la esencia de la canción inicial. En otras hemos añadido letra porque no las veíamos acabadas del todo. Ahora somos más exigentes que al principio. Veremos si los fans que están desde el principio se enfadan…

¿Cómo eran esas grabaciones de los inicios? ¿Eran totalmente caseras? ¿Iban a algún estudio?

–No. La primera vez que fuimos a un estudio fue con Algo real (2026).Todo lo anterior lo grabamos en el local donde ensayábamos, en mi casa, que al principio ensayábamos en mi casa, en un garaje…Con un micro que te dejaba alguien y un ordenador. Era todo muy precario porque no teníamos ni idea. Pero bueno, nos lanzamos así. Éramos unos chavales con ganas.

Desde entonces, Kokoshca ha ido creciendo. ¿Ese ascenso ha sido siempre paulatino? ¿O ha habido algún salto más grande?

–A ver, creo que nunca la hemos petado. Nunca hemos dado ese gran salto. Hemos ido poco a poco, cada vez llegando más gente, veíamos más público en los conciertos… Notas que de repente alguien, hablando, conoce una canción nuestra, aunque no nos ponga cara. Hubo un momento, cuando sacamos el disco Kokoshca, después de pandemia, en el que hubo una regeneración en el público. Mucha gente nos conoció con ese disco, para ellos era como el inicio del grupo. Ahí sí que notamos un salto. Se renovó el público, veíamos en los conciertos gente joven, que da mucho subidón.

En este disco hay canciones que tiene casi veinte años. Al margen de los medios, ¿cómo las ven? ¿Se siguen reconociendo en ellas?

–Ha sido un viaje bastante guay, porque no solo hemos repasado las canciones viejas, también hemos recogido vídeos y fotos antiguas… Ha sido bonito. A mí me encanta, soy un poco nostálgica y a veces sientes que es una pena que ya pasara todo aquello, aunque otras veces disfrutas más de dónde estamos ahora. Nos seguimos reconociendo, sí. Las letras eran muy inocentes, tienen un punto que está guay, aunque sí que es cierto que en eso éramos menos exigentes. Igual antes dejábamos la primera idea que nos salía, jugábamos con la ironía y el humor absurdo. En eso nos hemos vuelto más exigentes, y no sé si es bueno o malo. Ahora le damos muchas más vueltas a las canciones, al sentido, a la letra, a hacer estribillos… Antes había canciones que no tenían estribillo.

Comparando las versiones originales con las de este disco, casi todas tienen ahora menor duración. Hay una, Solo el amor podrá salvarnos, que ha pasado de casi 7 minutos a 3 y pico. ¿Ahora van más a lo esencial?

–Sí. También es cierto que los tiempos han cambiado y que, ahora, poca gente escucharía una canción de 6 minutos. Esa canción fue un ejercicio que hicimos, quisimos intentar hacer una balada tipo Phil Spector y la alargamos a 6 minutos. Esta vez Iñaki estaba más por seguir alargándola mucho, ahí yo metí un poco la censura para que no pasara de los 4.

Con el paso del tiempo, han cambiado los medios y también un poco la intención, ¿no? En los últimos discos decían que se han especializado en hacer hits, mientras que en los primeros abundaban las canciones más oscuras y experimentales. ¿Han prescindido de esa parte?

–Pues igual nos hemos censurado un poco. Es posible que antes fuésemos más libres. Nos daba todo igual y explorábamos más esa parte. Ahora también la exploramos, pero a la hora de grabar nos centramos en hacer discos con hits. Puede que estemos equivocados, peronos dimos cuenta de que se nos da bien y son canciones que a la gente le encantan. Las canciones oscuras no tienen tanto público, igual somos unos vendidos a los hits (risas). Siempre hay gente que te dicele gustan más las canciones oscuras, que a mí también me gustan, pero claro, luego en un concierto es difícil encajarlas. Los discos ahora son más cortos, también. Siempre metemos alguna un poco más rara en el disco, pero antes igual la mitad del disco era una locura y ahora solo metemos una o dos.

Hablando de cosas oscuras y rarezas, yo no sé si ahora, a 20 años vista, volverían a ponerle el mismo nombre al grupo, porque no es fácil de escribir. De hecho, en la letra de una canción llegaron a deletrearlo…

–(Risas) Es algo que nos da problemas, sí. Cada vez que mandan un cartel de un concierto o un festival, miramos a ver si está bien escrito. Fue una decisión que no pensamos mucho. Creo que tampoco importa demasiado el nombre; hay grupos increíbles con nombres horribles y nombres muy guays que no llegan a nada. Lo que importa de verdad son las canciones.

Han publicado una frase que me gustaría que que me desarrollara. “Sentir la pulsión de componer es una bendición y una condena. Tendrás que hacerlo porque algo dentro de ti te obliga a ello”.

–Esa frase la escribí yo. Tener el veneno de hacer música… Yo empecé a escribir canciones con 16 y es una bendición porque te da mucho. El día que acabas una cancióny te gusta… Estás tú sola con la música, explorando cosas y no necesitas nada más. Es una bendición.Pero a la vez es una condena, hay momentos en los que no hay inspiración, que no puedes acabar algo, que no llegas a nada y a la vez sientes que lo necesitas hacer. Por eso es una condena, no puedes escapar de ello.

El disco se va a lanzar dentro del Record Store Day, una iniciativa en favor de las tiendas de discos pequeñas para la que se suelen preparar ediciones especiales, limitadas… ¿Qué carácter tiene para el grupo este disco? ¿Es un disco oficial o una especie de rareza?

–Es un disco oficial, totalmente. Además, le queremos dar la categoría de disco que no tuvo en su momento, porque esas canciones salieron en cedés que grabábamos nosotros. Ahora va a salir una edición en vinilo, con una carpeta muy chula, un diseño que nos ha hecho Lucas Malcorra… Queremos que tenga valor como disco.

E imagino que también habrá gira; de hecho, ya han anunciado las primeras fechas.

–Vamos a hace gira, sí. Tenemos varios conciertos ya anunciados, entre ellos el 24 de julio en el Jazzaldia de Donosti, que tocamos en la playa y nos hace muchísima ilusión. Hay más cosas que todavía no se pueden anunciar, y otras que se irán cerrando.

Ahora que han tenido que mirar atrás, ¿qué ha sido lo mejor de estar en Kokoshca?

–Creo que a veces suena un poco prepotente, pero la gente que no tiene un grupo no sabe lo que es. Vives experiencias muy guays: viajar con tus amigos, a veces enfadarte con ellos, conocer gente, lugares, tocar, noches… Aventuras todo el rato. Tocar en un grupo te permite exprimir la vida un poco más.

En todo este tiempo, hay algo del principio, esa frescura, esa actitud espontánea, un poco punk, que diría que no han perdido. ¿Lo ve así?

–Sí, la actitud sigue parecida. No ha cambiado mucho nuestra forma de ver las cosas. Igual ahora somos un poco más vagos para algunas cosas, nos apetece emborracharnos menos... La edad te da algo, pero somos muy punk en cómo vemos la vida y la sociedad. Nos gusta tomarnos todo con mucho humor y no darnos demasiada importancia. Es que casi nada es importante.