“En esta película están muy presentes mis vivencias y mi propio viaje de identidad”
El director pamplonés vuelve a la gran pantalla con ‘Mi querida señorita’, cuyo estreno tendrá lugar mañana, y que, más que una versión de la película de Jaime de Armiñán, es una historia que arroja luz a las sombras
ParaFernando González Molina (Pamplona, 1975) el rodaje de Mi querida señorita siempre será especial. Y no solo porque tuvo lugar en su ciudad natal y porque fue su primer largo en mucho tiempo, sino, sobre todo, porque a la semana de comenzar sufrió un infarto que le llevó a la UCI del Hospital de Navarra. A pesar de ello, quiso acabar la película porque “es una historia necesaria” en el contexto sociopolítico actual y porque la realidad intersexual está profundamente invibisibilizada. El filme llegará este viernes, 17 de abril, a las salas de todo el Estado, pero, antes, el director celebrará un preestreno el jueves 16 en Golem Baiona (20.00h), en su casa, rodeado de muchos de sus “aliados”. Aun quedan entradas a la venta.
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Este rodaje le dio un buen susto. ¿Cómo se encuentra?
–Sí. Tuve un infarto el octavo día de rodaje, en mitad de la grabación. Fue una cosa bastante espectacular en la puerta del Niza... La gente de la UCI del Hospital de Navarra me ayudó un montón y pude recuperarme para seguir. Eso sí, a los pocos días tuvimos que abandonar la parte de Pamplona para seguir con Madrid y volvimos a Pamplona un poco más adelante. Ahora me encuentro físicamente muy bien y quiero pensar que algo de toda esa intensidad, emoción, vulnerabilidad y miedos que sentí esos días está un poco reflejado en la película. Estoy intentando relativizar y tomarme la vida con toda la tranquilidad que puedo.
¿Y cómo logró terminar la filmación? Un infarto no es poca cosa.
–Los primeros días estaba muy cansado. Con la medicación, recién operado y tras el paso por la UCI, me sentía débil, fueron jornadas titánicas, pero querer acabar fue una cuestión personal más que otra cosa. Llevaba 5 o 6 años sin rodar una peli, había costado mucho levantar esta y era muy especial por lo que contaba. Si no seguíamos en ese momento, corríamos el riesgo de parar el rodaje definitivamente o de tener que espera al menos un año por las agendas de los actores. Fue una decisión personal; nadie me presionó. El equipo se volcó, mi chico estuvo preocupado por mí todo el día e intentaron hacerme el contexto lo más cómodo posible dentro de lo que es un rodaje, que ya sabes que son maquinarias heavies. Las dos primeras semanas fueron muy duras, me costaba llegar al final del día, pero luego ya fui colocando todo.
Siempre hay nervios cuando llega el estreno de una peli, pero en este caso seguro que hay una tensión y unas ganas especiales por todo lo que estamos comentando.
–Sí, es especial porque hay muchas cosas de mí puestas en ella. A pesar de que no es literalmente mi historia, bebe del trabajo de guion con Alana (S. Portero). En este proceso estuvimos muy presentes y contamos parte de nuestras vivencias y nuestro viaje de identidad. También es una película especial por las condiciones en las que se rodó y porque está grabada en Pamplona, que siempre me produce una emoción extra. Ha sido un proceso raro porque, al participar en la sección oficial de Málaga, llevamos como un mes y medio estrenando, aunque realmente la ha visto muy poca gente. De todos modos, siempre crezco en intranquilidad; los nervios no se templan, sino que tienden a ir a más.
¿Esta es una historia que hay que contar hoy en día?
–Absolutamente. Vamos a sacar la peli en un contexto con tendencia al extremismo, en el que se están poniendo en cuestión derechos y libertades que parecían ya cosidas a la piel. La película es necesaria porque reivindica el elogio a lo diferente y a lo distinto. Además, la realidad intersexual es desconocida para el gran público porque está profundamente invisibilizada.
De hecho, el próximo estreno en Netflix también va a servir de altavoz para llevar este relato a a todas partes.
–Ese fue uno de los grandes atractivos del proyecto, que iba a ser producido por los Javis para Netflix. Eso va a permitir que 125 países sigan la historia, dándole una visibilidad enorme. Netflix llega a todos los hogares; el mismo viernes que la peli está en tu casa en Pamplona, está en una casa en el otro lado del mundo. Eso le da una capacidad de altavoz que, más allá de sus cualidades cinematográficas, hace que la película sea relevante. Ponerle voz de la mano de una plataforma con ese poder de convocatoria lo intensifica todo.
“Elisabeth ha sido muy valiente y decidió que tenía que poner luz sobre algo que siempre ha estado en la sombra”
¡Qué descubrimiento Elisabeth Martínez! ¿Cómo fue el proceso para llegar a ella?
–Fue un proceso muy largo de bastantes meses. Desde el principio tuvimos claro que necesitábamos a una persona intersexual para interpretar la protagonista. Si hablamos de visibilizar a un colectivo, el primer paso lógico era este, pero, como no hay muchas actrices abiertamente intersexuales en el panorama, empezamos a buscar a través de asociaciones. En un primer momento, acudimos a ellas solo para escuchar historias y vivencias, y este viaje nos fue llevando hasta que alguien nos habló de una chica en Barcelona, Elisabeth. Era informática y no había actuado nunca, pero creían que podía conectar con el personaje. Hicimos una entrevista por webcam, luego una prueba de interpretación en Barcelona y finalmente la vi en persona en Madrid.
No tuvo que ser fácil si no había actuado nunca y de pronto recae en ella el peso del relato.
–Fue un proceso largo de aprendizaje. Primero de casting con el resto del reparto y luego muchísimo trabajo de preparación para actuar, desde lo más básico hasta cosas complejas. Contamos con la ayuda de Mer Gómez, activista intersexual, que ayudó a Elisabeth a relacionarse con su personaje para no hacerse daño a sí misma, ya que la vivencia del personaje es, en algunos aspectos, su propia vivencia.
Ella tiene una presencia contundente y ha admitido que se ha expuesto mucho, porque con la película va a descubrir su intersexualidad a personas que la desconocen.
–Exacto. Todas las decisiones fueron tomadas en consenso con ella. Una cosa es que yo quisiera una actriz intersex y otra que habláramos de eso públicamente. Fue ella la que decidió que no tenía sentido visibilizar desde lo invisible. Quiso manifestarse públicamente para poner luz sobre algo que ha estado siempre en sombra. Es muy valiente, porque incluso algunos amigos y familia no muy cercana no conocían los detalles. Me da mucha paz escucharla en las entrevistas decir que la peli le ha servido para dar pasos que de otro modo habría tardado años en dar. Me preocupaba trabajar con material tan sensible, pero sentir que se ha sentido empoderada le da sentido a la película.
¿Tenía claro que la historia tenía que suceder en Pamplona?
–Lo decidimos bastante rápido. Queríamos acercarnos a realidades que podíamos contar. Aunque la película no es hiperrealista, sino una abstracción, la Pamplona que mostramos es casi de recuerdo. Me parecía interesante retratar cosas que formaban parte de mi memoria emocional. Nos llevamos la historia a 1999, al cambio de milenio, porque nos acercábamos a la edad que nosotros mismos teníamos entonces. Yo tenía la edad de Adela en 1999 y podíamos retratar ese viaje de Pamplona a Madrid, que es un trasunto del mío propio y del de Alana. Seguimos el consejo de Javier Ambrossi de contarnos a nosotros mismos en la película y aprovechar el viaje para hablar desde nuestra sensibilidad.
El trabajo de acento con los actores es impresionante, parecen de aquí mismo.
–Qué bien. Con Nagore y Eneko es fácil porque son de aquí al lado, pero Anna Castillo estuvo muy obsesionada con los dejes y la manera de decir; se lo preparó muchísimo. Era importante tener la sensación de que veías a una chiquita fisioterapeuta que vive en lo Viejo y estudia en la Escuela Navarra de Teatro. También el look es muy del 99 en lo Viejo.
Y la música.
–Sí, con ella intentábamos viajar a esas noches mías en Calderería. Queríamos hacer este retrato dual de la Pamplona tradicional, con el peso de la religión, frente a la ciudad canalla de la noche, mucho más libre.
La historia también habla claramente de la educación sentimental de Fernando González Molina y de la importancia que el arte (cine, música, literatura, pintura) ha tenido en su vida.
–Eso es algo que compartíamos Alana y yo: la sensación de que en algunos momentos las películas o los libros han sido casa. Aunque no tengamos relaciones problemáticas con nuestras familias, el arte ha sido un refugio que nos ha curado y educado. Cuando eres joven, cualquier libro o canción se te marca a fuego; se impregnan de una manera distinta a como lo hacen ahora. Queríamos que la peli retratara ese poder sanador del arte.
Al final es una historia sobre la identidad; un viaje que el personaje hace solo, pero arropado por un entorno elegido.
–Absolutamente. Es una de las grandes diferencias con la película original de 1972. Cuando la revisitamos, sentimos que no queríamos tratar esa soledad del mismo modo. Por mi experiencia y la de Alana, en los viajes de identidad son fundamentales los aliados: personas que encuentras, que te acompañan o te mentorizan. Esa familia elegida es fundamental y este viaje rara vez se hace solo. Queríamos rodear a Adela de personas del colectivo LGTBI cuyos conflictos no fueran su identidad, sino fracasar, tener problemas económicos o que el amor de su vida hubiera muerto de sida. Problemas como los de todo el mundo, mientras acompañan a Adela en el suyo.
Hay algún guiño al original, pero habéis querido amplificarlo con otros recursos.
–Funcionan como dos películas que dialogan. Nuestra película arroja luz sobre las zonas de sombra de la original; es como si nuestra Adela fuera heredera de la anterior. Forman parte del mismo árbol genealógico cinematográfico, aunque no cuenten exactamente la misma historia.
“La película se estrena en un contexto de extremismo en el que se están cuestionando derechos y libertades que parecían ya cosidas a la piel”
Y este jueves, preestreno en casa.
–Sí, tengo muchas ganas. Aprovecho para invitar a todo el mundo el jueves a los Golem. Siempre es emocionante estrenar allí, y más habiendo rodado en la ciudad y después de lo que pasó durante la grabación. Sobre todo, lo que hay son ganas de celebrar y enseñar la historia. Estoy orgulloso de la película porque creo que es relevante lo que cuenta y el fin que persigue.
Además, en septiembre estrena otro largo, ‘Cronos’. Nada que ver con este.
–Sí, en septiembre estrenamos este un thriller dramático sobre las 100 horas que se vivieron tras el atentado de Las Ramblas en Barcelona. En un tono casi documental, cuenta cómo sucedió la investigación y todo el tema político que la rodeó. Es una peli muy necesaria por otras cuestiones. Estamos en plena vorágine de postproducción, sonido y visuales. Tengo muchas ganas de enseñarla también.