“Intentamos inventar una trama increíble hasta que vimos que la realidad la superaba”
Los directores riberos afrontan “con una mezcla de emoción y nervios” los dos pases de esta semana de ‘El Convento’, su ópera prima, y el estreno en salas del próximo 10 de julio.
El proyecto nació a partir de una idea de Luis Galindo, que pensó en una historia de terror en un convento con toques sobrenaturales. Se lo propuso a Ángel M. Chivite y este comenzó a profundizar en la propuesta hasta que, de pronto, descubrió el caso real de las monjas satánicas de Corella. Un filón que no podían dejar escapar y más teniendo en cuenta que querían rodar en Navarra y con gran parte del equipo local. El resultado, este jueves, 25 de junio, a las 20.00 horas, en Golem Baiona, y del 10 de julio en adelante en salas de todo el Estado.
En El Convento, hay momentos de tensión, persecuciones, “pero el misterio vienen de otra parte”. “Los personajes son los que van creando el ambiente. Al principio, el convento es un lugar de luz donde está Dios, pero, poco a poco, todo sucede de noche, empieza a llover, hay tormenta, rayos, oscuridad; ya no se hace de día en el convento”, dicen los directores.
¿Cómo viven estos momentos previos a soltar la película?
–ÁNGEL M. CHIVITE: Con una mezcla de emoción y nervios. Por un lado, con la satisfacción de ver que un proyecto en el que empezamos a trabajar hace ya cuatro años por fin se materializa, y, por otro, con los nervios propios del momento de la verdad, cuando toca enfrentarse a la respuesta real del público. Yo creo que es una película que puede funcionar si se le da una oportunidad.
–LUIS GALINDO: Coincido en esa mezcla de ganas y respeto por ver cómo reacciona la gente. Para mí, la película está verdaderamente acabada cuando llega a las salas, a las plataformas o a su ventana de distribución correspondiente; ahí es donde cumple su ciclo. Y en este momento faltaba esta parte tan importante que es recibir los comentarios del público. Es cierto que uno disfruta mucho del proceso de creación y teníamos claro que queríamos hacer esta historia, pero al final el cine se hace para los espectadores.
Ha sido un proyecto largo, intenso y complicado. Ahora que llega a las salas el 10 de julio, ¿qué sabor de boca dirían que les ha dejado la experiencia? Seguramente, habrá habido momentos difíciles.
–A.M.C.: A nivel artístico estamos muy contentos con el resultado y creemos que es un buen producto. Los nervios actuales no se deben a dudas sobre la calidad de la película, sino a la incertidumbre de si el público global la entenderá y si transmitirá lo que buscamos. Hasta ahora, la respuesta en las proyecciones previas y en los festivales ha sido muy positiva. En general, nos queda un gran sabor de boca tanto en lo artístico como en la experiencia de producción, cuyo grueso hemos gestionado nosotros mismos.
–LG.: Ha sido un proceso duro y complicado. Siempre bromeamos con que nos propusimos rodar una película de terror y hemos terminado viviendo nuestra propia historia de terror durante la producción. He pasado más miedo en esa fase que viendo la propia película (ríe).
¿Se refieren a la etapa posterior, a la venta del proyecto?
–A.M.C.: E incluso a la fase previa.
–L.G.: A todo el proceso en general. Esta es nuestra primera película tanto en la producción como en la dirección. Aunque ya habíamos trabajado antes en otros rodajes, es muy diferente estar contratado como técnico que ser el máximo responsable de un proyecto. Una película tiene vida propia y cualquier cambio imprevisto en la financiación o en el desarrollo te da un buen susto. Es como un giro inesperado en nuestro propio guion real.
¿A veces, y más en las coproducciones, opina demasiada gente?
–L.G.: Eso no ha sido un problema; siempre estamos muy abiertos a escuchar, recibir propuestas y dejarnos aconsejar. En ese sentido, el proceso ha sido fluido y, en nuestro caso, los coproductores nos han dado muchísima libertad. Hemos tenido mucha suerte en ese aspecto.
La historia de ‘El Convento’ se inspira en hechos reales, pero ¿qué parte se refiere a lo sucedido con esas monjas satánicas de Corella y cuál se ha ficcionado?
–A.M.C.: No es una película histórica ni narra la historia real paso a paso. Es una obra de ficción completa, aunque incluye muchos elementos reales extraídos del juicio de la Inquisición. Tampoco es la biografía de Sor Águeda. La protagonista mantiene ese nombre porque existió una monja de clausura real que supuestamente hacía milagros y a la que el pueblo aclamaba como santa. También es real el detonante de la novicia que entra al convento y desencadena los acontecimientos. Nosotros tomamos esa base y la adaptamos a nuestra propia narrativa. Al principio desarrollábamos una historia más estándar de terror sobrenatural en un convento, pero al toparnos con los hechos de Corella, vimos que la realidad era mucho más oscura de lo que habíamos imaginado.
–L.G.: Como solemos decir, la realidad supera con creces a la ficción. Nuestra idea inicial era muy sencilla: un convento de clausura en los años 1700 o 1800, una época elegida a propósito para que los personajes estuvieran completamente incomunicados. El concepto era contar una historia en una sola localización, con pocos actos y pocos personajes. En mi idea original, una chica entra al convento, empiezan a ocurrir sucesos extraños, aparece un monstruo y deben escapar como puedan. Trabajábamos en esa línea concreta cuando, durante la escritura del guion, nos hablaron de las monjas satánicas. Nos llamó muchísimo la atención y nos dimos cuenta de que era una historia más fuerte que la nuestra. Nosotros intentábamos inventar una trama increíble y nos topamos con que la realidad nos superaba.
“Siempre bromeamos diciendo que la auténtica historia de terror la hemos vivido durante la producción de la película”
¿Es en ese punto cuando la película pasó de ser una historia de terror sobrenatural a un thriller psicológico?
–A.M.C.: Eso ocurrió a posteriori. Al basarnos en la historia real, los personajes adquirieron una profundidad totalmente distinta. Al reescribir el guion e incorporar a estas figuras, las anteriores versiones resultaron increíbles. Sor Águeda, que en principio iba a ser la típica antagonista de película de terror o el monstruo habitual, dejó de serlo. El terror se transformó en algo diferente y pasó a provenir de otro lugar. En el proceso de desarrollo fuimos incorporando los elementos reales del juicio de Corella, como el hallazgo de cadáveres de bebés enterrados. Supimos que debíamos incluir eso de alguna manera.
–L.G.: También metimos elementos como las ceremonias que las monjas hacían en la iglesia, en las que Sor Águeda lloraba sangre ante el pueblo y luego vendían los pañuelos con los que se secaba.
Lo del marketing ya lo tenían bien estudiado ellas.
–A.M.C.: Era una especie de estrategia de marketing de la época para conseguir donaciones. Tenían un sistema de comercialización de productos con los que supuestamente sanaban a los enfermos. Toda esa estructura le otorgaba a la Sor Águeda real una gran inmunidad y poder frente al obispado. En una época donde las monjas de clausura estaban totalmente supeditadas a las decisiones del cura o del obispo, ella logró un estatus que le permitía mandar por encima de la autoridad eclesiástica local gracias a sus supuestos milagros.
¿Y cómo llegaron a Ana Álvarez?
–A.M.C.: Teníamos claro que buscábamos a una actriz de unos cincuenta años que mantuviera un gran atractivo y una fuerte presencia visual. Más que nada, porque la Sor Águeda Real los utilizaba para seducir a los clérigos.
–L.G.: Y hablando en el Festival de San Sebastián con la novia de un amigo que representa a actores y a actrices, nos pasó su dossier y en cuanto vimos a Ana Álvarez, tuvimos claro que tenía que ser ella. Siempre nos había gustado mucho en papeles como el de La madre muerta. Es una grandísima actriz con un registro muy amplio, capaz de pasar de la dulzura a la frialdad absoluta. Tenía todo lo que buscábamos.
¿Qué les dijo del personaje?
–L.G.: Teníamos cierto temor de que una actriz de su trayectoria rechazara una película de terror realizada por unos directores desconocidos de Navarra. Sin embargo, le enviamos el guion, lo entendió perfectamente y aceptó de inmediato. En las entrevistas siempre comenta que le ofrecimos un papel diferente a lo que habitualmente le llega, algo que suele ocurrir con las actrices de su edad, a quienes la industria a veces encasilla. Creo que todos los personajes femeninos de la película, tanto las jóvenes como las adultas, tienen un gran atractivo, y ella lo vio desde el primer minuto.
–A.G.C.: Su incorporación aportó mucha seriedad y solidez al proyecto de cara a la financiación, especialmente al estar nosotros empezando.
“Ana Álvarez es una grandísima actriz con un registro muy amplio, capaz de pasar de la dulzura a la frialdad absoluta. Tenía todo lo que buscábamos”
En cuanto al resto del elenco, cuentan con varias actrices navarras, entre ellas Nahia Bergasa, que hace su primer protagonista.
–L.G.: La selección de Nahia fue especial, ya que el día del casting llegó tarde por un contratiempo y, aunque inicialmente me preocupó su impuntualidad, en cuanto empezó a realizar las tomas, supe inmediatamente que era la actriz indicada y dejé atrás mis dudas.
–A.G.M.: Para cuando realizó la prueba, ya se había hecho de noche, pero su audición nos pareció excelente desde el primer momento.
–L.G.: Uno de los aspectos que más nos ilusiona del proyecto es que sirva de plataforma. Por un lado, para que la industria redescubra a Ana Álvarez en un registro totalmente diferente y, por otro, para que actrices como María (Mercado) y Nahia tengan una oportunidad profesional importante, ya que tienen un potencial increíble.
–A.M.C.: El mayor éxito del proyecto sería que esta película les sirviera de escaparate para futuros trabajos.
Además de todo lo que han comentado, esta es también una película de mujeres fuertes o, cuando menos, determinadas.
–A.M.G.: Sí, y nos dimos cuenta después, al terminar. No queremos ponernos etiquetas ni decir que la película va sobre el empoderamiento de la mujer, pero sí es verdad que es una película de mujeres con intención de alcanzar sus distintos objetivos.