Considerado una de las grandes voces de la lírica internacional, el tenor donostiarra Xabier Anduaga llega a Pamplona en uno de los mejores momentos de su carrera. Entre sus hitos recientes está su debut en el Metropolitan o su papel protagonista de Werther en el Gran Teatre del Liceu. Ahora, tras recorrer muchos grandes teatros del mundo le toca cantar cerca de casa, en Baluarte, para cerrar la temporada de la Fundación con un repertorio que le brindará la oportunidad de repasar sus diez años de trayectoria, con obras de Donizetti, Bellini, Verdi, Rossini, Bizet, Massenet o Sorozábal. 

El domingo estará con la Orquesta Sinfónica de Navarra, una oportunidad para que le escuchen en casa ¿cómo va a ser la gala lírica a nivel de repertorio? 

– Pamplona para todos los guipuzcoanos como yo es casi como la segunda casa. El concierto va a ser un recorrido por los 10 años de carrera que cumplo este verano. Voy a cantar las árias más representativas de mi trayectoria y va a ser muy especial. Desde las primeras árias que cantaba cuando iba a las audiciones de los teatros del mundo hasta mi último debut en Barcelona con Werther. Un recorrido de todo lo que he ido haciendo por el mundo que ahora lo traemos a Pamplona.

¿Se prepara de manera diferente cuando toca, como ahora, cantar cerca de casa?

–No, yo soy como un robot y tengo mi preparación siempre la misma y no voy cambiando. Yo creo que parte de lo que funciona es tener una rutina y hacer las cosas siempre parecido para que sepas si estás bien, si estás mal, qué tienes que hacer para mejorar. Yo canto siempre igual.

 ¿Cómo se controlan las emociones en el escenario? 

–Con preparación, con respeto al público y sabiendo dónde estás y lo que haces en el escenario, que es intentar dar la máxima calidad posible para que la gente disfrute. 

Este año ha sido un año importante para usted. Ha estado en grandes escenarios y ha afrontado grandes retos ¿Cuál es el balance? 

Era una temporada importante para mí porque al principio de la temporada volví al Metropolitan, a Nueva York, uno de los teatros más históricos e importantes para todos los cantantes de ópera. Empezaba muy fuerte la temporada y uno de los últimos títulos ha sido debutar con Werther en en Liceu en Barcelona, que es uno de los papeles claves en la carrera de un tenor. Un papel que a mí me ha llegado pronto por edad, igual no por trayectoria, pero sí que sentía que era un reto importante. 

Un papel arriesgado, pero realmente por lo que ha dicho la crítica ha sido una muy buena decisión hacerlo.

– Sí, yo creo que sí. Es un papel que, desde el día que se anunció, ha sido comparado a todos los Werther que han pasado por el mundo y sobre todo por Barcelona. No había día que no escuchase el nombre de Krauss o el de Carreras por el teatro. Eso es una motivación extra para cualquier cantante. Tenores en los que siempre me he fijado, como Carreras y tener la oportunidad de que me escuchase la última función del Werther y poder estar hablando con él, fue una de las cosas más importantes de esta temporada y de mi carrera probablemente.Que te diga que sí, que lo has hecho bien, que él veía en mí algo. Me dijo “gracias por cantarlo”. Eso es lo más bonito que me han dicho.

“En mi carrera como tenor he dicho hasta ahora más veces no, que sí, y eso es parte de que las cosas estén yendo bien. Ir despacio es importante”

Está considerado una de las grandes voces de la lírica, supongo que a veces pesa un poco esa responsabilidad, que a uno mismo le tiene que costar decir, 'soy yo el que está aquí'. 

–Yo creo que no lo habré dicho nunca, ni me oirá nadie decirlo. Ni internamente por si acaso, pero sí que entiendes la situación en la que estás y dónde te colocan, sobre todo los teatros. Para mí es más importante, más que pensar en todo eso, el hecho de que cuando vas a un teatro vuelvas a él. Eso es el mayor éxito y logro de mis diez años. Poder estar hablando con los teatros de volver. 

En el mundo de la lírica no es fácil abrirse puertas y lo importante es que esas puertas se queden abiertas cuando uno entra para volver como dice a los teatros en los que ha triunfado. 

–Es muy complicado, casi imposible, llegar, pero el hecho de seguir, de mantenerse y de estar años cantando y volviendo a los teatros, creo que esa es la parte casi imposible, que es la más importante de cultivar y de trabajar. Se consigue con respeto al oficio y seguir cada día haciéndolo lo mejor posible. Porque esa es la única fórmula para estar, para mantenerte y para seguir avanzando. Yo pienso en el día a día y pienso que hoy estoy aquí, en Pamplona, que luego me voy a Roma, que luego a París. No pienso en dentro de cinco años qué voy a hacer, pero evidentemente hay que saber qué pasos hay que dar para poder estar en cinco años cantando bien. Eso sí es vital. 

En este momento su carrera va a un ritmo fuerte, ¿Cómo gestiona su agenda? ¿Cuál es la manera de elegir los papeles adecuados?

– Yo tenía muy claro desde el principio de la carrera que me daba igual lo que pensase la gente, pero yo no iba a aceptar hacer papeles porque lo hubiera hecho otra persona. Yo quería seguir mi camino y el hecho de aceptar papeles era porque pensaba que en ese momento estaba preparado. Nunca hacerlo porque Kraus lo ha hecho, porque Pavarotti lo ha hecho, porque Domingo lo ha hecho. Hacerlo porque yo puedo hacerlo, igual que acepté por ejemplo el Werther, o La Traviata, o Rigoletto porque pensaba en ese momento que iba a ser capaz de hacerlo. No porque históricamente se haya hecho así. De hecho, creo que he dicho en la carrera hasta ahora más veces no, que sí, y eso puede ser parte de que las cosas estén yendo bien. Decir que no y tener espacio y tiempo para poder estar en casa, descansar, estar ahora por ejemplo con mi hijo, con mi mujer, con mi familia, pero también estar en casa para poder estudiar, que nadie habla de esa parte. No podemos seguir cantando en los mejores teatros al mejor nivel si no estudiamos. 

“No conozco otra manera de hacer esta carrera que no sea con mi mujer y ahora con mi hijo, de dos años cerca. Es así como quiero hacerlo”

La voz es su instrumento, hay que cuidarla. 

– Completamente. Si no respetamos las cuerdas, no tenemos instrumento. 

Ese cuidado y ese saber elegir ha sido hasta ahora acertando y es determinante, también de cara a papeles para el futuro. 

He dicho que no a cantar La Bohème, Norma... a muchos les he dicho que no varias veces ya. Estoy muy contento y orgulloso de haberlo hecho, porque creo que no es el momento. Mi momento está en seguir en el belcanto, en seguir en el repertorio francés, que serán mis siguientes papeles. Será Romeo, será Fausto, pero en ningún momento voy a hacer, como me han dicho, Carmen o La Bohème. Creo que hay tenores espectaculares por el mundo que lo hacen muy bien, que hacen disfrutar al público y no es mi momento. Llegará y cuando llegue intentaré hacerlo lo mejor posible. Ese ir despacio es importante.

Estamos en un mundo que nos marca muchas metas y velocidad, en el mundo de la lírica también. 

– Creo que es la lírica y que es el siglo XXI en el que estamos, que todo tiene que ser inmediato, todo tiene que ser 3 segundos, 30 segundos de vídeo, si no, no me interesa. Y en la ópera lo mismo. Parece que si no haces en 5 años todos los papeles del mundo, no eres un tenor. 

Me gustaría preguntarle por esos inicios en el Orfeón Donostiarra, ¿qué es lo que le aportó estar en una entidad de ese nivel, antes de lanzarse a su carrera en solitario?.

– Ha ido muy importante porque estar en el Orfeón te aporta respetar al público, a tus compañeros, darte cuenta de que nunca el trabajo es de una sola persona sino un todo. Porque da igual que tú cantes muy bien, si no está bien el coro, si no está bien la orquesta, el maestro, tus compañeros, no tiene ningún sentido. El Orfeón me aporta eso, el haber visto desde muy pequeño cómo hay que prepararse para llegar a un ensayo, el estar callado, el silencio, el respeto, la puntualidad, cosas que parecen tonterías, pero que te las enseñan desde los nueve años. Yo lo tengo en la sangre porque lo he vivido, porque sabía lo que era estar en una cuerda con otros diez tenores y que yo no fuera importante para nada, que fuéramos todos importantes.

Muchas veces asociamos a los grandes tenores y sopranos, a las grandes voces de la lírica como personas individualistas, divos y divas.

–Eso pasa porque los cantantes, yo me incluyo, cuando salimos al escenario nos creemos los mejores del mundo porque necesitamos eso, porque estamos delante de dos mil personas y hay que tener valor para hacerlo. El hecho de creerte en ese momento que lo estás haciendo muy bien, que eres el mejor, que vas a por lo máximo, a veces se confunde con los divos o con que se creen que no piensas en los otros y no tiene nada que ver. Para eso haces los ensayos para ver que todos están en su sitio. Yo siempre lo asocio a los futbolistas, el delantero tiene que meter un gol. Evidentemente es un trabajo de equipo, pero si no metes gol no ganas el partido. Y en esto es igual.

¿Se imaginó alguna vez que iba a tener esta trayectoria, esta carrera profesional que tiene ahora? 

– No, es imposible. Nadie se imagina esto. Yo estaba en el conservatorio y me fui a Italia a hacer un curso a una academia y yo no sabía ni dónde estaba metiéndome. Yo sabía que iba con el maestro Alberto Zedda, a estudiar con el mejor y a intentar sacar lo máximo posible. Lo que no sabía es que iba a debutar en Italia sin saber ni lo que era un ensayo con orquesta, que iba a terminar la función y que iba a empezar a hablar con el director de casting del Metropolitan, que iba a hablar con seis agentes en ese momento, que no sabía ni lo que era un agente. Y que iba a estar hablando con ellos sobre proyectos al mes siguiente. No me imaginaba nada de eso. Cuando empecé a hacer las audiciones, evidentemente decía, bueno, pues ojalá. Para eso las hacía. No las hacía para viajar a Nueva York, sino que viajaba a Nueva York con toda la ilusión de poder cantar algún día ahí.

Los sueños al final se van cumpliendo. 

– Yo pienso que si los sueños los cultivas, se pueden conseguir. Pero tampoco pienso esto que se dice mucho de si lo quieres, lo puedes conseguir. Eso es mentira. Si lo quieres, trabajas mucho, puede ser que lo puedas conseguir. Pero no todo el mundo. Creo que es un nivel de presión que no deberíamos poner a todo el mundo. No todo el mundo llega, ni va a conseguir lo que se pone como objetivo. Yo también tengo objetivos que no consigo.

Antes los tenores llenaban estadios. Ahora llenan teatros importantes y los estadios los llenan otro tipo de música. ¿Siente que la gente joven, de su generación, está ajena al mundo de la lírica y de la ópera o hay un acercamiento? 

Yo veo un acercamiento. Veo muchas buenas iniciativas que están ayudando a eso sobre todo en teatros. Sí hay gente joven, lo que pasa es que hay desconocimiento. Lo que me pasaba a mí también. Yo tampoco lo conocía. Para que te guste algo lo tienes que conocer. Creo que sí hay un poco de inquietud. Hay mucha gente joven que va a verlo por primera vez y yo cada vez me encuentro más gente joven que quiere repetir. La primera vez que alguien ve una ópera es un momento también muy importante. Hay que elegir bien, no hay que ir a ver la más complicada, hay que ir a divertirse un poco y luego ya ampliar. ¿Cómo no nos va a gustar una ópera que la escena es en el momento, está viva y cada día es diferente? 

Recibir el Tambor de Oro de mi ciudad es un honor, como para un pamplonés lanzar el Chupinazo

Antes ha hablado de la inmediatez, de que vivimos en un mundo en el que queremos consumirlo todo rápido, pero la música lírica necesita su tiempo. 

Es verdad y no se puede poner a velocidad por dos para escucharla. No se puede acelerar. Hay que disfrutarla en vivo o a través del cine, que es una buena opción en muchas ciudades. Pero sí que es verdad que hay que apelar a esa necesidad de tiempo para poder disfrutar. Por ejemplo el concierto de Pamplona serán dos horas en las que se pasa por óperas diferentes. La gente lo puede disfrutar de principio a fin, cualquier persona. Tenemos falsos prejuicios de que ver o escuchar una ópera es elitista. Pero la ópera no es elitista. A mí me encanta el fútbol y ¿cuánto se paga por ver una final de La Champions? ¿Cuánto cuesta una ópera? 

Es un tema más personal, su pareja es parte esencial de su vida y de su carrera para poder llevar una agenda por todo el mundo.

Es que yo no conozco otra manera de hacer esta carrera que no sea con mi mujer y ahora con mi hijo, de dos años. Si alguno de los elementos salen de mi carrera y de mi vida, yo no quiero hacerlo. Ella es todo. Evidentemente. Cuando tenemos una cosa buena o una cosa mala, la vivimos juntos. Cuando estudiamos cada nota, la estudiamos juntos. Y ahora con el niño, lo seguimos haciendo. Buscamos la forma, sea a través de ayuda de familia, de amigos, de profesionales, pero yo necesito esta manera de hacerlo porque quiero hacerlo así y porque es como nos funciona y como nos hace felices.

Y por acabar, ¿qué supuso para un donostiarra recibir el Tambor de Oro de la ciudad? Me imagino que un poco como para un pamplonés lanzar el Chupinazo, ¿no? 

–Yo creo que es el símil perfecto. Para poder explicarlo tendría que hacer una película. Porque fueron tantas cosas, tantos momentos, desde el momento en decírmelo que me llamó el alcalde y yo pensaba que era una broma. Y le dije pero en serio, y me dijo, ¿pero lo quieres recibir? Porque hay que aceptarlo. ¿Cómo no voy a querer recibirlo? Creo que no hay nada más bonito que tu ciudad te reconozca y sobre todo ya no que te reconozcan con el Tambor de Oro, sino ver cómo en cada acto que hicimos la gente estaba contenta. Y eso creo que es lo más bonito que tiene el Tambor.