pamplona - En 1991 la vida cambió por completo en la familia Herrera-Torres después de que su hijo Gorka, con 15 años, sufriera un accidente de tráfico que le provocó un daño cerebral severo. En aquel momento su progenitor, José Luis, tenía 40 años, regentaba un negocio de hostelería en Pamplona y le gustaba el fútbol. En el proceso de recuperación, Gorka comenzó sesiones de rehabilitación en la clínica Ubarmin, a las que le acompañaba su padre. Durante la espera, José Luis entabló amistad con familiares de pacientes que sufrían una lesión semejante a la de su hijo. “En un principio, piensas que solo tu familia soporta esta situación, pero luego compartes testimonios con personas que experimentan episodios iguales, o incluso, peores, y te sientes comprendido”, desvela el presidente de Adacen desde hace 15 años. Máximo Abete, con su mujer con daño cerebral adquirido, y Toya Ona, con su marido, coincidieron en aquella clínica a principios de los 90 con José Luis. Los tres, que intercambiaban sus experiencias e inquietudes, fundaron con el asesoramiento de la trabajadora social de Ubarmin una asociación para ayudar a las personas con esta lesión y familiares. “Dedico el Premio a la Excelencia Ciudadana a Máximo y Toya, que ya fallecieron, a los usuarios de Adacen, socios, voluntarios y plantilla”, remarca José Luis, de 68 años.
¿Qué le ha aportado Adacen?
-La asociación se ha convertido en mi segunda casa tras estos 25 años. Si mi hijo no hubiera padecido un daño cerebral adquirido tras el accidente de tráfico, seguramente esta enfermedad sería desconocida para mí. Con Adacen hago terapia, porque muchos días acudo al centro de Mutilva para acompañar y hablar con los residentes y usuarios. Cuando me marcho, reflexiono sobre la situación injusta que atraviesan. Actualmente al centro Toya Ona de Mutilva acuden 40 personas durante el día, entre las 10.00 y 17.30 horas, de las que nueve son residentes, y entre 80 y cien reciben diferentes terapias.
Al crecer la demanda, ¿piensa Adacen en ampliar instalaciones?
-En un principio, el usuario joven solicita rehabilitación, posteriormente un centro de día y ya cuando cumple 50 años, residencia. La misma evolución de las personas que padecen esta lesión nos plantea la necesidad de ampliar la residencia. Nos encontramos en una parcela de 6.000 m2 en unas instalaciones de 600 m2. También contamos con un centro en Tudela, y desde hace unos años hemos impulsado una iniciativa de envejecimiento activo en Azpilagaña. Además, este año inauguramos en Mutilva el Adacen Neurolab, un living-lab de innovación tecnológica y metodológica especializado en envejecimiento y lesión neurológica para ser referente nacional y europeo, ya que somos los primeros en constituirlo.
¿Cómo definiría a la plantilla?
-Multidisciplinar, con un ambiente de trabajo bueno, sano y familiar.
¿Qué hay que hacer para apuntarse como voluntario?
-La persona interesada es entrevistada por la asistente social antes de empezar a ayudar. En algunas ocasiones, aquellos que han cometido infracciones de tráfico o robos y les han sancionado con trabajo social, una vez que han cumplido con esta tarea, a veces regresan como voluntarios al centro.
Desde hace 15 años preside Adacen. ¿Piensa en dejar el cargo?
-Me gustaría, pero no hay un relevo. Si hubiera familiares jóvenes con ganas de empujar y trabajar no me importaría apartarme.