Desde finales del siglo XVIII en Iruñea ya existía un sistema de saneamiento para las aguas residuales y muchas viviendas de la ciudad tenían servicios o váteres. Sin embargo, al no haber agua corriente en las casas, el baño y el aseo personal debían hacerse en condiciones, cuando menos, precarias. Por esta razón, en 1852 la corporación municipal acordó construir una casa de baños públicos, eligiendo para ello un espacio existente en el paseo de Valencia, frente a la Casa del Vínculo. De esta forma, se trataba de cubrir, al menos en parte, una necesidad imperiosa para los habitantes de la ciudad.

El consistorio estaba dispuesto a aportar el agua sobrante del suministro a las fuentes de la ciudad, procedente del manantial de Subitza, preparar el solar con la tala de los árboles existentes y gestionar con el Cuerpo de Ingenieros del ejército español el permiso para la edificación. En el pliego de condiciones para la subasta de adjudicación de la obra y posterior gestión de la instalación, figuraba explícitamente que los baños deberían estar dispuestos y abiertos todos los días del año, a cualquiera que lo solicitara con la debida antelación.

Realizada la subasta pública, fue Deogracias Insausti quien se quedó con la concesión por la cantidad de 25 000 reales de vellón. Cuatro días más tarde, en el sexteo, quedó el remate a favor de Tomás Mezquiriz en 101 166 reales. Sin embargo, este último cedió la adjudicación al señor Insausti, que fue quien finalmente materializó el proyecto.

Oposición militar

El Cuerpo de Ingenieros del ejército español, se oponía a la construcción de dicho edificio. La más que probable razón era que iba a ocupar una buena parte del espacio que quedaba delante del cuartel de caballería, espacio que ese cuerpo utilizaba como plaza de armas, en donde efectuaba sus ejercicios de instrucción y sus paradas militares y en donde se encontraba el aska (abrevadero) que utilizaban para dar de beber a sus caballerías. Finalmente, el consistorio necesitó y recibió por Real Orden de 25 de mayo de 1853 el permiso específico de la propia reina española, Isabel II.

El jardín central de la Casa de Baños con su pequeño estanque y la fuente surtidor. J. Galle AMP

Para la construcción del edificio en agosto de 1853 el señor Insausti compró, por la cantidad de 10 000 reales, la piedra procedente de la demolición de parte de la torre de la iglesia de San Lorenzo. La torre había quedado muy dañada en el episodio de la sublevación del general O’Donnell y algunos sectores liberales moderados y carlistas, ante la ofensiva anti fuerista del gobierno de Espartero.

Acantonado en la Ciudadela, en octubre de 1841, el general ordenó bombardeos contra las tropas fieles a Espartero que ocupaban otros cuarteles de la ciudad. Las más de 1 500 granadas lanzadas produjeron graves daños, entre otros lugares, en la torre de San Lorenzo. Años después, en 1853 algunas piedras cayeron accidentalmente desde la inestable y dañada torre, piedras que estuvieron a punto de provocar una desgracia a varias personas que tomaban el sol sentadas junto a la iglesia. El consistorio, en previsión de nuevos accidentes, decidió demoler la cúspide de la torre y rehacerla, aunque algo menos elevada, como así se hizo. Como hemos indicado, esas piedras sobrantes iban a utilizarse en la construcción de la Casa de Baños.

Evolución urbana

El edificio ocuparía un solar cuadrado de 35 metros de lado, constando de planta baja más un piso, patio central y una superficie total de 1 200 metros cuadrados. Su fachada principal quedaría alineada con el resto de edificios del paseo, entonces denominado de Valencia, la casa de Misericordia y el edificio de hornos del Vínculo (1). La pequeña calle que lo separaba de este último edificio y que seguía una línea directa con la calle de enfrente, la calle San Miguel, recibió por acuerdo municipal de 12 de enero de 1859 precisamente el mismo nombre, como continuación de la misma. En el andén central del paseo se colocaron unas artísticas columnas de piedra, que señalaban a los viandantes la citada calle San Miguel, atravesando el paseo perpendicularmente.

Unos años después, en 1890 y por iniciativa expresa de los vecinos de la calle San Nicolás, que reivindicaban la figura del gran músico Pablo Sarasate, nacido en su calle, el consistorio puso su nombre a ese pequeño tramo de la calle San Miguel. En el mismo acuerdo de 12 de enero de 1890 también se decidió poner nombre a la vía pública que separaba la Casa de Baños de la recién construida manzana F del primer ensanche. La misma fue dedicada al gran tenor roncalés Julián Gayarre, precozmente fallecido tan solo una semana antes del acuerdo.

Una calesa, en calle Alhóndiga, entonces calle Gayarre. 1900 V. Isturiz. AMP

Trece años después, en 1903 el ayuntamiento decidió nombrar al hasta entonces paseo de Valencia como paseo o boulevard de Sarasate, haciéndose eco de las demandas ciudadanas, que decían que la limitada calle dedicada al gran violinista pamplonés era muy poca cosa, dada la relevancia mundial de su figura. Con la intención de ser justos y equitativos con el otro gran artista navarro que tenía otra corta calle adyacente, en el mismo acuerdo se decidió dar al teatro Principal de la plaza del Castillo el nombre de teatro Gayarre, en honor del afamado tenor erronkariarra.

La vida en la Plaza del Vínculo

La parte trasera de la Casa de Baños daba a una plaza, en aquella época oficialmente innominada, pero que los ciudadanos llamaban ya plaza del Vínculo, por encontrarse limitada por el edificio de los hornos del Vínculo. En medio de aquella plaza el cantero Avelino Torlier construyó en 1870 un aska de 25 metros de longitud, en donde eran capaces de abrevar hasta 80 caballos a la vez. Teniendo presente que el aledaño cuartel de Caballería contaba con aproximadamente 400 caballos en sus cuadras, y que tenían que abrevar dos veces al día, el abrevadero, estaba casi siempre ocupado.

Aunque no he encontrado más documentación que lo evidencie, en un plano de la ciudad de 1888 aparece dibujado junto a este abrevadero otro más pequeño, subrayado como «para paisanos». Cuando en la última década del siglo XIX se construyó allí la nueva Alhóndiga, también era frecuente que abrevaran allí las caballerías que tiraban de carros y galeras (2). La plaza fue desde enero de 1890 oficialmente denominada como plaza del 22 de agosto, en conmemoración de la Ley de 22 de agosto de 1888, que permitió derribar dos baluartes de la Ciudadela y utilizar el solar resultante para la construcción del primer ensanche de la capital. En 1949 pasó a denominarse plaza de la Argentina y a partir de 1974 plaza del Vínculo, como popularmente se había conocido siempre.

La plaza del Vínculo, entonces llamada de 22 de Agosto, enmarcada por la Casa de Baños, el edificio de Correos y el del Vínculo. En el centro el aska o abrevadero. 1930 J. Cía. AMP

El coste total de la obra de la Casa de Baños fue de 278 092 reales, instalándose los baños en el centro del edificio, alrededor de un hermoso jardín. Algunas de sus bajeras externas se destinaron a comercios y almacenes en régimen de alquiler.

El establecimiento disponía para el servicio público de cinco cuartos, diríamos de primera clase, con bañeras de mármol, una de ellas doble, para matrimonios. El resto eran dieciséis cuartos individuales, con bañeras de zinc. El servicio inicialmente incluía una ducha común, aunque era raramente utilizada. A cada bañista se le entregaba una larga y amplia camisa y una pastilla de jabón. Por un módico suplemento, algunos bañistas se hacían con una bolsita de salvado para disolver en el agua, con el consiguiente efecto suavizante para la misma.

A pesar de estar habitualmente abierta de seis de la mañana a ocho de la tarde, especialmente en verano el número de usuarios era grande y muchas veces había que esperar turno para el baño. En ese caso la espera se hacía en el patio interior, lugar ajardinado, con una bonita fuente surtidor y un pequeño estanque. La abundancia de enredaderas y madreselvas, daban al espacio un ambiente de frescura que, sobre todo en días calurosos, hacía la demora más llevadera (3).

En 1885, el dueño del edificio, Deogracias Insausti, falleció, pasando la propiedad a su viuda Simona Mezquíriz. Ese mismo año la propietaria arrendó el servicio de baños a la sociedad Riezu y Cía., que establecieron algunas mejoras en el servicio. Además de la compra de cuatrocientas toallas y otras tantas sábanas, se habilitaron estufas para poder calentar los cuartos en invierno, se colocó una bomba de presión para el correcto funcionamiento de las duchas, y como gran novedad, unos llamadores eléctricos en cada cuarto, que sonaban en un panel colocado en la recepción. Por otra parte, se habilitó una sala de espera con libros y periódicos a disposición de los clientes, así como un buen surtido a la venta de perfumes y jabones.

Durante algo más de sesenta años el servicio de atención a la clientela lo llevó con esmero y dedicación Marcelina Zurrutuza, mujer que llegó a ser famosa en la ciudad por su excelente profesionalidad y que, por tanto, merece el reconocimiento de pasar a la historia junto con la propia Casa de Baños.

Cierre definitivo y ebullición comercial

La Casa de Baños estuvo activa como tal hasta 1922, año en que cerró sus servicios. Sus locales fueron seguidamente ocupados por comercios y almacenes a añadir a los previamente existentes. Muy poco después, en noviembre de 1925 el ayuntamiento inauguró un nuevo servicio de baños públicos en la calle Calderería, para intentar cubrir las necesidades de una parte de la población que, a pesar de la llegada del agua corriente a la mayoría de viviendas en la última década del siglo XIX, seguía sin disponer de los servicios higiénicos necesarios.

Como ya se ha dicho, el edificio de la Casa de Baños, además de las propias instalaciones fue ocupado desde su inicio por algunos establecimientos comerciales o de servicios y por algunas viviendas en la planta primera. Tras el cierre de los baños, sus locales albergaron nuevos comercios. Por ejemplo, en 1885 se trasladó a una de las bajeras el almacén de la Administración Militar, que había estado en el viejo convento del Carmen en la Navarrería. También en 1900 se instalaron en uno de los espacios las Madres Franciscanas Misioneras de María, más conocidas como las monjas blancas, hasta que en 1902 se trasladaron al todavía existente convento del soto de Lezkairu.

En el paseo de Sarasate número 11, esquina con la calle Vínculo tuvo su sede a partir de 1922 el Sporting Club Navarro, fundado en 1907 y que antes se había radicado en las calles Taconera y Estafeta. Además, en el local de Sarasate se arreglaban y vendían bicicletas, siendo Víctor Pascual el encargado de la tienda y representante oficial de las famosas y premiadas bicicletas francesas Alcyon. Víctor Pascual era un reconocido militante republicano y en el verano de 1936 fue detenido y posteriormente asesinado en el bosque de Orgi, en Ultzama (4). En el número 1 de la calle Gayarre, después Alhóndiga, tenía un taller de carros, berlinas y tartanas el aquitano Carlos Ducharlet, cuyo negoció adquirió a su muerte en 1909 Miguel Mendiboure (5).

El Sporting Club Navarro y su comercio de bicicletas en un bajo de la Casa de Baños. 1926 autor desconocido AMP

También estuvo instalado en la Casa de Baños el primitivo Sindicato de Iniciativa y Turismo, entidad sin ánimo de lucro, fruto de la iniciativa privada, que como en otras localidades nacieron con la finalidad de potenciar el desarrollo turístico. Cuenta el historiador Arazuri que al frente de esta entidad estaba un pamplonés castizo que tenía gran habilidad para atrapar los gatos que entraban en el jardín del edificio, que después regalaba o vendía a un conocido peluquero, apodado Patachula, que se los merendaba con sus amigos en una taberna de la calle Calderería.

Derribo en 1969

Una vez cerrado el establecimiento de la Casa de Baños, en 1934 el consistorio pamplonés se planteó la necesidad de derribar el edificio y levantar en su solar uno más acorde con la actualidad del momento (6). Incluso barajó la posibilidad de construir allí una nueva casa consistorial, ya que la antigua se estaba quedando obsoleta. Nada de ello se llevó a efecto, hasta que la Casa de Baños fue derribada en 1969.

Precisamente, en las catas arqueológicas realizadas estos días durante las obras de la nueva urbanización del paseo de Sarasate, han aparecido unos restos probablemente correspondientes a su cimentación. Tras el derribo, en el solar resultante se construyó un gran y moderno edificio de viviendas de nueve plantas. Fue una de las primeras actuaciones que rompieron la armonía urbanística del paseo de Sarasate, actuaciones que seguirían en los años siguientes y de las que hablaremos en una próxima entrega de esta serie.