Vivir para contarlo

30.07.2021 | 10:19
Un empleado de limpieza, con máscara protectora, realizando labores de desinfección por el coronavirus en Estella.

Después de año y medio de pandemia, lo único que podemos tener claro a estas alturas es que estos tiempos pasarán a la historia y que habrá un antes y un después de la irrupción del coronavirus. Pocos se atreven a vaticinar qué nos aguarda. Todo parece indicar que después de este tiempo ya hemos escarmentado y que conviene guardar las medidas de seguridad aunque sea por la evidencia de que saldremos antes de esta pesadilla.

Entre tanto, llega de nuevo las fechas de las fiestas y todo son recuerdos de lo que aquello significaba. No es el momento de mitificarlos y sí de pasar de largo por estos días como hemos pasado otros a los largo de este tiempo de pandemia. Ni hoy habrá cohete, ni existe el Viernes de Gigantes si con ello evitamos un solo contagio.

Es una situación extraña para todos. Posiblemente lo sea de manera especial para la juventud que es la que toma al asalto y con mayor fuerza las fiestas; los que históricamente han exprimido las horas de juerga muchas veces hasta la extenuación. Hoy nos toca pedir calma aunque la gran mayoría de ellos saben lo qué tienen que hacer porque durante estos meses de Covid lo han venido haciendo de manera ejemplar. Este año de nuevo las fiestas de Estella-Lizarra, como las de cualquier localidad de Navarra, tienen que pasar de largo sin mayores problemas porque nos jugamos mucho. Entre otras cosas el tiempo: hay que acabar con esta lacra cuanto antes. Cuando arrancó el confinamiento todos sufrimos en nuestras vidas la experiencia de vivir encerrados durante muchos días.

Hoy, entre las sensaciones que tendremos al ver de nuevo que no es tiempo de fiestas, debemos seguir estando a la altura de este momento histórico que nos ha tocado vivir y en el que tantos han perdido la vida. Sin entrar en profecías vamos a pensar que queda poco de este paréntesis de la normalidad. Las fiestas es una buena herramienta para cambiar el mundo aunque sea por unas horas, no podemos usarla como una ruleta rusa, apuntándonos a nosotros o contra los nuestros. Un esfuerzo más a los más jóvenes. La mayoría contaréis vuestra proeza a las generaciones venideras; unos pocos guardarán silencio.

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