La sorpresa del Ceuta
En una liga tan impredecible como la Segunda, la nota más imprevista la está dando el Ceuta, heredero de aquel Atlético Tetuán que llegó a Primera (1951-52) y que ha vuelto a una Segunda en la que no competía desde 1968. Recién llegado, con un modesto estadio de 6.500 espectadores y con el penúltimo presupuesto de la categoría –solo supera al Granada–, ocupa el 9º puesto, virtualmente salvado y no muy lejos de la promoción de ascenso a Primera, que sería toda una campanada. ¿La clave de su éxito? Saberse modesto y disfrutar con humildad de estar en el fútbol profesional. Es decir, fichar experiencia, construir desde la defensa, convertir su feudo en un fortín (10 victorias en 15 partidos) y pelear cada balón y cada punto. Un equipo peculiar en un sitio aún más peculiar –Ceuta no tiene aeropuerto (no cabe), por lo que hay que coger el ferry para visitarlo, y él lo usa cada dos semanas– que es difícil que no provoque simpatía.
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