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La Cartuja: fútbol lejos de la civilización

La Cartuja: fútbol lejos de la civilización

La RFEF envidia que las federaciones de otras grandes ligas tengan estadios emblemáticos –Wembley, Parque de los Príncipes...– y ha querido hacer lo propio con La Cartuja de Sevilla, que cumple tres premisas interesantes: no es sede oficial de ningún club –el Betis lo usa ahora por las obras en el Villamarín–; tiene un buen aforo (70.000 espectadores); y está en una ciudad atractiva y con una gran capacidad hotelera. El problema es que en todo lo demás, el estadio de La Cartuja es... penosillo. Cada vez que lo visita la sufrida afición de algún equipo –la última, la de la Real–, las opiniones críticas son idénticas. Sobre todo en cuanto a la ubicación: en el quinto pino y más allá, y con un servicio horrible de transporte público o privado. Acabar el partido es iniciar la larga caminata de vuelta a la civilización. Y con las aficiones mezcladas a la fuerza, que algún día se liará parda en uno de esos regresos, ahí en medio de la noche, ahí en medio de la nada.