Los penaltis representan uno de los momentos de mayor presión en el deporte de élite. Aunque a simple vista puedan parecer una cuestión técnica, detrás de cada lanzamiento intervienen complejos procesos psicológicos que pueden determinar el éxito o el error, incluso en los mejores futbolistas del mundo. Así lo explican la Dra. Laura Estebarán Viñas y la Dra. Priscila Fabra López, profesoras del Grado en Psicología de la Universidad Europea de Valencia.
Cuando un jugador se enfrenta a un penalti decisivo, su organismo reacciona de forma natural: aumenta la frecuencia cardíaca, aparece tensión muscular y se incrementa la sensación de nerviosismo. Estas respuestas, lejos de ser negativas en sí mismas, pueden ayudar a movilizar los recursos necesarios para afrontar la situación. La clave, sin embargo, reside en cómo se interpretan y gestionan.
Casos como los fallos de Lionel Messi en el Mundial de Rusia 2018 o de Harry Kane en Qatar 2022 reflejan que la presión psicológica no desaparece con la experiencia ni con el talento. En estos momentos, la atención del jugador se ve condicionada por múltiples factores: el impacto del resultado, las expectativas externas o las posibles consecuencias del error.
Uno de los mayores retos consiste en mantener el foco en aquello que depende del propio deportista. Estrategias como las rutinas previas al lanzamiento como son la respiración, la colocación del balón o secuencias de movimiento, permiten reducir la
influencia de factores externos y favorecer la concentración. Además, en situaciones de máxima presión puede aparecer el conocido “bloqueo”, un fenómeno por el cual el deportista intenta controlar de forma consciente movimientos que normalmente realiza de manera automática, dificultando así su ejecución.
“Los mecanismos psicológicos que se activan en un penalti son muy similares a los que experimenta cualquier persona ante un examen, una entrevista o una presentación importante”, explica la Dra. Priscila Fabra López. “La diferencia no está en quién siente más presión, sino en cómo se gestiona y en la capacidad para mantener la atención en la tarea”.
Por su parte, la Dra. Laura Estebarán Viñas destaca que “la resiliencia, la tolerancia a la frustración y la capacidad de adaptación son competencias psicológicas tan importantes como las habilidades técnicas o físicas, especialmente en contextos de alta exigencia”.
Ambas expertas coinciden en que la preparación psicológica es ya un pilar clave del deporte de alto rendimiento: “Igual que se entrena la técnica o la condición física, también se trabajan habilidades como la regulación emocional, la concentración, la visualización o la gestión de la presión. La fortaleza mental no consiste en no sentir nervios, sino en disponer de herramientas para rendir adecuadamente cuando estos aparecen”.
En definitiva, los penaltis no solo se juegan con los pies, sino también con la mente. Y es precisamente en ese equilibrio entre emoción y control donde se decide, en muchas ocasiones, el resultado final.