Beethoven: en busca de la sonoridad perfecta desde el silencio

El médico Miguel Ángel Martínez-González es un apasionado de la música clásica y su compositor favorito es Beethoven. El compositor alemán se quedó sordo y compuso su novena sinfonía, convertida posteriormente en himno de Europa, imaginando en su cerebro cómo sonaría en la realidad

10.09.2021 | 14:47
Un conjunto de cuerda interpreta una obra.

De entre las grandes figuras de la música clásica, una de las personalidades más apasionantes es sin duda la de Ludwing Van Beethoven. El genio alemán, nacido hace 250 años en Bonn, tuvo una vida propia de los genios románticos, con vaivenes de emociones como las que recreó en sus geniales composiciones. De familia humilde, sufrió los castigos de su padre alcohólico, que, obsesionado con convertirle en un niño prodigio, como Mozart, le obligaba a ensayar durante largas jornadas tocando el clavicémbalo -uno de los instrumentos más populares del Barroco que guarda gran similitud con el piano.

Desde pequeño, Beethoven mostró gran oído y facilidad para la música. Con sólo siete años ofreció su primer concierto en Colonia y con once, publicó su primera composición, las 'Nueve variaciones'.

miedo a la sordera

A pesar de su genialidad y al éxito que cosechó, todo cambió cuando comenzó a padecer los primeros signos de sordera. Beethoven llegó a escribir en 1802 una carta a sus hermanos, el 'Testamento de Heiligenstadt', donde mostraba gran preocupación por su pérdida de audición y afirmaba incluso haber contemplado en su cabeza la idea del sucidio.

Se desconoce exactamente cuál fue la causa de su pérdida de audición, si bien sus médicos la atribuyeron a sus problemas intestinales. En la época de Beethoven, la fiebre tifoidea murina, transmitida por ratas infectadas con 'Rickettsia typhi', era endémica en Europa y hay pruebas de que Beethoven, en el verano de 1796, sufrió un cuadro infeccioso severo de esta enfermedad. Más tarde se barajaron otras posibles causas, como traumatismo acústico, alcoholismo, congestión cerebral o por secuelas de un traumatismo craneoencefálico o incluso saturnismo, una enfermedad crónica causada por una intoxicación con sal de plomo.

También se habló de que su sordera se produjo a raíz de tener la sífilis, lo que podría haberle provocado lesiones en el hueso temporal. Aunque las últimas investigaciones apuntan a una hipoacusia sensorineural, probablemente autoinmunitaria, o, como segunda posibilidad, otosclerosis coclear, tal y como señala el otorrino Joel Heras-Espinoza en su ensayo 'La sordera de Ludwig van Beethoven'.

Sea cual fuere el origen, lo cierto es que los últimos siete años de su vida estuvieron marcados por la soledad, el aislamiento y la introspección a la que le empujó su sordera. Sin embargo, a pesar de las dificultades, Beethoven siguió componiendo hasta sus últimos días. Y, curiosamente, fue capaz de escribir sus obras más reconocidas. Y es que la música brotaba en sus dedos y en su cabeza y él era capaz de encadenar armonías y acordes sintiendo su sonoridad en el cerebro.

Es en esta etapa cuando firma inolvidables piezas que han pasado a la Historia de la música, como 'Claro de luna', 'Patética', la 'Sonata para piano nº 8' o su famoso 'Para Elisa', dedicado, según algunas investigaciones, a una joven estudiante de piano que en realidad se llamaba Teresa. En 1810, Beethoven asistió a un recital de esta niña, que deslumbró a los asistentes hasta que le llegó el momento de interpretar una obra del compositor alemán. Aturdida, abandonó la sala entre lágrimas, Beethoven corrió tras ella y para calmarla prometió componerle una sonata.

En su última etapa, con la sordera avanzada prácticamente hasta su totalidad, creó sus obras más complejas, como 'La 5ª Sinfonía', 'Los últimos cuartetos de cuerda y sonatas para piano', 'La Misa Solemnis' o 'La Novena Sinfonía', declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y convertida en Himno de Europa.

el impacto de la novena

Ninguna personalidad de la época quiso perderse la que iba ser la última aparición en público del genio alemán. Estrenada el 7 de mayo de 1824 en el Kärntnertortheater de Viena, la Novena Sinfonía, considerada de forma unánime su obra maestra, fue la última que le dio a tiempo a escribir de principio a fin antes de morir, ya que de la décima únicamente realizó un esbozo.

Completamente sordo a sus 54 años, Beethoven tuvo que ser guiado por un solista para que se diera la vuelta en su podio y fuese consciente de la gran ovación del público, que estalló en aplausos, conmovido por la emoción que transmitía esta obra, que el maestro concibió con el deseo de mejorar la humanidad, como un canto a la esperanza, a la libertad y la fraternidad a partir de la 'Oda a la Alegría' del poeta Friedrich von Schiller, texto al que Beethoven había querido poner música desde muy joven, cuando con tan sólo 23 años quedó impactado por la belleza de estas líneas. ?

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