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Futbolista pese a la adversidad

Futbolista pese a la adversidadFoto: efe

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PARA un niño o una niña, pocas cosas hay más crueles que encontrarse a alguien que no quiere compartir juegos con ellos. Su mente, ocupada únicamente en encontrar maneras de divertirse, no alcanza a comprender las razones del rechazo. Éste fue el caso de Kelly Smith. Considerada en la actualidad la mejor futbolista de la historia de Inglaterra, poseedora desde 2008 de la Orden del Mérito del Imperio Británico y, a sus 33 años, pieza básica de la selección de Gran Bretaña que ha ganado hasta el momento sus dos partidos en la competición olímpica -hoy se enfrenta a Brasil para dilucidar quién acabará como primero de grupo- esta delantera ha tenido que superar numerosas dificultades antes de triunfar en un deporte en el que la diferencia de trato, trascendencia y ganancias entre los hombres y las mujeres son abismales. En su niñez sufrió en sus propias carnes el machismo del deporte y años después, cuando intentaba abrirse hueco en el deporte profesional, el alcohol estuvo cerca de echar todo su trabajo por la borda.

Nacida en Garston, un suburbio deprimido a las afueras de Watford, Kelly empezó a jugar al fútbol a los siete años en el equipo masculino ante la ausencia de otras niñas que practicaran este deporte. No tardó en destacar por encima de compañeros y rivales. Y claro, comenzaron las suspicacias, las críticas y el machismo. "A los nueve años era mucho mejor que todos mis compañeros. Driblaba a todos los rivales, marcaba goles y hacía sentirse inferiores a mis oponentes. Eso no sentó nada bien entre los padres de los otros equipos. No les gustaba que una chica fuera mejor que sus hijos y empezaron a negarse a jugar contra mí", rememoraba Smith en el diario inglés The Guardian este mismo mes. "Fue mi padre el que me dijo que nadie quería jugar contra mí y, siendo una niña tan pequeña, aquello me hizo muchísimo daño. Lo único que yo quería era jugar al fútbol y el resto de los niños no ponían ningún problema. Eran sus padres y sus madres los que se negaban. Estuve a punto de dejarlo, pero no quería dejar de hacer algo que amaba por lo que opinasen los demás. Yo tenía el deseo de ser futbolista, no quería hacer otra cosa. Hoy en día aún siento ese fuego interior", añadía.

Su padre decidió que el machismo no podía acabar con el sueño de Kelly y comenzó a buscarle equipo. Lo consiguió en Pinner, un suburbio al norte de Londres, y tanta era su calidad que el equipo femenino del Arsenal, el más laureado del país, no tardó en ficharla para sus categorías inferiores. Allí encontró un entorno ideal para desarrollar su calidad y su capacidad goleadora, pero la falta de retos deportivos sembraba de dudas su futuro. "En el Arsenal nos tomábamos el fútbol muy en serio, pero nuestras rivales no eran demasiado buenas. Además, algunos campos en los que jugábamos eran horribles y éramos amateurs. Yo quería ser profesional", señalaba.

eeuu Así, tomo una decisión y, con 19 años, viajó a Estados Unidos para perseguir su sueño. Se enroló en la Universidad de Seton Hall, en New Jersey, en 1997 y brilló de tal manera que acabó siendo elegida para su Hall of Fame. Al acabar sus estudios, fichó por los New Jersey Lady Stallions y en 2001 recaló en los Philadelphia Charge de la recién creada Liga profesional estadounidense.

Cuando parecía que su carrera estaba lanzada, surgieron nuevos problemas. En su segunda temporada se rompió el ligamento cruzado de la rodilla y la lejanía de sus seres queridos hizo que buscara refugio en el alcohol. "Para mí fue muy difícil acostumbrarme a una nueva cultura porque, además, era muy introvertida. Ni siquiera salía con mis compañeras de equipo. En la universidad comencé a beber para no sentirme sola, pero la cosa empeoró cuando me lesioné en Philadelphia. No podía entrenar y tenía muchas horas libres. Acababa mis sesiones de recuperación a las 13.00 horas del mediodía y el resto del día lo único que hacía era beber, incluso sola, para combatir mi depresión. Estaba en un momento muy bajo y no sabía qué iba a ser de mí", recuerda.

En un momento de lucidez, Kelly llamó a su familia para contarles su problema y su padre no tardó en volar a Philadelphia. Al encontrar a su hija de 24 años en tal estado, se la llevó a casa ese mismo día. De vuelta en Inglaterra, Smith ingresó en el centro de rehabilitación para deportistas de Tony Adams, mítico central del Arsenal que también tuvo serios problemas con la bebida, y allí encontró el asesoramiento necesario para rehacer su vida y poder retomar su carrera profesional. "La rehabilitación fue muy dura, una experiencia que nunca olvidaré. Fueron los meses más oscuros de mi vida pero me sirvieron para conocerme mucho mejor como persona. Fue entonces cuando aprendí que el fútbol no podía ser el principio y el final de mi existencia, que es lo que pensaba por aquel entonces. Ahora, cuando tengo un problema, no busco refugio en la botella. Pienso en ello, pero encuentro soluciones hablando con mi familia y mis amigos. He aprendido que la solución de los problemas no está en una botella de vodka", destaca.

Admiradora de Giggs Cuando dejó atrás sus problemas con el alcohol, esta admiradora de Ryan Giggs y de Ian Wright, mítico delantero de los gunners, prosiguió con su carrera, desarrollada íntegramente entre el Arsenal Ladies y la Liga estadounidense. Ahora, a sus 33 años, tras disputar dos Mundiales y tres Eurocopa, su trayectoria ha encontrado el perfecto colofón en la cita olímpica de Londres, en la que es una de las estrellas de Gran Bretaña. De todas formas, una seria lesión estuvo a punto de truncar su sueño. El pasado mes de febrero, Smith se rompió un hueso del pie en un Inglaterra-Francia y en abril, cuando estaba prácticamente recuperada, tuvo la ocurrencia de chutar un balón descalza tras una sesión de fotos y la dolencia fue a peor. Afortunadamente, se recuperó a tiempo para poner la guinda a una carrera que ni la discriminación sexista ni la botella fueron capaces de parar.