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Cristina Alcalde: "Me gustaría vivir en una sociedad más transparente"

Cristina Alcalde, de 34 años y vecina de Ancín, colgó el 'cullote' hace dos años tras haber estado en el mundo del ciclismo desde que era una niña. Ahora sus metas son otras, disfrutar del tiempo libre y vivir nuevas experiencias

Cristina Alcalde: "Me gustaría vivir en una sociedad más transparente"

pamplona - La exciclista navarra Cristina Alcalde, una apasionada del deporte, muy familiar y fan número uno de Barricada, se somete a las preguntas del Prohibido hablar de esta sección para contarnos de todo menos de lo que más le gusta en esta vida, el ciclismo.

A los 7 años ya se las ingeniaba para poder practicar el pedaleo por el pueblo sin tener su propia bici, y a los 10, por fin, sus sueños se hicieron realidad cuando las ruedas le llevaron a diferentes competiciones ciclistas, donde ha estado hasta sus 32 años, momento en el que decidió colgar el cullote y aprovechar la vida de otra forma. Como muy bien dice Cristina, "disfrutar de una segunda juventud".

Me he enterado de que cuando era niña las bicis de sus hermanos le venían grandes. ¿Cómo hacía para subirse en ellas?

-Tengo dos hermanos, el mediano de dos años más, y el mayor que me saca cuatro y como comprenderás eran más altos que yo. Desde siempre nos ha gustado el mundo del ciclismo, mérito de nuestro padre. A mis hermanos para la Comunión les regalaron unas bicicletas de competición. Yo todavía era muy pequeña, tendría 7 años, porque a los 9 empecé a correr, cuando intentaba subirme a sus bicis, pero no llegaba. En la plaza del pueblo había unos escalones y gracias a ellos podía montarme en ella. Para bajar lo tenía más complicado, solía buscar montículos de arena o algún lugar donde sabía que no me iba a hacer daño y simplemente, me dejaba caer. Así es como me las arreglaba para andar en bici (risas).

El día de su Comunión, ¿nos lo quiere contar?

-(Risas) Mi madre me hizo un vestido muy mono para después de la ceremonia, pero a su vez me regalaron la bici de competición con la que ese mismo año empecé a correr. Lo primero que hice fue ponerme unos cullotes, dejé a toda la familia y me fui con mi regalo a dar vueltas por el pueblo mientras los demás se quedaron en la celebración (risas). Ya la andaba liando desde niña (risas).

Su primera carrera de féminas la ganó en un pueblo de Gipuzkoa llamado Alegría. ¿Se considera una persona alegre?

-Sí, pero conforme vas creciendo, los problemas van surgiendo y uno se vuelve más serio, es lo que solemos llamar madurez, pero en general si me considero una persona alegre.

¿Cual es la mayor locura que ha hecho en esta vida?

-Sin duda, bajar el puerto de Urkiola a más de 80 km por hora. Estaba el asfalto mojado, pero como me lo conozco como la palma de mi mano me confíe y arriesgué. Fue en una competición, y ya sabes que hay momentos en los que se arriesga, pero visto desde otra perspectiva fue para matarme (risas). Creo que mis neumáticos se portaron de 10 (risas).

¿Y la mayor locura que han hecho por usted?

-La recuerdo con mucho cariño. Fue en el Giro de 2006 cuando un amigo se presentó en una de las etapas de montaña. Cogió vacaciones en el trabajo y se vino en su coche. Estuvo todo el fin de semana siguiendo al equipo con una ikurriña enorme en sus manos. Imagínate que alegría cuando le vi. Me dio un subidón increíble, estas cosas no las hace cualquiera.

Cambiando de tema. La crisis también afecta al deporte. ¿Qué opinión le merece las pocas subvenciones que otorga el Gobierno de Navarra al deporte minoritario?

-Este problema no es de ahora, lleva mucho tiempo entre nosotros. Desde mi punto de vista y por lo que me ha tocado vivir, puedo decir que el ciclismo es un deporte pobre. Si es verdad que están las becas Miguel Induráin que favorecen a deportistas navarros, pero se quedan cortas. O no se sabe gestionar o algo sucede. El fútbol puedo asegurar que se mantiene solo y le siguen dando ayudas. Es un mundo que está muy mal repartido. He llegado a correr un campeonato con la selección navarra y he tenido que viajar con mi coche, pagándome las inscripciones, ¿merece la pena? Aunque si es verdad que con la crisis se ha notado más, sobre todo en cultura, sanidad, educación y deporte.

¿Cree que en estos tiempos hay menos sensibilidad humana?

-Antes igual podías creer un poco más en los que supuestamente nos representan, ahora me doy cuenta de que somos como marionetas. Te hablo desde el punto de vista y de lo que me ha tocado vivir, por ejemplo, si miramos por resultados para poder conseguir una beca o cualquier tipo de ayuda debes de hacer mucho en esta vida. Tengo que llegar a ser campeona de España o de un mundial para poder conseguir algo por parte de los de arriba. Si lo vemos desde el deporte si que hay una gran discriminación.

¿Qué opinión le merecen los que nos gobiernan?

-Yo no confío en nadie. Peor no se pueden hacer las cosas. Sería mejor vivir en anarquía (risas). Ves el despilfarro que ha habido en años anteriores y en estos momentos el poco dinero que queda se lo siguen llevando, no merecen ni que gastemos palabras para referirnos a ellos.

Antes me has comentado que somos como marionetas en manos de quienes nos representan. En Pinocho, película de Disney en la que el protagonista es un títere que cobra vida, ¿cree que algún día vendrá un hada madrina y nos quitará las cuerdas con las que nos manejan?

-Me gustaría que pasara para vivir en una sociedad más transparente, más limpia y más libre. Ahora todo son imposiciones. Está todo muy mal constituido, lo que pienso yo: si al que roba una gallina le meten en la cárcel, ¿por qué no al que roba millones de euros? Él es quien se está comiendo el pan de todos. Al final no se sabe ni lo que es verdad, ni lo que es mentira. Es necesario un cambio, por supuesto.

¿Cree que existe una notable desigualdad en el deporte entre los hombres y las mujeres?

-Desigualdad ha habido siempre y seguirá habiendo. En el ciclismo en particular si que se están cambiando las cosas, pero muy lentamente. En cuestiones económicas y competitivas todavía lo veo muy lejos, pero se va equiparando. Desde los 10 años hasta los 32 que he competido, el tiempo ha pasado como si de una montaña rusa se tratase. En la época de Joane Somarriba no nos faltaba de nada, corríamos dignamente, como profesionales que éramos. En el momento que se marchó, las cosas empezaron a cambiar. No recibíamos tanto dinero, recortaron bastante el presupuesto y nos tuvimos que buscar, en cierto modo, la vida. He vivido muchos años que me han otorgado una gran satisfacción personal, pero otros muchos en los que parecía que volvíamos al pasado, sin estar dadas de alta en la seguridad social y apenas se cobraba. Todavía queda mucho por recorrer. Una mujer al ganar un tour creo se le pagaba 2.000 euros, un hombre profesional cobra 60 kilos, la diferencia es abismal. Una mujer se prepara para competir igual que el hombre, pero la balanza se decanta por él. Suerte que en casa me han ayudado mucho y he podido seguir año tras año. Compañeras de profesión tuvieron que dejarlo porque no ha tenido ese apoyo. Se está intentando y se están haciendo cosas para que se llegue a una plena igualdad, pero seguimos a años luz de distancia.

Ha comentado que el sacrificio es tan grande que no se obtiene recompensa. ¿En otros aspectos de la vida?

-Sí, sí, sí. Como te he comentado antes, económicamente hablando no, porque ya tendría la hipoteca pagada. No te estoy diciendo que fuese más feliz, pero me hubiese quitado un peso de encima (risas). A nivel personal con todas las experiencias que he vivido, triunfos y no triunfos, personas que han pasado por mi vida que ahora son amigas como por ejemplo Joane Somarriba, claro que tiene recompensa. Al final es lo que uno se lleva, las amistades, los grandes momentos, muchos recuerdos bonitos. Me llevo muchas más cosas buenas que malas.

Le llaman la Torito. ¿De dónde viene el apodo?

-Viene del Tour que ganamos con Joane Somarriba. Siempre he sido pequeña de estatura en comparación con las mujeres holandesas y belgas que nos encontrábamos, y solía ser gregaria. Me encargaba de llevar el agua, entre otras cosas. Me puedes imaginar con ocho bidones en la espalda, montada en la bici y con lo pequeña que soy, empezaron a decir que me parecía a un torito. Aparte porque en la bici siempre he sido de mucho nervio, muy inquieta. Pequeña, pero fuerte, de ahí viene el apodo.

Está trabajando de secretaria, ¿cómo lleva este cambio de vida tan rotundo?

-Al ser mía la decisión de dejar el ciclismo estaba más mentaliza del cambio. También me he ido a vivir con el mozo, si es verdad que ha sido un cambio drástico en mi vida, pero estoy muy bien. Estoy en mi segunda juventud, puedo disfrutar del tiempo libre, me encanta ir de sidrería y comer un buen chuletón, disfrutar de la comida en general ya que antes debía cuidarme más. La verdad que en la academia donde trabajo estoy muy contenta, me he amoldado bastante bien, pero si echo de menos trabajar al aire libre, me cuesta estar encerrada tanto tiempo, pero no quita para que esté muy contenta. Estoy muy feliz. Paso más tiempo con la familia, que no es que antes no lo pasara, pero soy muy familiar y me gusta estar en casa. Lo valoro mucho más porque ahora puedo asistir a los cumpleaños y a comidas familiares. Me he perdido bodas y acontecimientos y ahora disfruto mucho más de estos momentos.

¿Cómo se ve dentro de 30 años?

-Paso a paso, (risas). Igual hasta con nietos, pero para eso, primero tengo que tener hijos. Jubilada no, porque al ritmo que vamos no creo que suceda (risas). Me veo en casa con mi familia y disfrutando lo que pueda, espero que con salud.

Tiene el monte cerca de casa. Vive en la sierra de Lóquiz. ¿Le gusta disfrutar del aire libre?

-Sí. Hace poco más de un año que tenemos un huskie y con la excusa de que tiene que salir a pasear, llevarla por los caminos y las sendas de la zona es una gozada. Estoy descubriendo lugares que están cerca de casa y que antes no los apreciaba.

Es fan de Barricada.

-Conocí a Alfredo, el guitarrista de Barricada. Sacaron el disco de Caminos por recorrer e hicieron un concierto por la esclerosis múltiple en Navarra. Me pilló corriendo fuera, no pude conseguir entradas y me las ingenié para lograr el número de Alfredo, le llamé y le comenté la situación. Me dijo que no me preocupase y que me iba a pasar varias entradas. A raíz de ese momento tenemos muy buena amistad y no me pierdo ninguno de los conciertos. Eso sí, siempre en la primera fila porque como me ponga en la segunda ya no veo (risas).