la única vez que el insulto hijo de ... me pareció menos insulto, fue cuando le leímos los labios a Maradona. Era en un Argentina-Italia del Mundial del 90. Seguro que los veteranos se acuerdan. Lo repetía constantemente con la mirada puesta hacia ninguna parte mientras sonaba el himno de su país y pitaban los italianos... Todos supimos que lo dijo pero nadie lo pudo escuchar en el estadio.
No creo que sea un insulto muy grave ser el hijo de una mujer que trabaja de aquella manera, pero tampoco me parece bien la familiaridad con la que el mundo del fútbol lo usa hoy en día. Por no citarlo tantas veces le voy a llamar, palabro.
Me llamó la atención no hace mucho un espectador empinado sobre el muro de un campo gritándole el palabro al árbitro. Le gritaba con insistencia, le apuntaba con el dedo y le soltaba el palabro cada dos por tres. El árbitro sería malo, incluso quizás sería malísimo pero aquel tío a limpio grito no pintaba nada en un campo de fútbol.
Me escapé a ver un partido de Regional de los llamados derbis. La tensión se podía palpar y los últimos minutos fueron de infarto. Penalti en el 92, rojas por ambas partes, patadas a destiempo y una grada muy encendida. Nada me llamo la atención en exceso, pero sí que me chirriaba el oído cuando el palabro se oía por encima de cualquier voz. Escuchar eso a padres de jugadores presentes me dio una sensación de tristeza que solo pude rebajar cuando escuché a una madre decir a su hijo de 12 años que aquello que estaba viendo era lo peor del fútbol.
No creo que pase un fin de semana sin escuchar el palabro por algún campo de Dios. Igual suena en un partido de infantiles que en El Sadar, en cualquier sitio me chirría.
No soy de piedra y siento que en esto del fútbol alguna vez te apetece soltar el palabro y que sea lo que Dios quiera. Yo no lo haría, pero si lo hace, ¡joder! No grite, por favor.
El autor es técnico deportivo superior