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La vertiginosa irrupción de Rafael Jódar

El tenista madrileño de 19 años se convierte en el último talento mundial tras una escalada de más de 650 puestos en la clasificación de la ATP en apenas un año

La vertiginosa irrupción de Rafael JódarEuropa Press

En el deporte, las irrupciones no avisan. Sobre todo cuando son fulgurantes. Se imponen de manera que es imposible ignorarlas. En el ambiente de la reconocible primavera y bajo la liturgia del torneo de tenis que le permite distinguirse en su Madrid natal, ha surgido un nombre que empieza a dejar de pronunciarse con cautela y cada vez despierta más curiosidad: Rafael Jódar, un joven de 19 años que no parece dispuesto a pedir permiso para afianzarse en el profesionalismo, sino querompe barreras con estruendo y notoriedad, a ritmo vertiginoso, sin ofrecer síntomas de poseer tan tierna edad.

La ausencia de Carlos Alcaraz en la Caja Mágica por una lesión en su muñeca derecha, que también le mantendrá de baja en Roland Garros, había dejado un importante vacío para el público local. El Masters 1000 perdía a la figura más deseada. Y en ese contexto ha surgido la imagen de Jódar, el futuro que ruge en Madrid. En la pista central del Estadio Manolo Santana, en la segunda ronda del torneo, el tenista de Leganés firmó su primera gran victoria, el primer triunfo frente a un Top 10 mundial, Álex de Miñaur, octava mejor raqueta del planeta en estos momentos. El éxito fue una declaración de intenciones, una bienvenida a las miradas de todos los amantes del tenis.

Una estreno más exitoso que el de los últimos números 1

El nivel de Jódar está resultando desconcertante. Hace un año había que indagar en el ranking mundial de la ATP para localizar a este joven proyecto de tenista, que aparecía perdido en el puesto número 687. A lo largo de este último año ha protagonizado una escalada himalayesca: es el actual número 42 del mundo y ascenderá, al menos, hasta el 34 en la próxima actualización de la lista. Su progreso se ha validado con estadísticas: ha ganado 17 de sus primeros 25 partidos, un número que supera a Carlos Alcaraz (14) o Jannik Sinner (12), los dos grandes iconos del presente, pero también a leyendas como Rafa Nadal (15), Novak Djokovic (12) o Roger Federer (11).

Obviamente, los números han invocado atención. En las gradas del Manolo Santana había un espectador de calado, el propio Sinner, número 1 mundial. El italiano, participante en el torneo, quiso calibrar el talento de ese joven que está rompiendo puertas a raquetazos. “No sabía que estaba viendo el partido”, confesó un sorprendido Jódar. Quizá sea demasiado pronto para asimilar semejante salto con piruetas en la élite. La presencia de Sinner era una validación sigilosa. “Tiene muchísimo talento, es muy bueno”, describió el de San Candido.

Sinner quería comprobar lo inquietante que está siendo este chico, con una sensación de control impropia de su inmadurez. Jódar no está siendo extravagante, sino tesorero de una naturalidad que suele vestir a los grandes. El contexto no parece afectarle, como si la presión fuera un concepto al que no atiende. Esa virtud que es difícil de enseñar en las escuelas pero que suelen poseer los mejores. En la siguiente cita, en tercera ronda, siguió abriéndose paso ante la joven promesa brasileña Joao Fonseca, un chico de también 19 años afincado en el puesto 31 de la ATP y llamado a formar parte de la gobernanza del tenis mundial. “Lo tiene todo para ser un gran jugador”, ratificó Fonseca.

Mejor que Nadal en sus primeros partidos sobre arcilla

“Me encanta jugar en tierra batida, aunque quizá mi juego se adapte un poco más a la pista dura”, confesó Jódar, que pese a ello rubricó así el segundo mejor inicio sobre tierra batida en la Era Open, con 11 victorias y una derrota en su primera docena de partidos, solo superado por el 12-0 de Tom Okker. Rafa Nadal, el mejor tenista de la historia sobre la arcilla, firmó en su día un 8-4.

Sin embargo, su trayectoria no se asemeja a la de Alcaraz o Nadal. No responde al molde clásico del tenista estatal. Nació en Madrid, donde disfrutó del torneo que ahora le proyecta. Hijo de profesores, siendo su padre instructor de educación física, cogió su primera raqueta a los cuatro años y a los seis ya estaba integrado en el Club de Tenis Chamartín. Al fallecido Antonio Martín, miembro de este club, le dedicó una de sus recientes victorias. “Le ofrezco mi partido a Antonio Martínez porque era una leyenda”, dijo agradecido Jódar. Confeso seguidor del Real Madrid, al joven también le asaltó la inquietud por el fútbol. Su papel como centrocampista prometía. Tuvo que decidir. Se inclinó por el tenis, como su ídolo, Nadal, con quien comparte esa particularidad de haber soñado con ser futbolista. No obstante, el nombre no responde a un homenaje de la familia Jódar a Nadal, sino a una tradición, porque el padre, que ahora acompaña al hijo como entrenador, se llama igual.

Jódar, durante su partido contra Joao Fonseca.

No destacó en juveniles

El tenis de Jódar no se construyó solo sobre la arcilla ni según los patrones tradicionales. Tras conquistar el US Open júnior en 2024, se mudó a la Universidad de Virginia, donde se abrazó al modelo estadounidense, compaginando estudios y partidos. “Me enseñó a competir cada día”, evoca Jódar.

De hecho los resultados no tardaron en llegar, en 2025 alcanzó tres títulos del Challenger Tour, todos en pista dura. Posteriormente llegaron las Next Gen ATP Finals y la decisión definitiva: abandonar la universidad para dar el salto al profesionalismo. “Cuando juegas contra los mejores del mundo es cuando verdaderamente mejoras”, ha manifestado estos días, recordando también que hace solo unos meses se planteó abandonar la práctica del tenis para focalizarse en unos estudios. Y es como recuerda ahora, “nunca fui de los que destacaba en etapa juvenil”. “En esos años había muchos jugadores de mi edad que solían ganarme en los torneos. De hecho, ni siquiera pensaba que iba a terminar siendo tenista”, recuerda en una entrevista concedida a Punto de break.

Desde entonces, todo ha ido sobre ruedas. Se clasificó para el Open de Australia, su torneo preferido, alcanzó las semifinales del Open de Barcelona, donde cayó ante Arthur Fils, y a comienzos de este mes logró en Marrakech su primer título ATP. “Este chico va a ser muy, muy bueno. Si tengo que hacer una comparación, compararía a Rafa más con Jannik Sinner. Ya sabes: golpes muy fuertes desde el fondo, puede jugar a la línea. Así que diría que se parece un poco más a Sinner que a Carlos”, describió el francés Fils, que a sus 21 años es el 25º del mundo.

Admira a Alcaraz, pero Sinner es su espejo

Jódar admira a Alcaraz, con quien ha compartido entrenamientos, pero Sinner es su mayor espejo en la actualidad. “Creo que es un gran jugador y un modelo a seguir para mí”, dice el madrileño de 1,91 metros de estatura acerca del tenista italiano. “Jódar golpea la bola muy limpio, tiene una potencia muy fácil”, juzga por su parte Sinner. Se da la circunstancia de que Jódar arrebató un récord a Sinner al convertirse en el jugador más joven en derrotar a un Top 10 en un Masters 1000 como invitado.

Autoproclamado como dormilón, fan de las aventuras de Harry Potter y apasionado de la música de Coldplay, Jódar admite que “todo está sucediendo muy rápido”. Es cierto. Su irrupción no ha tenido pausa. “Cuando decidí dar este salto al profesionalismo jamás habría imaginado verme ahora en esta situación. Ahora es cuando toca seguir trabajando duro, aunque haya ganado un título ATP sé que todavía no he conseguido nada. Tengo que seguir trabajando si quiero ser mejor… y creo que puedo ser mejor. Tengo margen de mejora”, proclama en Punto de break. La próxima parada en Madrid son los octavos de final, ante el checo Vit Kopriva, número 66 de la ATP. De ganar, podría verse ante Sinner, su espejo, ese que observa atento y con ojo analítico desde la cumbre la vertiginosa irrupción de Rafael Jódar.