Embajadores del pueblo saharaui
Ochenta familias navarras que acogen en verano a niños de Tinduf visitaron la semana pasada los campamentos de refugiados para llevarles ayuda pero, sobre todo, para conocer a las familias de los que ya son sus segundos hijos y hermanos.
NADA hay más alejado de la idea de guerra que la luz, la vida y la infinita alegría que desprenden los ojos de un niño o niña saharaui. No conocí a Dadah pero la sonrisa de Sonia Pérez lo dice todo, pese a la larga, larguísima espera en el aeropuerto de Tindouf al regreso del viaje que han realizado cerca de ochenta familias navarras (fueron 116 los niños acogidos este verano) a los campamentos de refugiados saharauis, en la frontera de Argelia, de la mano de la asociación ANAS (Asociación Navarra Amigos del Sahara) y la Delegación Saharaui en Navarra. En su maleta Sonia llevaba de vuelta casi tanto bulto (mantas principalmente) como el que transportaba (el máximo permitido en el vuelo regular Madrid-Argel-Tinduf eran treinta kilos) a este niño de ocho años (comida, ropa, calzado, medicamentos, una olla para el gas...) aunque la mayoría son recuerdos que se cargan muy adentro. Dadah ha estado dos veranos en su casa en Berriozar. "Sabe apreciarlo todo, un niño que observa cada detalle, que te da muchísimo cariño, que se ilusiona hasta con tu trabajo (Logística de Volkswagen), que le gusta que le lleves en la moto, que no hay manera de sacarle de la piscina...".
Entre los siete y los doce años muchos niños tienen la oportunidad de salir del desierto durante el verano, conocer otra realidad diferente a la suya (un pueblo que vive de la ayuda humanitaria) y tener una revisión médica pero, sobre todo, crear lazos sólidos de amistad con nuestro pueblo, como ellos dicen, "con el vasco, con el navarro, con el andaluz...". Durante el puente festivo los campamentos han merecido la visita de navarros y navarras de todas las generaciones, y todos y todas quisieran repetir. Por no hablar de que la comida que ofrecen no es en absoluto la que ellos disfrutan a diario. Se desviven para que estés a gusto... En realidad los niños son los verdaderos embajadores de este pueblo, los que transmiten la fuerza, la educación, la inteligencia, la paciencia, la hospitalidad y la calidez que definen la identidad saharaui. 7.000 niños cada verano en todo el Estado español reconquistan a su colonia no tan lejos de los cincuenta grados que marca el mercurio en esta zona del desierto.
segundas familias
De Olazti a Tinduf
Goita Pérez Hervas y su hija Elena González Pérez, junto a su novio Asier Ciordia, ya tiene tanta relación con la familia de Salma en los campamentos de refugiados del 27 de febrero (día de proclamación de la república saharaui) que con el propio niño que lleva cinco años conociendo Olazagutía. Un festival de cine sobre el Sahara en la Casa de Cultura impactó de tal manera en Elena que contactó con ANAS y ahí comenzó su aventura. El salto de un desierto de arena y polvareda a los verdes prados y ríos de la Sakana fue sencillo salvo los primeros días, que "no paraba de llorar hasta que logramos hablar con su madre". Con apenas siete años, sin haber salido nunca de los campamentos, para la primera semana había aprendido a hablar castellano, al igual que ha conseguido hablar el euskera. "Es muy listo", admite Goita. La primera despedida ya fue "mortal". Le gusta el fútbol a morir, sobre todo el Barca y adora a Messi; el regalo que le ha llevado esta familia estaba cantado: portería y balón. "Aquí se pasan el día en la calle jugando con una pelota...", señala Elena. Salma también puede permanecer seis horas en una piscina "hasta que le salen escamas; no tiene miedo al agua", ya sea en Pamplona, en Murcia, en San Sebastián...
Lo que más le atrapa de Salma y de otros menores es el cariño que desprenden porque, además, "a los hombres les abrazan igual que a las mujeres". Elena dice tener una madre y un hermano en el Sahara. "Llamamos a nuestra familia todas las semanas", admiten mientras se acomodan en los cojines del salón. A Goita, de 60 años, y a Elena, de 35, les gustaría que Salma estudiara en nuestro país. Todos los pequeños han pasado por España excepto el pequeño Naeno que estuvo en Italia.
La hermana de Salma, Dahba Larabas, tiene 24 años, estudió Periodismo en Argelia y se casó en España. En realidad son seis hermanos, cinco del mismo padre (Larabas Yumane, gobernador de Tifariti). "Personalmente no quiero que haya guerras, ya murieron muchos hombres buenos, ojalá se solucione todo, pero yo prefiero morir a vivir bajo otra bandera. El problema es que el Gobierno español no busca una solución...", analiza Dahba. En el Aaiún (territorio ocupado), bajo la represión marroquí, vive la abuela y parte de la familia. Saben que hay cuatro primos en la cárcel y cuatro primas torturadas; otros "no cogen el teléfono porque están perseguidos". A Dhaba, Habiba, Mayuba, Said, Salma y Naeno les gustaría conocer Dajla, la tierra de donde procedía su familia.
También Jesús García, padre de Carol (presidenta de la asociación ANAS que gestiona el programa de vacaciones en paz, una enamorada de la causa saharaui y comprometida a su vez en la acogida de niños) compartió en este viaje experiencias con Maruf Mamdsala, el niño que acogieron durante cinco años (2001-2005) y que ya ha cumplido los 21. "Aquí no hay trabajo, he estudiado formación profesional en Argelia y me gustaría que las cosas cambiaran", explica Maruf. Su hermana Safia lleva tres años con esta misma familia. "Cuando van te dan más que tus propios hijos. Son todo cariño, allí y aquí...", subraya Jesús.
dos hermanos y un destino
La solidaridad de Ancín
Miguel Pérez Cambra, de Ancín, es el segundo año que conoce los campamentos in situ para estar con Mamed Salem, de diez años. Su hermano, Koldo Pérez, ha estado en 29 ocasiones en los últimos doce años y está hecho todo un nómada del desierto. "Lo que más me sorprende es la alegría de estos chavales, la vitalidad que tienen, lo feliz que viven con nada, cómo se agarran entre ellos de la mano, cómo se abrazan en señal de amistad...", subraya Miguel a quién le llama muchísimo la atención la comunión de este pueblo, el concepto de "gran familia". "En las haimas se ve un tránsito continuo, en la casa donde he estado son nueve hermanos (cuatro en casa, el resto estudiando fuera) y el padre (la madre, enferma en España), pero siempre hay más gente. A lo mejor te encuentras que la ceremonia del té la prepara otro saharaui que acaba de llegar...".
Sebastián Antoñana, de Barañáin, y su hija Itsaso, vinieron a este viaje para compartir una experiencia con familias de la que surgirá, seguro, una acogida. La complicidad ha sido fácil. Han conocido a Iman, de doce años, y les gustaría que conociera Navarra. Desde hace quince años el frente Polisario junto con la ONG ANAS propicia la salida temporal de menores con la finalidad de proporcionarles entornos convivenciales en un clima de "paz y tolerancia". El problema, señala Carol Pérez, es que al no tratarse de un proyecto solidario in situ, aunque revierta en el bienestar de la comunidad, apenas cuentan con ayudas públicas. Y cada viaje cuesta unos 600 euros...
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