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17 kilos de harina, azúcar, lentejas y aceite al mes y 15 litros de agua al día

la anemia y la pérdida de visión son problemas frecuentes entre los 180.000 refugiados

pamplona. La cartilla de racionamiento de una familia saharaui que vive en los campamentos de refugiados de Tinduf se compone de lentejas, harina, azúcar y aceite vegetal; ayuda básica con el objetivo de garantizar 2.100 calorías a cada persona por día. La distribución se realiza mensualmente lo que representa unos 17 kilos de estos cuatro productos por persona, y a veces se cambia harina por arroz. Las consecuencias de una dieta tan pobre se traducen en problemas de anemia (más del 55% de las mujeres y el 66% de las embarazadas) y otras epidemias. Así, el 31% de los niños menores de cinco años sufren una desnutrición crónica. El agua es otro de los productos escasos en un desierto donde apenas llueve. La norma general, en estado de "emergencia", es garantizar entre 15 y 20 litros diarios a cada persona (las familias tienen un contenedor que cargan los camiones de reparto y del que se abastecen), cantidad que en verano resulta difícil y la gente se tiene que duchar una vez por semana". "Gracias a la buena gestión familiar y administrativa se subsiste", subraya el director de la Media Luna Roja Mohamed Buhubeini. Otro déficit son las condiciones de habitabilidad de las familias, ya que las lonas para las jaimas se distribuyen cada siete años y en muchos hogares se han levantado pequeñas viviendas de adobe (cada vez más frecuentes) para albergar las habitaciones, pero que no resisten "lluvias fuertes".

Del Atlántico al desierto. 35 años sin poder moverse, recuerda Buhubeini, por "razones políticas, para defender el derecho a la autodeterminación, no por una situación de hambruna o una migración de origen económico; somos refugiados políticos", admite. Subraya además que son "los refugiados más organizados del mundo", que han definido una estructura administrativa y humanitaria para garantizar que toda la ayuda llegue a lugares inhóspitos donde las temperaturas llegan hasta los 50 grados en verano. La escasez de luz es otro de los problemas cruciales en los campamentos lo que genera mucho problemas de vista porque, además, "las puertas de las casas tienen que estar cerradas por el viento". Las placas solares son necesarias pero todavía minoritarias en muchas casitas. Muchas fotovoltaicas han llegado a través de la colaboración de familias europeas que acogen a niños saharauis durante el verano, y que también aportan otros materiales. Los que disponen de algo de dinero, los más privilegiados, pueden comprar a su vez otros productos como patata, fruta y arroz, la mayoría procedentes de Argelia. "Aquí no tenemos fábricas ni agricultura, el desayuno es muy pobre con sopa de cebada y un té, un poco de pan y, en algunos casos, mermelada. El almuerzo consiste en un plato de legumbre y cebolla, y algo de carne. Y por la noche se consume arroz con conservas, pasta o cuscus. Las ensaladas normalmente no forman parte de la dieta salvo que haya una fiesta o se tenga visitas", explica el responsable de la Cruz Roja. Asimismo, se distribuye una bombona de gas a cada familia al mes que se acaba en catorce días máximo. Las mejoras que han conseguido en los últimos años han sido gracias al apoyo de gobiernos y de ONG. Es el caso de la UE y la Cruz Roja española, que desde hace dos años financian un programa para la instalación de letrinas en las escuelas.