tindouf. Ahmed Salem nos recibe con una amplia sonrisa. Apoyado en dos muletas, el veterano soldado del Frente Polisario se muestra cercano, abierto y jovial. Salem nació en Dajla, en el Sáhara Occidental, en 1951. Era pastor de cabras cuando los marroquíes invadieron el Sáhara, en 1975, y nada más conocer la noticia decidió alistarse en las guerrillas del Frente Polisario, que tuvo que hacer frente en solitario a una doble incursión: los marroquíes atacaban desde el norte y los mauritanos entraron en territorio saharaui desde el sur. Combatió en el desierto durante 16 años, perdió un dedo y hace cuatro años pisó una mina. Salvó la pierna de milagro pero aún se está recuperando.
Salem deja las muletas apoyadas contra la pared y se acomoda como puede sobre una colcha azul. Se frota la cabeza y vuelve a sonreír. Nos pregunta de dónde venimos y por qué estamos tan interesados en el Sáhara, y se disculpa por no poder ofrecernos té. La hospitalidad es una obligación sagrada para este pueblo que aún conserva muchas de las costumbres de los beduinos. Salem levanta la barbilla y requiere la primera pregunta.
Supongo que fue difícil dejar el bastón de pastor que había utilizado durante toda su vida y tener que coger el fusil. ¿Qué sensaciones le pasaron por la cabeza en esos momentos?
No tuvimos tiempo de pensar en esas cosas. En aquel momento todos los hombres estaban obligados a defender su tierra. Al principio teníamos pocas armas, pero las fuimos consiguiendo poco a poco. Les quitábamos las armas a los marroquíes o las conseguíamos de contrabando.
Usted vivió 16 años de guerra. ¿Cuáles fueron los más duros?
Todos estos años han sido difíciles, pero los peores fueron los primeros cinco años. No teníamos muchas armas, había un arma para cada cinco hombres. Era más una batalla de convicción. Teníamos que conseguir armas, esa era nuestra prioridad, eso y sobrevivir.
¿Se acuerda de la primera vez que entró en combate?
Sí, no teníamos miedo. Los saharauis no sentimos miedo. Al principio fue duro, porque veía a la gente morir a mi alrededor, pero después me acostumbré. Me di cuenta de que ese sacrificio tenía que hacerlo por mi tierra. Se imponía la realidad: si tú matabas te mataban. En la guerra no hay más ley que esa.
¿Las tropas marroquíes se batieron bien?
Te lo resumo en pocas palabras: dos soldados saharauis valían por cien marroquíes.
¿Por qué?
¿No me crees? Los marroquíes sabían que estaban peleando por una tierra que no era de ellos, y el saharaui peleaba por su tierra. Estábamos mucho más motivados que ellos. Había veces que íbamos a luchar veinte hombres y regresábamos con cien prisioneros marroquíes. Se rendían muy pronto. Ellos no querían morir y a nosotros nos daba igual.
Además de luchar, tenían ustedes que combatir también las inclemencias del desierto ¿Cómo sobrevivían ustedes en ese terreno pedregoso?
Nos arreglábamos como podíamos. Hacíamos fuego para comer, pero con mucho cuidado, porque de noche podía delatar nuestra posición. En la guerra hay que hacerlo todo muy rápido. En aquellos momentos el pueblo saharaui no tenía ni comida. Los marroquíes tenían cubiertas todas las necesidades, estaban apoyados por Francia y tenían armas, comida y tabaco. Nosotros conseguíamos todo eso apresándolos. Cuando atacábamos alguna posición nos hacíamos con todo lo que podíamos y lo repartíamos.
¿Y cómo esquivaban a la aviación alauita?
Nosotros no nos escondemos, las balas no nos entran por la espalda, siempre vamos de frente. Pero algunas veces había que protegerse, debajo de árboles, de matas, ahí escondíamos los camiones, los jeeps. O nos tumbábamos en la arena.
¿Recibieron ayuda de Argel? ¿Los argelinos lucharon con ustedes en el frente?
Yo no vi a los argelinos luchando con los saharauis, pero sí que nos ayudaron con otras cosas.
¿Cómo perdió el dedo de la mano derecha?
Fue una bala. Tuve suerte, podía haberme dado en otro sitio. Tengo compañeros que perdieron la nariz, o el ojo, o el brazo. Y perdí a muchos compañeros, claro. Muchos. Mataron a mi padre, mataron a mi hermano, a mi cuñado… Mataron a muchos buenos amigos, pero no importa. Teníamos que luchar, era nuestro deber.
Hace cuatro años pisó una mina. A pesar de todo, usted sigue activo. ¿Cómo alimenta ese espíritu tan decidido?
Más que eso. Ahora me voy a Argel a que me quiten los hierros de la pierna, y en cuanto lo haga volveré al frente, a Tifariti (territorios liberados). Seguiré luchando hasta el final, porque estoy haciéndolo para recuperar mi tierra.
Tras los últimos acontecimientos en el Sahara Occidental, ¿cree que se está gestando una guerra en estos momentos?
Yo no soy político y no sabría decirte si habrá guerra o no, pero si la situación sigue igual, si los organismos internacionales no nos ayudan, hay un 90% de posibilidades de ir a la guerra. Es el único camino. Si los marroquíes siguen tratando a nuestros hermanos de las tierras ocupadas como lo están haciendo, iremos a la guerra.
¿Cree que esa es la solución?
El pueblo saharaui debe recuperar la tierra, y nos gustaría recuperarla pacíficamente, pero si eso no puede ser, todos los saharauis estamos dispuestos a ir a la guerra. Y parece que nadie nos quiere ayudar, ni la ONU ni los europeos.
Pero usted, que conoce los horrores de la guerra de primera mano por la experiencia que ha tenido, ¿volvería a luchar?
Sí, conozco los horrores de una guerra, pero volveré a luchar si hace falta.
¿Cree usted que el Frente Polisario, con los medios de los que dispone, tiene capacidad para enfrentarse al poderoso Ejército marroquí?
Deja que te cuente una historia. En los primeros años de la guerra ellos eran muchos y estaban bien armados; nosotros no. Primero fuimos cinco combatientes, luego fuimos veinte, luego fuimos más, pero tuvimos que aprender rápido. Y a pesar de la superioridad de los marroquíes les derrotamos, a ellos y a los mauritanos. Ahora tenemos un ejército fuerte, tenemos blindados, tenemos más soldados. En aquella guerra no sabíamos pelear, pero ahora los jóvenes saben pelear, han aprendido. Es verdad que a ellos les apoyan Francia y los Estados Unidos, pero nosotros tenemos a nuestros hermanos de Argelia, y a Argelia la apoya Rusia. Y, además, nosotros conocemos nuestra tierra, sabemos por dónde traspasar el Muro de Marruecos. Nosotros no necesitamos carteles en el desierto. Lo conocemos desde siempre.