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Amargo como la vida...

El primer té es amargo como la vida. El segundo, dulce como el amor. El tercero, suave como la muerte. Como la vida en el desierto de Tindouf...

Amargo como la vida...

ESA forma de ser tan digna nos derriba, nos lastima por dentro, pero nos enseña... Entre la arena y el cielo transcurre la vida de los saharauis. 35 años sorbiendo un té amargo como la vida. Hay días en que sopla el viento del desierto, el siroco, con tal fuerza que la arena se levanta con furia y con ella sobre un tapete, parece como si volaran los cientos de jaimas y casitas de adobe... y con ellas el muro defensivo de 2.500 kilómetros que les separa de su libertad. Rezar (a Alá), amar, vivir de la ayuda humanitaria (la igualdad dentro de la pobreza) y resistir. Atrás quedó su vida nómada como comerciantes y pastores. En la travesía por el desierto al norte de Mauritania se encuentran algunos pastores nómadas con grandes rebaños que se refugian en jaimas de piel de camello. Un animal que sabe resistir cuando hace calor, sabe buscar agua cuando tiene sed, y ha sido el principal transporte antes de llegar el jeep.

No hay prisa, todo el mundo es bienvenido y siempre queda té para las visitas. El desierto convierte cualquier hogar en un oasis y a cualquier viajero en uno más de la familia. Entre la arena y el cielo siempre hay tiempo para charlar, para reír, para conocer... y cualquier pretexto es bueno para tumbarse en el suelo a tomar el té (el ritual del te consiste en tomar tres vasos), esperando compañía, dibujando un círculo humano... Las ventanas cerradas por el viento, y las puertas de las jaimas (o las casitas de adobe de un solo piso) abiertas a la visitas, algo impensable en una sociedad individualista como la nuestra que se ve en la cúspide del desarrollo. En un salón sin muebles comparten alfombra nietos, hijos, abuelos, tíos... no hay puertas que separen espacios interiores ni tampoco exteriores, ellos conocen los nombres de cada uno de sus vecinos. Nada más entrar en una jaima lo habitual no es encontrar un televisor sino un saharaui sentado descubriendo el paño que cubre los vasitos de cristal y avivando las llamas del fuego. La ceremonia del té requiere tiempo, paciencia, gusto, y es la mejor demostración de hospitalidad y riqueza de su cultura beduina...