viena - Las mismas potencias que cerraron ayer un histórico acuerdo con Irán para limitar su programa nuclear son las que introdujeron a ese país en esa tecnología cuando, antes de la Revolución Islámica de 1979, era todavía un importante aliado de Occidente. Fue en 1957 que la entonces Persia, gobernada con mano dura por el sha Mohamed Reza Pahlevi, hizo su primera andadura en el campo nuclear, siempre bajo el auspicio de Estados Unidos.
Diez años más tarde el poderoso aliado norteamericano le facilitó el primer reactor y el sha lanzó un programa de inversiones millonarias para formar a técnicos, producir combustible nuclear y desarrollar centrales nucleares propias, con la participaron también de Francia y Alemania. Estos planes chocaron en 1979 con el triunfo de la Revolución Islámica y con la opinión de su líder, el ayatolá Jomeini, de que la energía nuclear era algo satánico.
La guerra con Irak (1980-1988) acabó por enterrar el programa atómico iraní hasta mediados de la década de 1980, cuando retomó unos esfuerzos cuyas intenciones reales, militares o civiles, siguen hasta hoy sin estar claras.
A finales de 2002, la oposición iraní reveló la existencia de una planta de producción de uranio enriquecido en Natanz y una planta de agua pesada en construcción en Arak, dos instalaciones que Irán había mantenido en secreto durante años. A partir de ahí, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) comenzó a inspeccionar el programa atómico iraní para descubrir que durante 18 años había ocultado información. La falta de transparencia frente al OIEA se fue alternando con momentos de cooperación, como entre octubre de 2003 y agosto de 2005, cuando Irán aceptó paralizar su programa de enriquecimiento. En 2006, ante los repetidos incumplimientos de Irán y su negativa a dejar de enriquecer uranio, el OIEA remitió el expediente iraní al Consejo de Seguridad de la ONU.
La ONU, EEUU y la Unión Europea aprobaron varias sanciones que congelaron fondos iraníes en el extranjero, bloquearon transacciones financieras e interrumpieron el comercio de petróleo, causando enormes daños a su economía iraní. Lejos de ceder, Irán aceleró sus esfuerzos atómicos en una lucha de poderes que acabó ayer. - Efe