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Objetivo: Groenlandia

Trump impulsa tomar Groenlandia por recursos y valor estratégico, forzando a Europa a elegir entre resistir o ceder, lo que podría redefinir la hegemonía global futura mundial

Objetivo: Groenlandia

Trump lo tiene claro. Próximo objetivo: Groenlandia. Y para lograrlo, ha puesto en marcha toda la maquinaria diplomática y retórica de su administración para que Dinamarca y Europa no se interpongan a los intereses norteamericanos. Todo con la clara intención de que la isla más grande del Ártico, caiga bajo su órbita de influencia, de una manera u otra. Al mismo tiempo, la Unión Europea se enfrente a su primer conflicto directo con la agresiva política exterior de los Estados Unidos. Un choque de intereses que sin duda alguna, condicionará el futuro de las relaciones europeas con su antiguo aliado.

Meses atrás, las primeras afirmaciones de Donald Trump respecto a su deseo de hacerse con Groenlandia, sonaban más a bravuconada mezclada con excentricidad, marca de la casa de la administración trumpista, que a una posibilidad real. Tras lo ocurrido en Venezuela, las sonrisas respecto al tema de Groenlandia han dado paso a la preocupación, sobre todo para una Unión Europea, que ve que parte de su territorio puede ser engullido por su histórico socio y protector. Pocas dudas quedan de que la apuesta de Trump es firme, y que no va a haber titubeo alguno. La principal cuestión será, si Europa será capaz de oponer resistencia, o si cederá a las primeras de cambio, y en qué términos. Lo que está juego, más allá de la integridad de las instituciones europeas, es parte del futuro que le espera al mundo: la lucha por los recursos claves que determinarán el poder de un país en el balance internacional de poder. Groenlandia, un pedazo de hielo de nombre de resonancias míticas, es algo que más que una simple isla ártica.

En su suelo se esconden materiales de alto valor para la fabricación de elementos tecnológicos claves para el futuro. Recursos minerales, metales comunes y preciosos, minerales industriales y tierras raras. Todos ellos dispersos por toda la larga costa de la isla, sin haber sido explotados aún. Tampoco hay que olvidar su impresionante valor estratégico, que le hace controlar la ruta marítima rusa hacia Europa, manteniendo la vigilancia de los submarinos nucleares rusos sobre la denominada brecha GIUK, que conforma el paso marítimo entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido.

Dos elementos claves para una Estados Unidos que tiene claro que no va a permitir que China le robe la hegemonía mundial. La propia Groenlandia, mientras, se encuentra al margen de la pelea internacional que se ha generado a su alrededor. Sus 57.000 habitantes, viven alrededor de las costas, con un interior cuyas condiciones climáticas lo hacen inhabitables, actuando de forma autónoma respecto al reino de Dinamarca, del que forman parte oficialmente.

La pesca es la principal forma de vida para unos groenlandeses, que necesitan del dinero danés, unos 500 millones de euros anuales, para mantener los servicios de la isla. A cambio, los daneses, incapaces de desarrollar el potencial de recursos de la isla, debido a su dificultad de extracción, se valen del papel estratégico clave de Groenlandia, para tener un especial peso político en el panorama internacional, muy superior al de un pequeño reino de seis millones de habitantes en el norte de Europa. Una carta, que hasta ahora les ha permitido jugar manos impensables para un país tan pequeño, pero que parece que ahora juega en su contra.

Un anhelo que viene de lejos

No es nada nuevo el intento de los Estados Unidos por hacerse con Groenlandia. Ya hace tiempo, décadas atrás, intentó su adquisición a los daneses. La compra de territorios no es algo nuevo para los Estados Unidos, que desde su independencia del imperio británico, se conformó como país a través de la compra de la mitad de su territorio actual a países como Francia, México o Rusia. Dinamarca, que colonizó Groenlandia, en el siglo XVIII, mantiene su colonia a pesar de los intentos norteamericanos de influir en la isla, dejándoles a estos tras la II Guerra Mundial, cierto espacio para sus equipos de defensa militares.

Tras la ocupación nazi de Dinamarca, los gobernantes daneses en el exilio aceptaron dejar a los Estados Unidos la utilización de la isla como base aérea. Tras la derrota de los nazis, Truman trató de mantener aquel lugar estratégico para siempre en manos del tío Sam, lanzando la oferta de 100 millones de dólares en oro por la isla. Los daneses se negaron, pero admitieron la presencia americana en la isla, con la intención doble, de por una parte, tener defendida la isla, algo difícil para un país como Dinamarca, y al mismo tiempo, lograr también la propia defensa del territorio danés a través de la OTAN. En 1951, se firmaba un acuerdo de defensa entre ambos países, lo que aseguraría la presencia de tropas norteamericanas en Groenlandia. Estos no tardaron en crear su base más septentrional aérea, la base de Pituffik. Base por cierto, clave en la red de radares de misiles balísticos del país, y que fue una pieza clave en la guerra fría para la detección de un posible ataque soviético.

Mientras el ejército danés patrulla la isla con trineos tirados por perros, los Estados Unidos mantienen una base de última tecnología, preparada para cualquier intervención en su contra a nivel continental. Algo que obviamente mete presión a un gobierno groenlandés, que a pesar de tener total competencia en la gestión del territorio, más allá de la defensa exterior, que es responsabilidad del reino de Dinamarca, se ve entre la espada y la pared. En teoría, los groenlandeses tienen potestad y capacidad política para separarse de Dinamarca si ellos quieren. Lo que ha sido visto por Trump una auténtica oportunidad para apoyar una posible independencia de la isla, que abriese a la isla a lanzarse a los brazos de los Estados Unidos. Las fotos con Inteligencia Artificial, de Trump y Vance tomando Groenlandia con una bandera americana, difundidas por el propio Trump, no dejan lugar a la imaginación sobre los deseos del presidente norteamericano. Su respuesta arancelaria a las maniobras europeas en Groenlandia, es un aviso a navegantes.

Parece que nadie va a poder parar a los Estados Unidos, ni siquiera la Unión Europea, o el propio tratado de la OTAN, que impediría que Trump se hiciese de manera unilateral con el territorio. Pero ni siquiera un ridículo Macron al estilo mafioso en Davos, lanzando proclamas desde el escenario con gafas de sol oscuras, como si estuviésemos delante de “un duelo del oeste”, dejan albergar esperanza alguna para los europeos. Puede que Trump, al hacerse con Groenlandia, logre una de las mayores victorias estratégicas de su país en las últimas décadas. Por una parte, se hará con una de las reservas más importantes de tierras raras del mundo, que gracias al deshielo, vera su posibilidad de extracción facilitada, dotando al país de las barra y estrellas de un importante tanto en su lucha con los chinos por las reservas de tierras raras del mundo. Una guerra, que posiblemente, determinará la hegemonía tecnológica del futuro, la clave de cualquier futura potencia para mantener el primer puesto.

Nuevas rutas comerciales

Al tiempo, no sólo tendrá un espacio clave en términos militares, para la vigilancia de sus potenciales enemigos, e incluso para atacar, si es necesario. También podrá abrir nuevas rutas comerciales, que controlará totalmente, acortando el camino entre Asia y el resto del mundo. No olvidemos, que según muchos expertos, el mayor peso de la economía mundial recaerá en Asia en unas pocas décadas. Los Estados Unidos, con su control de la isla ártica, manejaría las redes comerciales de la zona, teniendo uno de los futuros nudos comerciales bajo su influencia. Pero la jugada se completaría con un nuevo premio. Y aquí entraría la Unión Europea.

Si Trump dobla la apuesta por Groenlandia, obligará a tomar posición respecto a la política norteamericana a los europeos. Y ese quizás sea, otro de los grandes triunfos que pueden esperar a Donald Trump en Groenlandia. Ya lo hemos visto con el envío de tropas europeas a Groenlandia. En cuanto Trump ha levantado la voz, las tropas alemanas han vuelto a su país en el primer vuelo de Groenlandia hacia Alemania. Veremos si Macron es capaz de aguantar el órdago arancelario, cuando su país es incapaz de lograr siquiera la formación de un gobierno mínimamente estable.

La misma debilidad se ve en una Unión Europea, que durante décadas ha sido incapaz de progresar en su integración política y económica, y que posiblemente jamás haya necesitado mayor unidad entre sus miembros, ya que es ahora realmente donde se juega su futuro como entidad política. La claudicación ante Trump en la pugna por Groenlandia tendría dos efectos a largo plazo en la política europea, que alteraría completamente el proyecto europeo. En primer lugar, una claudicación significaría un nuevo papel sumiso respecto a los Estados Unidos, fuera de todo maquillaje y teatro.

Es innegable que Estados Unidos ha sido clave en el desarrollo económico y político europeo, al mismo tiempo que fue su garante de seguridad en la guerra fría. Pero a pesar del poder del gran aliado, Europa ha sido capaz de mantener cierta autonomía, y haber sido capaz de llevar su proyecto adelante. Un proyecto, cuyo fracaso a la hora de lograr una verdadera unión, se hará patente ahora. Sólo una verdadera Europa unida podría hacer frente al desafío de unos Estados Unidos que no quieren un aliado a su misma altura, sino debajo de él.

Y parece, que esa debilidad será aprovechada por un Trump, que disfrutará enormemente humillando a Europa, y recordándole, que ahora Estados Unidos no quiere aliados al mismo nivel, sino socios supeditados a las necesidades del país de las barras y estrellas.

El daño de una claudicación

Pero esta seguramente próxima claudicación, hará más daño del que creemos al proyecto europeo. Un proyecto creado, como unión basada en principios fundamentales, en derechos individuales y colectivos, y con el objetivo de lograr un mundo regulado por leyes a nivel internacional. Ese fue el motivo de origen de la Unión Europea, lograr que el derecho y los acuerdos entre los estados europeos evitasen que la guerra y la devastación volviesen a Europa. Ahora, una claudicación a aquel sueño por parte de Europa, iniciará una nueva época para el continente europeo, un nuevo inicio, del que no podemos imaginar su desenlace. Un mundo en el que la fuerza, parece estar por encima de las leyes. Y ante el que Europa, seguramente, no pasará de un valor testimonial.