Síguenos en redes sociales:

Esther Elizalde explica en un libro cómo las murallas pasaron de generar aversión a ser un símbolo

el ayuntamiento publica 'pamplona plaza fuerte (1808-1973)', escrito por la doctora en historia

Esther Elizalde explica en un libro cómo las murallas pasaron de generar aversión a ser un símboloFoto: patxi cascante

pamplona. En la capital navarra se ha pasado de festejar el derribo de las murallas, en 1915, en medio de "un día de júbilo extraordinario" -como recoge un medio de la época- a celebrar, casi un siglo después, la recuperación de gran parte del patrimonio amurallado. La doctora en Historia del Arte pamplonesa Esther Elizalde Marquina explica esta evolución y muchos otros detalles sobre las fortificaciones en su libro Pamplona plaza fuerte (1808-1973). Del derribo a símbolo de identidad de la ciudad. Un trabajo que forma parte de una tesis doctoral más amplia y que se presenta, al precio de 10 euros, como el quinto título que el Ayuntamiento edita en relación a las fortificaciones.

Según recoge la autora navarra, la visión de las fortificaciones ha pasado por diferentes etapas. Desde mediados del siglo XIX los representantes municipales se enfrentarían con el estamento militar ante la necesidad de expansión urbana, impedida por el conjunto amurallado. Elizalde cita como el principal objetivo del Ayuntamiento era en principio la "destrucción total" de las fortificaciones. Sin embargo, ante la imposibilidad de lograr este extremo, desde el Consistorio se iría pensando más bien en una modificación del conjunto amurallado. La primera solicitud dirigida a Isabel II tendría lugar en 1854, si bien la respuesta no fue la esperada. Sin embargo, tras la última Guerra Carlista el recinto amurallado quedaría en evidencia al bombardearse la ciudad desde el monte Ezkaba y, tras la contienda, se decidiría construir el Fuerte de Alfonso XII. "Con su edificación, las murallas perdían su razón de ser en la defensa estratégica de la ciudad, dando nuevas esperanzas a la Corporación Municipal", cita Elizalde.

A partir de ahí, según explica Elizalde, se reproducirían los conflictos entre la Corporación y el estamento militar hasta que, finalmente, el 25 de julio de 1915 el alcalde Gaztelu comenzaba el derribo de las murallas con el fin de favorecer la expansión de la ciudad. "Llegó un momento en que estas defensas infranqueables se convirtieron en un lastre para la población que vivía entre esos viejos muros, sufriendo la hegemonía militar y el mayor mal: el hacinamiento", recoge.

De ahí que la demolición de parte de las murallas fuese acogida con alborozo por la población. La jornada fue festiva, con el desfile de la Comparsa o un festival acrobático gratuito en la Plaza de Toros. Sin embargo, los pamploneses no tardarían en extrañar las murallas y en unas décadas se iniciaría el camino inverso, el de la recuperación de este patrimonio, como también recoge Elizalde en su obra.