“Soy una militante folclórica”. Ainhoa González Zudaire se ríe al decirlo, pero la frase resume a la perfección su vida. Tiene 28 años –cumplirá 29 en San Fermín– y lleva más de dos décadas tocando el txistu entre comparsas de gigantes, grupos de dantzas, kalejiras y fiestas populares. Ahora, se acaba de incorporar a una de las instituciones más simbólicas de la música tradicional navarra: la banda municipal de txistularis de Iruña, donde se ha convertido en la primera mujer en sus 84 años de historia.
Lo cuenta con emoción, aunque también con cierta mezcla de vértigo y responsabilidad. “Me puse nerviosísima cuando me lo propusieron”, reconoce. “Estoy muy contenta, pero también siento responsabilidad porque al final yo soy la imagen de eso. Aun así, me hace muchísima ilusión pensar que puedo abrir camino a las que estén por llegar”.
La historia empezó casi por casualidad. Tenía ocho años cuando llegó junto a su madre a la Escuela de Música de Zizur y preguntaron qué instrumento tenía más plazas libres. “Era el txistu”, recuerda entre risas.
Aquella decisión aparentemente improvisada terminó marcando gran parte de su vida. “Yo no lo sabía, pero el txistu me iba a aportar muchísimo: amigos, experiencias, viajes y una red social enorme”. Ha tocado en lugares como Marrakech, Manchester o Italia y asegura que ni ella ni su familia imaginaban entonces hasta dónde le llevaría aquel instrumento.
20 años tocando el txistu
González estudió en la Escuela de Música de Zizur y después accedió al Conservatorio Pablo Sarasate, donde cursó grado profesional mientras compaginaba los estudios musicales con el doble grado de Farmacia y Nutrición en la universidad. En total, 16 años de formación. Pero queda claro que su trayectoria no se entiende únicamente desde el conservatorio. “Desde los 12 años ya tocaba en la calle con el grupo de Zizur y desde los 16 empecé con grupos de dantza. Al final, han sido muchas horas y kilómetros de calle”, dice entre risas.
En su recorrido aparecen constantemente nombres como el de Aitor Urkiza. “Me lo ha enseñado prácticamente todo, ha sido mi maestro dentro y fuera del aula”. También recuerda con especial afecto a Fermín Goñi, uno de sus primeros profesores. “Yo iba contenta a música gracias a él y el cariño al txistu me viene en parte de ahí”.
Desde hace muchos años, también toca en comparsas de gigantes, principalmente en Zizur y Pamplona, pero también en Mendillorri, Txantrea y otras. “Con los gigantes es igual que con los dantzaris, siempre he intentado estar donde hacía falta. Si algún grupo de dantza o comparsa necesita ayuda, yo estoy ahí”. Por eso cree que su perfil encajaba en lo que buscaba la banda municipal. “Gran parte de lo que hacemos son dianas, procesiones y bailables. Necesitaban a alguien muy ligado a lo popular y con mucha calle”.
Relevo en la banda
La incorporación de González coincide además con una nueva etapa en Iruñeko Txistulari Taldea. La banda, fundada en 1942, amplía por primera vez de cuatro a cinco integrantes tras la jubilación de Mintxo Garaikoetxea, uno de los grandes nombres del txistu en Iruñerria. Junto a González entra también Aitor Huarte y completan el grupo Beñat López, Eiande Aranburu y Álex Martínez.
“Somos una banda bastante joven y el hecho de ser cinco nos da mucho juego. Vamos a poder turnarnos y ser más versátiles”. Aun así, reconoce que la sombra de Mintxo sigue muy presente. “Es imposible reemplazarlo. Ha sido una figura importantísima del txistu y además una persona muy cercana y muy humilde, siempre dispuesto a ayudar”.
Aunque su entrada tiene una evidente dimensión simbólica, González insiste en una idea: las mujeres llevan mucho tiempo presentes en el mundo del txistu. “Siempre ha habido mujeres txistularis y yo agradezco muchísimo haber crecido con esos referentes”, explica. “En las escuelas y en grupos de dantza esto hace años que está normalizado”.
Recuerda especialmente los casos de Zizur o Burlata, donde las mujeres son mayoría desde hace tiempo, o el de otras músicas como Leire Retegi, integrante de la banda municipal de Tolosa y primera mujer en tocar el pasado año en la procesión de San Fermín. “Para mí el txistu nunca ha sido un mundo masculino”, remarca.
Así, considera que la llegada de una mujer a la banda era solo cuestión de tiempo. “La banda de Iruña había tenido mucha continuidad y solo había cuatro plazas. Por eso era un espacio bastante tradicional y ahora se abre una etapa nueva. La idea es que las niñas de las escuelas de música vean que se puede llegar a cualquier sitio, que no piensen que hay espacios donde no se puede tocar”.
El txistu sigue vivo
González reconoce que las matriculaciones en las escuelas de música han bajado en los últimos años, también en txistu. Aun así, habla del presente del instrumento con optimismo. “Lo importante no es solo estudiar, sino seguir tocando”, reflexiona. “Participar en las fiestas de tu pueblo, de tu barrio o donde sea. Todo lo que vives desde dentro lo disfrutas mucho más”.
También reivindica la capacidad de renovación que vive actualmente el txistu en Navarra, donde conviven tradición y propuestas contemporáneas. “Se están haciendo cosas muy interesantes. El txistu sigue evolucionando”.
Habla de proyectos actuales, de nuevas composiciones y de músicos jóvenes que siguen moviéndose alrededor del instrumento. Pero también de algo mucho más sencillo. “A mí me emociona ver a gente que lleva toda la vida tocando y sigue ahí. Eso me da esperanza”.
Dianas al amanecer
Su debut con la banda municipal llegó en la llegada del Ángel de Aralar a Pamplona. Después vinieron las primeras dianas recorriendo las calles del Casco Viejo al amanecer.
“Pensaba que iban a ser una matada”, reconoce entre risas. “Pero las estoy disfrutando muchísimo”. Le gusta especialmente ese momento en el que la ciudad todavía está vacía y el sonido del txistu rebota en las calles silenciosas. “Hay una sonoridad especial y mucha paz. Es algo muy íntimo”.
Y mientras el txistu vuelve a despertar Iruña cada mañana festiva, también empieza a sonar algo distinto: el relevo de una generación joven que quiere seguir cuidando la música popular desde dentro, con raíces, calle y mucho futuro.