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'Luces desde Lodosa. Vida de José Esparza Galilea': la grandeza de lo sencillo

Víctor Sanz ha publicado una semblanza que relata la modesta cotidianidad de este extraordinario vecino

'Luces desde Lodosa. Vida de José Esparza Galilea': la grandeza de lo sencilloIban Aguinaga

José Esparza fue de esos hombres que no buscaban ser vistos, pero que, sin saberlo, enseñaba sin imponer; acompañaba sin invadir; y tendía la mano sin esperar nada a cambio. Un lodosano de pro que vivió con la sencillez de quien entiende que lo verdaderamente importante no hace ruido; una aparente normalidad en la que habitaba algo extraordinario que el profesor de la Universidad de Navarra, Víctor Sanz Santacruz, ha plasmado en el libro Luces desde Lodosa. Vida de José Esparza Galilea (1928-2018).

Cuenta el autor que esta semblanza surge a raíz de una amistad que les unió a ambos los últimos 20 años, así como al interés mostrado por uno de los hijos de José, que contaba con numerosa correspondencia, más de 300 cartas manuscritas, y grabaciones “que merecía la pena recuperar y publicar”. Y es que, aunque de acuerdo con la propia familia del protagonista del ejemplar, “le habría sorprendido enormemente ver su vida plasmada en un libro” al considerarse una persona “normal”, el hecho de ser excepcional no siempre significa hacer mucho, sino hacer de lo poco algo lleno de sentido.

Capítulos del libro

José, que estudió en las escuelas de Lodosa y después en Pamplona, lo que ahora sería un primer ciclo de Formación Profesional de Contabilidad, aseguraba que “me he pasado toda mi vida vendiendo harina”. Implicado a nivel social y cultural en diversas asociaciones, era una persona humilde, “muy amigo de sus amigos y alguien que amaba las diferencias”. A pesar de los años que corrían, y siendo un pueblo pequeño, “animaba siempre a dejar las envidias de lado y a que las relaciones humanas no fueran conflictivas; buscaba la forma de llegar a un punto de encuentro”.

Víctor desvela que ha dividido el texto, “escrito con un lenguaje sencillo y ágil”, en diversos capítulos que van desde la historia de su familia, con seis hijos, hasta los momentos de bienestar o los contratiempos (la muerte de su hija pequeña Idoya o los cuidados a su mujer cuando enfermó); así como su trayectoria laboral.

Muy empático, generoso y preocupado por la buenaventura de quienes le rodeaban, “José se preocupó muy mucho de que la gente, cuando iba a cerrar la fábrica, se pudiera acoger a la jubilación o se recolocara en otro trabajo”.

También le dedica un pequeño espacio a la relación que tuvo con san Josemaría Escrivá de Balaguer; empezaron a escribirse cartas en los años 60, y nunca dejaron de hacerlo, y a cómo colaboró con la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra. Apuntan sus hijos e hijas que “era muy espiritual y sería injusto que esa parte no saliera; en él, no existía división entre su humanidad y su fe”.

Pinceladas sobre José

Fiestero hasta la médula, los sanfermines estaban marcados en rojo en su calendario, así como las fiestas de Lodosa, donde mucha gente lo recuerda pegado a un bombo. Y es quela música y la banda eran dos de sus pasiones. Miembro de la extinta Peña Alegría, llevó a la localidad ribera la primera charanga en el año 1951.

José Esparza tocando el bombo en fiestas de Lodosa.

José Esparza fue promotor de la escuela familiar agraria que hubo a las afueras de Lodosa, en la carretera hacia Mendavia, y que se llamó IMAS, un lugar que impulsaron debido a una fuerte inquietud social y por el que pasaron cientos de jóvenes de la comarca durante tres décadas. 

Fue presidente del Casino, se encargaba de conseguir películas para el cine, e incluso se metió durante muchos años en la piel del Rey Gaspar.

Esparza, sosteniendo, a la izquierda, la pancarta de la Peña Alegría, junto a la txaranga que logró llevar a la localidad.

Aficionado a muchos deportes, jugaba muy bien a pelota mano y, de hecho, coincidió con el otro José Esparza, y también de Lodosa, el que fuera campeón del mundo. “Recuerdo una vez que iba ganándole, pero tenía la mano pequeña y blanda, así que perdí”, relataba el protagonista del libro en una de sus confesiones. También jugó a fútbol durante muchos años y fue presidente de la entidad. De hecho, en julio de 2017, con motivo del 75º aniversario del CD Lodosa, lanzó el chupinazo de fiestas patronales.

Momento del lanzamiento del chupinazo de fiestas en el año 2017.

Lectura reconfortante

Este libro nace desde la humildad con la que vivió José. Quienes lo han leído, y quienes lo van a hacer, no solo encontrarán páginas llenas de anécdotas y momentos entrañables, también sonreirán, reirán y, en muchos casos, se emocionarán. Porque en sus historias hay verdad, cercanía y vida y, al final, eso es lo que permanece: el eco de alguien que, sin pretenderlo, dejó su impronta.