No creo que sea yo el único para quien la noticia de la luz verde de impacto ambiental al ministerio del ramo para la construcción de la estación del TAV en Etxabakoitz haya sido una importante noticia de esta pasada semana. Es un paso más a la llegada de la esperada línea de alta velocidad a nuestra ciudad, línea ya avanzada en la Ribera… Y creo que traerá más beneficios que perjuicios a Pamplona y a Navarra. Esa estación va a cambiar sin duda la estampa urbana de un barrio que ha sido un poco, o un mucho, el patito feo del urbanismo pamplonés. Cambiará la estampa del barrio y su zona deteriorada proclive a la exclusión y el chabolismo; pero también, sin duda, cambiará la vida de Pamplona y su mundo empresarial y fabril, habida cuenta que la vía se pretende mixta, al contar con ese medio de transporte de alta velocidad, como ya ha sucedido con otras ciudades que cuentan con TAV desde o hacia Madrid. Pues, nos guste o no, Madrid sigue siendo el machadiano rompeolas de todas las Españas (Madrid, Madrid! ¡Qué bien tu nombre suena, rompeolas de todas las Españas! Escribía Machado en plena guerra , al tiempo del asalto frustrado a la capital por parte de las tropas de Mola), al que hay que acudir por negocios, trabajos –son muchos los navarros que trabajan de fijo en Madrid y necesitan comunicaciones rápidas y cómodas– y también acudir, todavía, a gestiones administrativas y políticas, gracias a una concepción centralista del Estado que dejó a Navarra condenada casi al aislamiento, priorizando la comunicación más fácil con otras ciudades y regiones.

Las carreteras nacionales, si mal no recuerdo, no pasaban por Navarra. Fíjense en el trazado de la N-1 y otras según invento de la realeza ilustrada. Atrás quedó el Plazaola que nos unía con San Sebastián y su vetusta estación de Conde Oliveto. Veremos qué pasa con nuestra tristísima Estación del Norte, poco acogedora, aunque me haya servido, un par de veces, de escenario novelesco para despedidas nocturnas, gamberras y pasadas de copas, por donde se iban nocturnos (y para siempre) los ahogados de la ciudad para volver con el rabo entre las piernas un tiempo después.

Y mucho antes del tren del Plazaola, tuvimos el proyecto de ferrocarril de los Alduides, nunca realizado, que nos iba a facilitar el acceso y comunicación con Francia, algo más que la Navarra de ultrapuertos, una de las salidas naturales de Navarra.