Santacara acogió este domingo, bajo un sol abrasador, la 17ª edición del Día de Cara, una jornada centrada en la difusión del yacimiento de la ciudad romana de Cara, con actividades divulgativas, visitas guiadas y recreaciones históricas en el entorno arqueológico. Durante la mañana se abrió un mercado romano con taberna o macellum junto al yacimiento; el mejor lugar para refugiarse del intenso calor y la falta de sombras en el lugar. Este estuvo acompañado del espacio ‘Aprendiendo en la Antigua Roma’, con talleres de cerámica Terra Sigillata, juegos romanos, escritura en tabulae cerae y la recreación de un campamento militar. A las 11:30 horas se realizó una visita guiada al yacimiento y al Aula Arqueológica ‘Civitas Cara’, dirigida por el arqueólogo Alex Duró. A las 13:00 horas tuvo lugar una demostración de maniobras militares y equipamiento del ejército bajoimperial.
El alcalde de Santacara, Miguel Ibiricu, señaló que “el objetivo de este día es transmitir la historia de nuestro pueblo, el descubrir a las generaciones jóvenes el pasado de nuestro pueblo, la cultura y el patrimonio... Jornadas como esta sirven además para poner a Santacara en el centro del mapa de Navarra”. También destacó la importancia de dar visibilidad a los pequeños municipios y su patrimonio. “Los de la zona sí conocemos nuestros pueblos, pero es importante darlos a conocer más allá de nuestro territorio”.
Valor histórico
El yacimiento de Cara se sitúa en la margen derecha del río Aragón, en un entorno estratégico marcado por la fertilidad del valle y la comunicación natural entre territorios. Su área de influencia histórica se extendía entre las sierras de Guerinda y Ujué y los ríos Cidacos y Aragón, lo que favoreció el desarrollo de actividades agrícolas, ganaderas, mineras y comerciales. La existencia de numerosas villas romanas y más de 50 canteras de extracción de sillares en la zona apunta a una intensa explotación del territorio en época antigua.
Las evidencias arqueológicas sitúan la ocupación del enclave desde hace unos 2.500 años, en la Primera Edad del Hierro. Posteriormente evolucionó hasta convertirse en un oppidum durante la Segunda Edad del Hierro, un centro de poder regional con murallas, viviendas y materiales como monedas ibéricas. En época romana alcanzó su mayor desarrollo, con una extensión de entre 16 y 18 hectáreas, calles urbanizadas y elementos monumentales como capiteles, esculturas y restos de edificios de culto, además de una red viaria que conectaba la ciudad con otras zonas del Imperio.