lesaka - Ofrecen su tiempo a los demás sin ninguna compensación económica. Ofrecen acompañamiento y ayuda para pasear, como profesores de castellano, como conductores en los traslados al centro de salud o al hospital. En Bortziriak, el voluntariado se asocia a Elkarrizan, que dispone de 42 personas, 11 de ellas lesakarras. Para agradecer de alguna manera este trabajo que se hace musutruk, el chupinazo ha corrido este año a cargo del voluntario Alfonso Obeso. Aunque es guipuzcoano de Renteria de nacimiento, Obeso lleva 40 años viviendo en Lesaka. Tras trabajar en Laminaciones de Lesaka (actualmente Arcelor Mittal) se jubiló hace diez años pero la necesidad de ayudar a los demás le viene de antes: “Cuando todavía estaba en pie la Residencia de la Inmaculada, hacia el año 1997, quería acercarme pero me daba cierto reparo, no sabía como actuar y le pedí ayuda al párroco don Máximo Hernandorena. Y así comencé a estar con los residentes, ofreciendo mi ayuda, pero pronto comprobé que hacía falta algo mas”. Obeso se puso en contacto con los grupos de voluntariado de Donostia, Baztan y Bera para recabar información. “En Bera había mucha gente y en Lesaka sólo estábamos tres, por lo que no tenía sentido funcionar cada uno por su lado”. Desde entonces, “la familia ha ido creciendo”.

También para los voluntarios de Elkarrizan son días de fiesta, pero cuando la fiesta llega a la residencia se acercan a estar con las personas mayores: “Hubo algún año en que los joteros no fueron a la residencia y entonces les llevamos a la plaza a escuchar la música”. Afirma que Lesaka es un pueblo de muchas tradiciones y una de ellas es que la fiesta se concentra en torno a la plaza, por lo que resulta difícil acercar el ambiente festivo a la Residencia. “Sería interesante -comenta convencido- ir cambiando el chip, sobre todo de la juventud. Vienen bertsolaris, vienen joteros, pero estaría bien que llegaran las kalejiras de las txarangas, las peñas, los gigantes y cabezudos, entraran a estar un poco con estas personas y trasmitirles la alegría de la fiesta”.

Alfonso Obeso también tiene tiempo para la fiesta, ya que es miembro de la Coral y “cantar la Misa o la Salve de la víspera es algo que me llena. Para el resto de días me veo un poco mayor, pero también me gusta mucho la bajada de Txakain, aunque soy bastante negado para el baile, siempre me pregunto por qué no he llegado a aprender el baile”. Pero sigue de cerca las fiestas y le gusta realizar pequeños reportajes con fotos y vídeos que capta y luego proyecta durante todo el año en la residencia. “En ese aspecto, echo mucho de menos la labor que realizaba Ttipi-Ttapa Telebista. Ahora soy yo el que realiza un poco esa labor, a otro nivel, pero muy a gusto. Cuando se ven en las imágenes les hace mucha ilusión”.

Reconoce que acogió la noticia de que lanzaría el chupinazo “con mucho nerviosismo” pero no dudó en aceptarlo, “no por mí, si no por lo que he representado. En este pueblo se hace una gran labor voluntariamente: Elkarrizan, bomberos, catequistas de la parroquia, las personas que trabajan en asociaciones culturales y deportivas... Yo he prendido la mecha, pero detrás mía estaban todos esos voluntarios, los residentes de Andra Mari, las personas que no pueden salir de sus casas y las que por cualquier motivo no han podido estar en la plaza, he querido representar a todas ellas”. - A.A.A.