La Escuela de Arte El Cuervo Blanco, en colaboración con el Ayuntamiento de Ansoáin, impulsa una nueva fase del proyecto Plaza Viva, una intervención artística comunitaria que convierte el suelo de la plaza en un espacio de juego, movimiento, creatividad y encuentro. La alcaldesa de Ansoáin, Marta Díez Napal, estuvo presente en el evento, y expresa su emoción por un espacio que sea por y para la comunidad. “Buscamos hacer comunidad, que exista compañerismo y convivencia”, manifesta.
El proyecto se desarrolla en la calle Sakanpea, en una zona abierta de encuentro del pueblo. Se trata de un espacio muy transitado por familias, niños, niñas y vecindario, por lo que la intervención busca reforzar su uso como lugar vivo, inclusivo y compartido.
La primera fase de Plaza Viva se puso en marcha en 2020-2021, en el contexto posterior al confinamiento provocado por la pandemia. En aquel momento, aunque la infancia ya podía volver a salir a la calle, muchos espacios habituales de juego seguían precintados. A partir de esta situación, surge una pregunta sencilla: si no se podía jugar en los lugares habituales, ¿por qué no convertir el propio suelo en un espacio libre de juego?
Un proyecto creado por la infancia
Plaza Viva fue impulsado por Itxaso Razquin, directora artística y pedagógica de El Cuervo Blanco, y desarrollado junto al alumnado de la escuela. Razquin cree que el arte debería ser de todos, y no confinado a un solo lugar. “El arte no se queda dentro del aula, debe de ser comunitario”.
El resultado fue la creación de un circuito lúdico de más de 600 metros cuadrados, compuesto por diferentes juegos, recorridos y propuestas que invitan al movimiento, la exploración y la creatividad. “Es un espacio pensado para la comunidad, hemos pensado en todo”, indica Itxaso.
Un espacio para todos
Esta nueva fase refuerza el carácter inclusivo e intergeneracional de Plaza Viva. El proyecto no estuvo pensando solo para la infancia, sino para las personas de todas las edades y condiciones. El proyecto cuenta con un cartel informativo con código QR. A través de este código, las personas pueden acceder a la presentación de la intervención y consultar propuestas e instrucciones para interactuar con los diferentes circuitos.
No obstante, la instalación se plantea como un espacio abierto. Las indicaciones funcionan como punto de partida, pero cada persona puede recorrer, interpretar y utilizar los juegos de forma libre. “Queríamos que cada persona pudiera encontrar su propia forma de habitar la plaza”, aclara Razquin.