Barrio de Lourdes de Tudela: corazón de barrio
Cumple 75 años desde que se inauguraron sus primeras 80 viviendas. Lo que era un lugar de acogida al que llegaban trabajadores de toda España para empezar y crear sus familias, sigue siendo referencia para acoger a migrantes y extranjeros que, como ellos y ellas en 1951, vienen buscando un empleo
Las mismas calles embarradas que a partir de 1951 pisaron tudelanos, navarros, extremeños, aragoneses, sorianos, andaluces, vascos y riojanos, 75 años después, ya asfaltadas y reformadas, sirven para que húngaros, nigerianos, marroquís, colombianos, ecuatorianos, peruanos, rumanos, argelinos y también tudelanos se unan en un espacio común, en un barrio, el Barrio de Lourdes, que nació para acoger a todos aquellos migrantes que buscaban un espacio donde trabajar y crear sus familias.
En 2026 aquel espíritu con el que el padre Lasa unió a personas de diferentes orígenes en un objetivo común, se mantiene. Quienes viven en el Barrio de Lourdes saben, mejor que nadie, que ser acogedor con quien llega de fuera, sea extranjero o no, marca su personalidad. Figura esencial en sus 75 años de historia son las mujeres que saben cómo escuchar a quien necesita hablar o hacerse entender, afrontar los problemas de llegar a un lugar desconocido, hacer fácil lo que parece imposible y trabajar hasta la extenuación para que todo el que vive en el Barrio sea solo eso, un vecino más. Todas aprenden de las diferencias y todas colaboran para salvarlas, respetarlas y avanzar unidas. Las mujeres son, desde 1951, el auténtico motor del Barrio de Lourdes.
Ser del barrio
Un café en torno a ellas, y para celebrar el aniversario de esta zona de Tudela que acoge a cerca de 13.000 de las 38.000 personas que viven en la capital ribera, sirve para acercar experiencias, valorar el espíritu del Barrio, analizar su pasado y su futuro. De la mano de Fefa Blanco (autora de Testigo de este Barrio), diez personas de diferentes orígenes y con el nexo común del Barrio de Lourdes se sentaron alrededor de una mesa para trasladar su perspectiva.
Coral Ortega es uno de los rostros más veteranos de estas calles, “yo vivo muy a gusto aquí, esa es la verdad, y mis hijos también. Llevo muchos años, lo he visto crecer a lo ancho, a lo largo... de todas las maneras”, dice con una sonrisa, de la que nunca se desprende. Ella es una de esas mujeres de la asociación que se entrega en cuerpo y alma en ayudar a quien lo necesita y en dar actividades al Barrio, también como forma de favorecer la integración.
“Estimo mucho al Padre Lasa, hizo un montón por sacar adelante este Barrio. Empezó por unas casas y fue creciendo. Trozo de Tierra que le vendían, allí que plantaba la casa. Iba la gente y le decía ‘Padre Lasa, una casa’”. Su edad le permite ver los cambios que algunos otros solo intuyen, “aquel espíritu queda. Ha venido mucha migración y ahora el barrio es completamente diferente a lo que era antes. Era como un pueblo, nos conocíamos casi todos. Venía gente nueva y los acababas conociendo, pero claro hoy en día no es así”.
No le falta razón. La capital ribera trataba de salir del horror de la Guerra Civil y penetraba en la decadencia de la postguerra cuando un joven sacerdote jesuita guipuzcoano, Jesús Lasa, llegó a la ciudad. De su mano, Tudela crearía un nuevo barrio que serviría para dar vivienda a las miles de personas que llegaban para trabajar en las recientes industrias que se establecían y un suelo y cuatro paredes a las numerosas familias que vivían en pésimas condiciones en la Virgen de la Cabeza y en Canraso. En 30 años se construyeron 1.700 viviendas y pasó de ser un descampado a una barriada con cerca de 10.000 vecinos con entidad propia y clave en la transición política tudelana.
Junto a Coral, con un cortado, se encuentra Gloria Patricia Lagua, de Ecuador, que llegó a estas tierras del Ebro en 2000; lleva ya la friolera de 26 años fuera de su tierra. En sus palabras, casi sin querer, revela una de las claves de los movimientos migratorios. “Estoy muy agradecida, solo tengo palabras de agradecimiento. Aquí me han dado todo lo que debería haber tenido en mi país pero no tuve. Aquí estamos muy bien”.
Cuando dice “estamos” se refiere a sus tres hijos, uno de ellos llegó con 5 años y los otros dos son tudelanos, nacieron ya en el Barrio de Lourdes. “Tengo trabajo, regento una tienda, la librería El Cole, tengo vivienda y estoy integrada. Cuando llegué Tudela era un pueblo pequeño y en dos pasos cubrías todo. Me enorgullece ver cómo progresa todo. El Barrio se está haciendo moderno. Es cierto que falta alguna cosa para que esté mejor, por ejemplo un centro de salud para no tener que ir al otro y algo más de comercio. Antes había más pero se va perdiendo”. Gloria afirma con rotundidad que “no me cambiaría a ninguna otra zona de Tudela, caí en la plaza del Padre Lasa y no me he movido,”.
Maribel Antón también vino de fuera, de Cascante, pero se considera ya una tudelana más, “empecé a estudiar a los 10 años y ya me quedé”. Maribel es una de tantas vecinas y vecinos que reclaman más aparcamientos, quizás, uno de los pequeños grandes problemas de esta zona en 2026. Aquí se quedó desde que se casó, hace unas cuantas décadas, “recuerdo las calles embarradas y cómo las fueron asfaltando poco a poco, hasta los 80”. El hecho de ser catequista ha hecho que conozca a muchas familias, de muy diversa procedencia, “la gente se siente integrada, hay mucha gente de todos los sitios. Se sienten de aquí, no de Tudela, que es otra cosa, se sienten del Barrio”. Este detalle es otra clave, sentirse del Barrio no implica, necesariamente, sentirse de Tudela.
Como muestra, un botón. Lucky Obise, nigeriano, llegó a Tudela hace 23 años, lo que significa que lleva casi tantos años aquí como los que pasó en su país de origen. “El Barrio ahora es muy diferente a cuando llegué. Estaba muy sucio, de mierdas de perro o de pájaro pero ahora está muy limpio, muy bonito. Yo, mi mujer Victoria y mis hijos estamos muy cómodos. Vine soltero y ahora estoy casado. Me gusta vivir y estar aquí con mi familia”, asegura mientras su pequeño juega con un coche sobre la mesa de la cafetería. Junto a él, su vecina Maribel, a quien no deja de alavar, un auténtico ángel de la guarda.
“Es una persona maravillosa. Mis problemas los hace suyos y no para hasta ver cómo nos puede ayudar. Busca siempre que estemos bien. En el Barrio encuentras gente muy diferente, encuentras amistad. Todos tienen un gran corazón, aceptan a los extranjeros. Nos ayudan con la ropa, con la comida, aceptan a los extranjeros”. Bajo su punto de vista uno de los mayores problemas y que necesita rápida solución es el de la vivienda, “antes había pocos migrantes, ahora es como el doble y la gente debe vivir en buenas condiciones”.
“Quiero morir aquí”
Belinda Alonso vive en Tudela desde hace 45 años (cuando se casó), pero es de las pocas personas de la tertulia que antes que en el Barrio vivió en Tudela, en la calle Capuchinos. “Encontramos una casica en el Barrio y no lo pensamos. Cambiamos el piso por una casica. La gente nos decía ‘¿cómo os vais a ir al Barrio a vivir?’ parecía que era irse al Tercer Mundo. Yo soy de pueblo y he vivido siempre en casa y cuando entré y vi un árbol no tuve dudas. Es una maravilla”. Belinda tuvo una tienda durante 20 años y después montó una cafetería junto con su hija. “Ha cambiado mucho. Yo echo en falta aparcamientos, no hay manera de aparcar, esto va creciendo y es lo único que echo en falta. He sido muy feliz aquí, conozco a un montón de gente. Con todos estoy muy bien y la verdad es que me gustaría morirme también aquí”, afirma rotunda con una media sonrisa, “tenemos cine, hostelería, comercio, iglesias… estoy encantada de vivir aquí”.
Menos años, unos 10, lleva la peruana Nancy Paredes viviendo en la calle Arco Iris del Barrio de Lourdes. “La gente es muy amorosa y cariñosa. Es gente muy trabajadora y cuando te cogen confianza, te lo dan todo, es gente sincera y quiero destacar el respeto que hay aquí por las personas, cómo se preocupan unas de otras. Es un lugar muy tranquilo. Me gusta mucho formar parte de España, de Tudela y más haber caído en esta parte, en el Barrio de Lourdes”. Nancy, solo tiene palabras de elogio, “aquí no me siento extranjera ni inmigrante. Me siento una más, y eso no es fácil. Por mi trabajo viajo por otros sitios, por España, pero cuando llego aquí ya no me quiero mover. Cuando regreso a Tudela, y a mi casa, en la calle Arco Iris me gustaría quedarme más tiempo. Me siento en casa”. Otro de los elementos que destaca es la posibilidad de ir andando a todos los sitios, algo que agradece, “si tuviera que decir algo, echo en falta que haya alguna feria de verduras o así durante los fines de semana, creo que integraría aún más al Barrio”
En su nacimiento, los Jesuitas fueron una pieza clave. En aquella Tudela de 13.000 habitantes de los años 50, el padre Ubillos, quiso enseñar al joven Lasa, recién llegado en 1938 de su Zaldivia natal, la realidad de la ciudad y le mostró las cuevas y chabolas. Ahí tomó conciencia de la miseria. En las cuevas vivían hacinados padres e hijos en túneles excavados en la piedra de entre 10 y 20 metros cuadrados, sin muebles, con jergones de paja y en ocasiones sin puerta de entrada. Ante esta situación, y con la ayuda de escolares del colegio San Francisco Javier, comenzó la campaña Una casa por año. Los jóvenes aportaban el dinero, mediante rifas, y también el trabajo. Así se realizaron entre 1945 y 1949 cuatro viviendas, dos en Canraso y dos en lo que sería el futuro Barrio de Lourdes, donde hoy se ubica la estación de Fuerzas Eléctricas.
Pero los pasos eran demasiado lentos y alentados por una nueva ley de vivienda de 1950 se decidió crear la Asociación San Francisco Javier para construir 80 viviendas sociales, que fueran baratas y destinadas a trabajadores. Junto a él, se implicaron Padre Lasa, Pablo Oliver, Román Añón, Antonio Arias y Teodoro González. Comenzaron a adquirir tierras apartadas de Tudela que fueran baratas, y en la mayoría de las casos cedidas, y el 21 de noviembre de 1951 se colocó la primera piedra en la confluencia de las calles Río Madre y Juan Antonio Fernández. En aquel entorno, surgieron asociaciones, colectivos y clubes deportivos que facilitaron la integración y cuyo trabajo es fundamental en que la amalgama de 80 nacionalidades convivan con un objetivo común, hacer grande al Barrio.
Una de las mujeres acogedoras, desde el anonimato, es Maite Martín. Llegó al Barrio desde Pamplona en 1990 donde abrió uno de los centros neurálgicos, el Bar Ruvy. “Cuando trabajas de cara al público, te das a conocer y eso nos pasó a mi marido y a mí. Lo dejamos ya hace 20 años y me dediqué a la casa y a mi hijo”, explica Maite que se autodefine como “muy dada a hacer cosas”, de hecho no hay Carnaval, charla, baile, clase o reunión a la que falte, además de colaborar en el Centro Lasa (que gestiona la acogida de los migrantes en un proceso de “inclusión social y construcción de ciudadanía) y en el Ropero (red de solidaridad comunitaria gracias a las donaciones de ropa para su reutilización).
“Yo conocí el Barrio, muy barrio. Había mucho comercio, cosa que ahora ha desaparecido, sobre todo en la plaza y en la avenida de Santa Ana, si bien gracias a la migración está volviendo mucho, librerías, fruterías, panaderías, tiendas… Pero si algo hace falta creo que es una biblioteca y un sitio donde los jóvenes se puedan reunir”. Maite asegura sentirse “muy orgullosa del trabajo que hacemos las mujeres del Barrio por la integración, también la asociación de jubilados y la de vecinos. Todos colaboramos, es un barrio muy participativo aunque es verdad que las mujeres nos volcamos mucho en ayudar”.
Uno de los rostros más conocidos y habituales en toda cita cultural, festival, musical o de ocio de Tudela es el de Sagrario Jiménez. Llegó desde Tarazona a Tudela, ya que su marido trabajaba en la Renfe. Vivió en cerca de la estación, y más tarde también del ambulatorio, “pero al final me vine al Barrio, donde estoy superintegrada. Mucho más que en cualquiera de las otras zonas donde he vivido. Yo pienso que si tienes un mínimo de inquietudes hay que movilizarlas todas y aquí puedo hacerlo”, explica mientras no deja de mirar su reloj ya que es voluntaria en Proyecto Hombre y se le hace tarde.
“Aquí las mujeres somos muy movidas y participativas, nunca nos faltan ganas de pensar en hacer cosas nuevas. Me da pena cuando veo a gente joven que se encierra en sus móviles”. Sagrario no duda en afirmar que el Barrio, donde el barro campaba a sus anchas, costó llevar agua a los grifos, red de alcantarillado y asfaltado, “ahora es una zona vip, y eso me encanta”. Aunque suene extraña esta expresión, no le falta razón, ya que muchos jóvenes se han hecho su casa a la medida de sus necesidades y tienen alrededor todo lo que pueden necesitar.
“Más comercio y aparcamientos”
Para los cimientos, que se abrieron a pico y pala, traían piedra de la Bardena en camiones. Las viviendas, de planta baja constaban de cuatro habitaciones, cocina, aseo y corral y se construyeron en grupos de 20 entre las calles Sobellanas, Mayoral de Campos, Zahorí y Río de la Fuente. El 21 de junio de 1954, con una misa en el que hizo de altar la ventana de una de las viviendas, se realizó la inauguración de estas 80 viviendas. Casi inmediatamente terminaron otras 110, había quien recordaba “tuve que hacer 10 casas hasta que me dieron la mía”.
Charo López, una vizcaína que vivía en Llodio y que hace 31 años aterrizó en Tudela “tuve que venir de la noche a la mañana. Me dio pena, se quedó mi madre y un hijo, la otra hija vino con nosotros. Al principio me sentí un poco sola y lo pasé mal, no conocía a nadie. Salía a la calle y decía ‘qué hago aquí’. Tuve suerte, me coloqué pronto y me puse a trabajar. He estado todo este tiempo trabajando de pescatera. El Centro de Mujeres me ayudó a integrarme y he colaborado en todo lo que he podido. La verdad es que estoy muy a gusto. Echo en falta algo más de comercio, también una solución para el aparcamiento y algo más de control para los jóvenes que juegan aquí en la plaza. Necesitan un lugar para reunirse”.
Quien cierra la charla es Nelly Petronela, la húngara, tal y como ella se presenta, y su acento la delata. Nelly lleva viviendo desde 2011 en Tudela , “fui conociendo poco a poco a las mujeres de la asociación y entré también a colaborar en el Centro Lasa y en el Ropero. Estoy contenta con ellas y ellas conmigo. Tengo fallos en mi vocabulario pero mi orgullo es más importante”, dice con ese acento musical. Nelly, que se dedica a limpiar casas gracias al “boca a boca” tiene 4 hijos y su marido trabaja en Guardian, “desde que he venido no he tenido ningún problema. Nunca he tenido discriminación. El Centro de Mujeres ayuda mucho, no puedo entrar todavía en los jubilados pero creo que hay muchas actividades. Con mis mujeres puedo hablar, bailar…”.
Fefa Blanco, que ha hecho de maestra de ceremonias es una más del Barrio, pese a que nunca ha vivido en él, pero se declara enamorada de sus gentes y su historia, “me emociona escuchar a la gente, porque el hecho de recibir a los inmigrantes como se les recibe y estar con ellos es muy importante para esta sociedad. Que ellos digan que les hemos acogido, que están a gusto y felices y que tienen sensación de arraigo como para no quererse ir me llena de orgullo. El Barrio está creciendo, crecen sus comercios y estoy segura que dentro de muy poco el comercio de aquí va a ser la envidia de todo Tudela”.
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