El dolor articular es una de las molestias más frecuentes a partir de los 60 años y puede afectar de forma directa a la calidad de vida. Rodillas, caderas, manos o espalda son algunas de las zonas donde aparecen con más frecuencia la rigidez, inflamación o pérdida de movilidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos musculoesqueléticos, entre ellos la artrosis, afectan a cientos de millones de personas en todo el mundo y se encuentran entre las principales causas de discapacidad en mayores de 60 años.

Aunque el desgaste articular forma parte del proceso de envejecimiento, los especialistas coinciden en que el estilo de vida influye de forma decisiva en la intensidad de los síntomas y en la evolución del dolor.

Mantenerse en movimiento, incluso con molestias

Uno de los consejos más repetidos por los profesionales es evitar el sedentarismo. La OMS recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada en adultos mayores, ya que el movimiento ayuda a mantener la movilidad articular y reducir la rigidez.

Actividades como caminar, nadar o realizar ejercicios suaves de movilidad pueden mejorar la flexibilidad sin sobrecargar las articulaciones. El reposo prolongado, en cambio, puede aumentar la sensación de rigidez y empeorar el dolor.

Pareja da un paseo por una zona verde. Magnific

El papel del peso corporal

El peso corporal influye directamente en la carga que soportan las articulaciones, especialmente en rodillas y caderas. Diversos estudios clínicos han demostrado que una reducción incluso moderada del peso puede disminuir significativamente el dolor en personas con artrosis de rodilla.

Mantener una alimentación equilibrada y un estilo de vida activo ayuda a reducir la presión mecánica y a mejorar la función articular.

Calor, frío y alivio del dolor

Las terapias de calor y frío se utilizan con frecuencia como apoyo para aliviar el dolor articular. El calor favorece la relajación muscular y la circulación, mientras que el frío puede ayudar a reducir la inflamación en episodios agudos.

Estos recursos no sustituyen el tratamiento médico, pero pueden contribuir a mejorar el bienestar diario.

Mujer aplica hielo en la rodilla. Magnific

Importancia de la postura en la vida diaria

La postura corporal influye más de lo que parece en la salud articular. Permanecer mucho tiempo en la misma posición puede aumentar la carga sobre determinadas articulaciones, especialmente en la espalda y las rodillas.

Pequeños cambios en el día a día, como ajustar la altura de las sillas o evitar encorvarse, ayudan a reducir la sobrecarga.

Alimentación y salud articular

La alimentación también desempeña un papel relevante. Una dieta rica en frutas, verduras y grasas saludables contribuye a reducir procesos inflamatorios. En este sentido, la Fundación Española de Reumatología destaca la importancia de mantener un patrón alimentario equilibrado como apoyo en el manejo de enfermedades articulares crónicas.

La dieta mediterránea, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2013, es la más recomendada como modelo de alimentación saludable. Se basa en el consumo habitual de aceite de oliva, pescado azul, legumbres, frutos secos, cereales integrales y una alta presencia de frutas y verduras frescas. Este patrón alimentario, además de ser equilibrado y variado, se asocia a un mejor estado de salud general y puede contribuir al bienestar articular dentro de un estilo de vida saludable.

Ensalada de tomate, queso y aceitunas con aceite de oliva virgen extra. Magnific

Escuchar al cuerpo y adaptar el ritmo

Aprender a escuchar las señales del cuerpo es clave. Forzar el movimiento puede empeorar los síntomas, mientras que alternar actividad y descanso ayuda a mantener el equilibrio.

El descanso y el sueño también influyen

El descanso nocturno es otro factor clave en la percepción del dolor articular. Dormir mal puede aumentar la sensibilidad al dolor y hacer que las molestias se perciban con mayor intensidad al día siguiente. Por el contrario, un sueño reparador ayuda a mejorar la recuperación muscular y a reducir la rigidez matutina, especialmente en personas con problemas articulares crónicos.

Mantener horarios regulares, cuidar la postura al dormir y evitar interrupciones frecuentes del sueño son hábitos que pueden contribuir a un mejor bienestar general.