eN el programa de Espejo Público de hace unos días una mamá de un niño con autismo, Azucena Ortega, pedía inclusión para su hijo con autismo en una entrevista en directo que le hacía la presentadora, Susana Griso. El doctor José Carlos Fuertes Rocañín, psiquiatra ignorante, caduco y desgraciadamente en activo, respondió también en directo a Azucena, diciendo que los niños con autismo no son normales y que el autismo es una enfermedad mental, amén de tratar de forma despectiva y prepotente (la empatía se inventó antes de que este señor naciera, aunque el pobre se perdió esa asignatura en la carrera) a una madre que lucha cada minuto por integrar a su hijo en esta sociedad y lograr que los niños neurotípicos vean la diversidad funcional con cariño y no con exclusión.

Yo no puedo entender cómo un psiquiatra, profesional de la salud mental, es capaz de llamar enfermedad mental al autismo. ¿Dónde estudió medicina? El TEA (Trastorno del Espectro Autista) no tiene un origen conocido (todavía), no existe un tratamiento médico, no hay dos personas iguales, el pronóstico es variable y el diagnóstico es más válido como instrumento que como diagnóstico definitivo. Y no es una enfermedad, sino una forma diferente de percibir la realidad, pero a su vez, esta percepción varía en función de la evolución gracias a las terapia con modelos de intervención entre lo conductual, el entrenamiento y el aprendizaje. Precisamente, estos días, se ha celebrado en San Sebastián el Imfar, Congreso Internacional de Autismo donde pueden ustedes encontrar excelentes profesionales de todo el mundo.

Es una pena que no educaran a este señor en la diversidad. Por eso no sabe que todos somos diferentes, con nuestras habilidades y con los mismos derechos. No se preocupe, aún está a tiempo de aprenderlo. Mire, yo como usted, tengo deseos y sueños: disfrutar una vida plena con todas las personas. Yo quiero una sociedad inclusiva en igualdad de oportunidades. Por ello lucho cada día. Yo digo que los niños con autismo son normales, es más, ellos y sus familias son más que normales. Son excepcionales.

Mi hijo se llama Mario, es super normal y sí, tiene autismo. Y cómo él, tantos otros niños (uno de cada 50 según el último estudio que nos ha llegado de Estados Unidos) tienen autismo, igual que otros peques tienen otras diversidades funcionales (unos corren bien, otros no, unos son super buenos en mates, otros en poesía?). Los niños son niños, no etiquetas andantes. Todos tienen cabida en este mundo y estoy totalmente de acuerdo con Azucena, esta mamá de Palencia que lucha por la inclusión de su hijo, los crueles y los que segregan son los adultos. Si todos los niños vieran desde pequeños la diversidad funcional como algo habitual, para ellos sería lo más normal del mundo.

Qué pena que un programa como Espejo Público cuente con colaboradores con microneurona desgastada. Señor Fuertes, le pedimos, por favor, que rectifique. O si no lo hace, que por favor no ponga trabas a los niños con autismo. Y por favor, váyase a su casa a regar las plantas y no vuelva hasta abrir los ojos a la sociedad inclusiva del siglo XXI.

Amaya Áriz Argaya

Presidenta de la Asociación Navarra de Autismo