Un descenso más en los Pirineos, en una zona conocida al detalle y con condiciones aparentemente favorables, estuvo a punto de terminar en tragedia el pasado 8 de enero. Ares Masip, ciclista subcampeona de España de enduro y habitual de la montaña invernal, practicaba esquí de travesía acompañada únicamente de su perro cuando una avalancha se desencadenó bajo sus esquís en el Cim de l’Hortell, en Andorra, a unos 2.400 metros de altitud.
El momento quedó registrado en vídeo y, lejos de buscar impacto, la deportista decidió compartirlo en Instagram con un objetivo muy concreto: explicar qué había sucedido y qué había fallado en su toma de decisiones. El resultado ha sido un fenómeno viral inesperado. En apenas unos días, la publicación ha superado el millón de ‘me gusta’ y acumula 20 millones de visualizaciones.
Un lugar conocido… y una falsa sensación de seguridad
En su testimonio —originalmente escrito en catalán— Masip, leridana y residente en Andorra, explica que el alud se produjo en una zona que conocía “perfectamente”. No era una bajada nueva ni excepcional. De hecho, esa misma pala la había descendido entre siete y ocho veces a lo largo del invierno, tres de ellas en los cinco días previos al accidente.
El Boletín de Peligro de Aludes (BPA) marcaba un riesgo entre 1 y 2, considerado bajo. Además, había huellas recientes de otros esquiadores, la orientación era nordeste y el itinerario discurría por una ladera con presencia de árboles, factores que, combinados, suelen transmitir una sensación de seguridad.
Ese día, además, la esquiadora no se encontraba especialmente motivada para una actividad exigente. Se levantó “algo espesa”, según relata, y optó por una salida corta y sencilla, pensada más para cansar a su perro y volver pronto a casa que para afrontar un reto deportivo.
Cuando el cerebro baja la guardia
Sin embargo, todos esos elementos —zona conocida, riesgo bajo, repetición reciente del itinerario y objetivo poco ambicioso— acabaron actuando como una trampa. Masip reconoce que cayó de lleno en lo que los expertos denominan trampa heurística: un sesgo mental que lleva a simplificar la realidad y a sobreestimar la seguridad cuando, objetivamente, el riesgo sigue presente.
“No es que las condiciones fueran seguras —explica—, es que parecían seguras”. La avalancha se desencadenó de forma repentina, sin apenas margen de reacción, recordándole de la manera más cruda que en la montaña no existen certezas absolutas.
De un susto a una lección compartida
Afortunadamente, el incidente quedó en un gran susto. La esquiadora pudo salir ilesa y regresar a casa, pero la experiencia dejó una huella profunda. Lejos de minimizar lo ocurrido, decidió hacerlo público como ejercicio de responsabilidad y aprendizaje personal.
“Hoy ha quedado en un susto y en una buena lección”, señala en su mensaje, con la esperanza de que su experiencia sirva a otros para no bajar la guardia precisamente en esos lugares que se consideran “de confianza”.
El impacto del vídeo ha superado cualquier previsión. Miles de comentarios de montañeros, guías y aficionados al esquí de travesía coinciden en subrayar el valor pedagógico del testimonio. En un contexto en el que cada invierno se registran accidentes por aludes en el Pirineo, el caso de Masip pone el foco en uno de los factores más peligrosos: el exceso de confianza.
La 'moraleja' es inequívoca, y explica en gran medida la repercusión alcanzada: el riesgo cero no existe. Ni siquiera en terrenos familiares ni en días aparentemente tranquilos ni cuando el boletín marca peligro bajo. La avalancha de Andorra deja una enseñanza que ya ha llegado a millones de internautas: en la montaña, el mayor peligro no siempre es la nieve… sino bajar la guardia.