El Club Atlético Osasuna se ha ejercitado esta mañana de domingo en Tajonar tras el encuentro de ayer en Girona. Como es habitual después de los partidos, el equipo ha trabajado dividido en dos grupos. Los futbolistas que más minutos jugaron han llevado a cabo trabajo regenerativo, mientras que el resto han hecho trabajo compensatorio.
Enzo Boyomo ha regresado a los entrenamientos con el equipo tras haberse encontrado concentrado con la selección de Camerún disputando la Copa África 2025 tras llegar a la eliminatoria de cuartos de final, en la que cayó eliminada el pasado viernes por la anfitriona Marruecos (0-2). En dos días, el central podría salir de inicio ante la Real, ya que viene descansado tras no haber contado apenas para su entrenador. Por su parte, Iker Benito ha proseguido con su proceso de recuperación de su lesión de rodilla. El portero del Subiza Ibai Arrasate ha completado la sesión con el primer equipo.
Durante la sesión, al técnico rojillo Alessio Lisci se le ha visto conversar con jugadores como Budimir y Moncayola, que vio la quinta amarilla ante el Girona y se perderá el próximo choque de Liga ante el Oviedo en El Sadar, una baja importante ante un rival directo por la permanencia.
Los rojillos se ejercitarán este lunes a puerta cerrada en Tajonar en la que será la última sesión de entrenamiento antes del partido de octavos de final ante la Real Sociedad (martes, 13 de enero, 21:00 horas, Anoeta).
Viajar sigue siendo una condena
Osasuna volvió a perder lejos de casa, fuera de El Sadar, en una nueva salida sin premio en Girona, prolongando así una racha a domicilio que sigue sin encontrar final y que mantiene a los de Alessio Lisci como los peores visitantes de la categoría.
Esta vez fue en Montilivi en un partido que dejó sensaciones encontradas. Los navarros pudieron merecer algo más por fases del encuentro, pero la cruda realidad volvió a golpearles: derrota por 1-0 y el casillero de puntos a domicilio que sigue exactamente igual.
Era la décima vez que Osasuna hacía las maletas esta temporada. Y, como tantas otras, lo hacía acompañado por la ilusión de su gente. La afición navarra creyó de verdad en la posibilidad de sumar por fin los tres primeros puntos lejos de El Sadar y le acompañó en Montilivi, más aún ante un rival que no atraviesa su mejor momento y al que los rojillos aventajaban en un punto en una tabla que empieza a comprimirse peligrosamente.
La primera parte volvió a alimentar esa esperanza. Buen tono, orden, presencia en campo rival y alguna ocasión clara, como la que tuvo Víctor Muñoz, que bien pudo cambiar el signo del partido. Pero la historia se repitió tras el descanso. El equipo fue perdiendo chispa, claridad y determinación, hasta el punto de no firmar ni un solo disparo entre los tres palos en los 90 minutos, un dato que resume a la perfección el apagón ofensivo.
Las oportunidades falladas (algunas sin siquiera encontrar portería) acabaron pasando factura. El Girona, sin brillar, supo golpear y proteger su ventaja ante un Osasuna que volvió a quedarse a medio camino, incapaz de sostener el nivel de la primera mitad ni de reaccionar cuando el marcador se puso cuesta arriba.
Con este resultado, Osasuna sigue siendo el peor visitante de los 20 equipos que componen la Primera División. Apenas dos puntos sumados en diez jornadas lejos de casa, los logrados ante Oviedo y Mallorca, es un bagaje muy pobre. Además, es el equipo que menos goles ha marcado a domicilio (3) y uno de los que más ha encajado (13), cifras que explican por sí solas el problema.
Con todo este escenario, Alessio Lisci deberá seguir trabajando para romper una dinámica que se resiste y que empieza a desesperar a una afición cansada de no sumar fuera. Y el calendario no da tregua: Oviedo el sábado, Rayo Vallecano el 24 de enero y, ya en febrero, Celta de Vigo y Elche.
Antes, toca cambiar el chip y centrarse en la Copa del Rey, con una nueva salida a San Sebastián para medirse a la Real Sociedad con el objetivo de alcanzar los cuartos de final.