Es más fácil explicar por qué te marcan un gol que encontrar palabras para entender por qué no lo ha marcado tu equipo. Hasta aquel golpeo mágico de Areso desde la esquina del campo, colando el balón en el marco del Getafe, daba pie a todo tipo de versiones. Sin embargo, cuando tratas de embocar la pelota desde una posición ventajosa y la echas fuera, ¿qué dices? Puedes culpar a un mal bote, al foco que te ha cegado, al mal aliento de un defensa o al fantasma aquél que dicen se aparecía en las porterías del campo del Levante. Ayer, el entrevistador de televisión le preguntaba a Budimir por las causas de esa alarmante falta de puntería que privó a Osasuna de sumar en Montilivi en un partido en el que los rojillos generaron más oportunidades –hasta 12 disparos– que el Girona.
El delantero, que nunca se esconde ni reparte culpas, asumió que es difícil no perder si ni siquiera eres capaz de chutar entre los tres palos; de hecho, Gazzaniga no llegó a intervenir en una sola ocasión y la única oportunidad en la que le superó el zapatazo de Rubén García, encontró el auxilio del larguero. Esto del fútbol, como todo el mundo sabe, va de hacer goles y, si es posible, siempre uno más que el contrincante. Osasuna llevó ayer la iniciativa en la mayor parte del encuentro, en la línea de crecimiento de las últimas jornadas. En la primera mitad, con una clara superioridad por la banda izquierda (Javi Galán es un magnífico fichaje), fabricó cinco jugadas que terminaron con remates, todos ellos desviados del objetivo. Sin embargo, en una acción individual de Álex Moreno, con poco espacio para centrar el balón, sortea las piernas de Rosier y Catena, y Vanat marca con un adorno de tacón, ganando el espacio a Herrando, en el último minuto. Un remate del Girona, un gol. Así de fácil.
En el segundo acto, casi el mismo guión. Mejor imagen de Osasuna que en anteriores compromisos fuera de casa pero idéntico resultado. Podemos aplaudir la tenacidad de los rojillos, su insistencia, la búsqueda de fórmulas para provocar el remate, pero lo que dicen las cifras (tampoco olvidemos que esto de la Liga va de sumar puntos) es que el equipo de Lisci solo ha cazado dos puntos como visitante en la primera vuelta y la producción de goles no ha pasado de tres. Culpa de los futbolistas y también del entrenador, aunque él no falle en los remates, pero su responsabilidad es elegir cómo se juega y quién juega. En este sentido, si hablamos de goles, Raúl García de Haro debería tener más minutos que los veinte que acostumbra a concederle el entrenador italiano.
Si ni Budimir puede explicar por qué no marcas un gol cuando lo difícil es mandar el balón lejos del arco una vez tras otra, el segundo misterio a resolver es cuáles son las causas por las que este equipo es improductivo como visitante. Porque el caso es que en los diez partidos lejos de Pamplona ha sufrido ocho derrotas, seis por la mínima y dos por 2-0, lo que habla de un equipo que no se derrumba en defensa, incómodo para el rival, con fundamentos para cubrir espacios pero, eso sí, con ninguna capacidad de respuesta para remontar. Y, también hay que apuntarlo, en esa situación de verse por detrás en el marcador, los suplentes que entran en el campo tampoco cambian las cosas.
El francés Thierry Henry, que algo sabía del oficio, dijo en cierta ocasión: “A veces, en el fútbol, tienes que marcar goles”. Ayer era una de esas veces, para entrar en la segunda vuelta con 20 o 22 puntos en la libreta de ahorro, para liberarse de la presión, para ampliar margen con la zona de descenso, para romper tendencias y también para ir a por todas en la Copa. Porque en ese torneo Osasuna gana fuera y los goles se le caen de las botas. A ver.