Vivimos tragándonos dos tipos de realidades:
Españoles en el mundo (y no me refiero solo al programa, sino al estilo): personas contando sus propias historias de éxito en primera persona para que lo sintamos más cercano y posible: emprendedores, nuevos talentos, vidas de lujo... Supuestamente, los medios dedican muchos esfuerzos a convencernos de que se puede.
Callejeros: una realidad oscura y deprimente que irónicamente anima al desánimo: crisis, paro, escándalos, corrupción, mentiras... Las noticias, que deberían ser objetivas, a la cabeza de este estilo de realidad. De por qué nos debería importar más que a Raimunda le hayan quitado la custodia de sus hijos (gritos, peleas y lloros incluidos) y no que Raimunda acabe de tener un niño sano y gordito, no sé la respuesta. Con todos mis respetos para Raimunda.
Podría parecer que nos dan una de cal y otra de arena, pero no. En el fondo ambos puntos de vista contribuyen a la desmotivación: por un lado, por lo inalcanzable de conseguir un sueño como uno de esos españoles en el mundo tan felices con trabajos maravillosos y, por otro, porque con las noticias tipo callejeros nos hacen creer que deberíamos sentirnos infinitamente afortunados si encontramos trabajo, sea cual sea, tal y como están las cosas.
Este último caso hace que, a la hora de desempolvar un CV, los que damos los primeros pasos en esto del mundo laboral lleguemos a olvidar el valor de nuestros estudios, los años empleados, nuestro esfuerzo y el dinero invertido para pasar a asumir que no vamos a encontrar trabajo de lo que queremos y que más vale ir bajando de las nubes y buscar trabajo de lo que sea (y si teniendo dos carreras nos llaman del Mercadona, con todo el respeto para los que trabajan allí, tendremos que estar agradecidos por tener trabajo... ¡y que se te ocurra quejarte, vamos!).
Personalmente, me invade una penuria tremebunda al escuchar a gente de mi edad acompañar todos sus malos augurios profesionales con un “tal y como están las cosas” o demás gilipolleces. Y digo gilipolleces porque ya son frases hechas en las que muchos se escudan para justificar la falta de resultados, en vez de cambiar de estrategia.
Ya se sabe, “si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo” o, peor aún, la falta de iniciativa. Por ser demasiado conscientes de una realidad que a menudo no nos afecta directamente, muchos se dan por vencidos antes de haber empezado por culpa del desánimo y desmotivación que han conseguido sembrar en nosotros.
También están muy bien todas esas frases de la autoayuda que tanto se lleva ahora de que cuando uno se cae tiene que volver a levantarse, pero para caerse hay que haber empezado a andar.
Una cosa es asumir que para alcanzar el trabajo de tus sueños tienes que ir poquito a poquito, pasar por cosas que probablemente no te gustan y empezar desde abajo, y otra dar por hecho que tal y como están las cosas, no vamos a conseguir nada más allá y que seremos unos ingenuos si tenemos sueños.
Están consiguiendo que lleguemos al punto de creernos que no somos capaces de conseguir lo que queremos y, lo que es aún peor, estamos empezando a ni siquiera intentarlo dando por hecho que no lo lograremos.